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De qué Caribe hablamos?
Felix Valdés García
Valdés García, Felix. De qué Caribe hablamos?. 2012. Vol.: 1. No.: 1, págs. 20
El área a tratar es el Caribe insular

¿De qué Caribe hablamos?

Por Milagros Martínez Reynosa y Felix Valdés García

Cátedra del Caribe de la universidad de La Habana

“El Caribe no existe”, fue la sentencia de un reconocido intelectual en una reunión de la cátedra que dedica sus esfuerzos al estudio de la región. La expresión dada como edicto, dejaba inquieto a todos los convocados en la sala. Se trataba de un desafío, una vez más, a reflexionar sobre un tema que viene y va, una y otra vez.

- “Cuando era niño se hablaba de las Antillas, y ello era comprendido por todos. Martí hablaba de las Antillas, como Hostos y Betances” –decía.

La denominación resulta nueva y tal vez una de las pocas en el mundo que al referirla, no sea posible abarcar una demarcación precisa. Para un barbadense común, es familiar relacionarse con otro westindian, al cual consideraría caribeño, no así a un haitiano o a un dominicano, mientras para un guadalupeño, la Caraïbe no va más allá de la Martinica y la Guyana francesa, que a cada instante le reafirman los medios masivos de comunicación y la perspectiva metropolitana.

Los cubanos poco se ven en nexo con el resto del Caribe, y sí con las Antillas hispanas. Norman Girvan recientemente reflexionaba en La Habana, cómo los caribeños anglófonos han desarrollado una conciencia de familia regional más amplia, mientras los cubanos se ven más próximos a los países continentales latinoamericanos, a las islas hispanas, quedando asociado lo de caribeño, más a la herencia africana, que la herencia de la Cuba española. Sin embargo, hay que hacer un viaje de conquista mutua de nuestra mismidad colectiva –afirmaba Girvan.[1]

Del mismo modo, cuando se pasa de la conciencia cotidiana, de los sentimientos de identidad, de pertenencia a una u otra ínsula, a constituirse objeto de estudio de una disciplina determinada, o de una perspectiva transdiciplinar, sus límites también son imprecisos. La idea del Caribe se construye y se completa, se le agregan nuevos contenidos, que llegan también desde las emergencias de la política y la economía con sus visibles intereses. Una es la realidad cambiante y otra el concepto con su amplitud, su contenido y su devenir histórico, para el cual no se son suficientes ni la historia, ni la cultura, como tampoco la caprichosa geografía.

Sin dudas, para un grupo multidisciplinar, el Caribe y la delimitación de sus cotos, es invitación a un recorrido constante, que no pretende una sola opinión, y sí tantas aristas como diferentes son los ángulos desde los que se le mira. “De qué Caribe hablamos” es una cuestión que va y vuelve, para encontrar desacordes argumentos y una conjetura en curso, pues depende del ángulo, del “tiro de cámara”, de los intereses con los que se le mire. Un geógrafo va a pretender determinada precisión, mientras para un historiador no siempre será el mismo, como para quienes estudian sus manifestaciones culturales, la región se dilata en sus fronteras, o como escribe Graziella Pogolotti, se hace poroso, al mismo tiempo que frágil y vulnerable.[2] A la revisión de los diferentes modos de definir el Caribe, en dependencia del acercamiento geopolítico y de cada ciencia, se reflexionará en el presente texto, tangencial a los puntos de vistas diversos de especialistas cubanos, convocados al debate.[3]

Las referencias al génesis del término son frecuentes y se acumula una prolija literatura que descubre sus orígenes, su vínculo con el mar que le da nombre, con los habitantes originarios –míticos guerreros del área, hallados por Colón en su segundo viaje– como sus referencias en mapas y trazos, en los recuentos de la experiencia iniciada en 1492, que le convirtiera en escenario de las más cruentas contiendas modernas. Cada año, década o siglo, ha dado cuenta de configuraciones y reconfiguraciones primordiales de la región, que llegan hasta el presente, para dejarnos un área no tan amplia como intensa y un sitio siempre notorio en la geopolítica del hemisferio, en el enriquecimiento económico capitalista a lo largo de la historia, con expresiones culturales específicas.

Este espacio, dado en llamar “Caribe”, sobre todo en el siglo XX, fue en sus comienzos el Cipango aludido por Colón, o la entrada a la ruta comercial de las especias, para pasar a denominarse Indias Occidentales, las Antillas, y desde la última parte del siglo XVII, (en dependencia de la “frontera imperial” a la cual estaban sujetos los diferentes retazos suyo), su nombre fue traducido a las lenguas europeas: inglés, francés, holandés, y hasta alemán y sueco, e impuesto al reducido espacio, en una inusitada fragmentación y extrañamiento, una unidad hecha submarina, de la cual aun no se salva, en esta especie tan denostada de balcanización .

Antonio Gaztambide-Geigel autor de un intento por definir al Caribe y resumir los modos de delimitar sus contornos, afirma que en la cartografía de la región no siempre se le denominó así. Y se pregunta:

“¿Desde cuándo se llamó Caribe a ese mar delimitado por las Antillas, Centroamérica y parte de la costa norte de Suramérica? ¿Cuándo pasó el nombre Caribe del mar a la geografía imprecisa de algunas o todas las masas de tierra que lo rodean?” [4]

Por ello, el autor de tan visitado texto asevera que las palabras, como todo lo humano, siempre están cargadas de historias, así como los conceptos y, por lo tanto, de ideologías y de discursos, también de imaginarios. Y se responde:

“No. No siempre se ha llamado Caribe ese mar al sur de las Antillas Mayores; no, no hace mucho tiempo que llamamos Caribe a las Antillas, menísimos a parte de las masas de tierra continentales. En tanto denominación de una región geográfica, el Caribe es un invento del Siglo XX”.  Y, “¿cuál es la utilidad de todo esto? … ¿Por qué esta disquisición sobre la invención del Caribe en el Siglo XX?[5]

Son frecuentes las menciones a la invención del término, la idea del Caribe, un concepto que incluye una realidad, un sitio que trama sus bordes, más allá de los antecedentes, y en el cual se difiere en dependencia del acercamiento más apegado o no, a una perspectiva disciplinar o un interés particular, de tipo geopolítico, económico, como cultural. Sin embargo, las miradas disciplinares generalmente mellan sus perfiles al entrar en el Caribe. Tal vez resulte demasiado estrecha o extensa el área, así como insuficientes los tradicionales modos de las ciencias para estudiar esta realidad.

Los presupuestos en los que se basa el saber disciplinar se resisten y se reclama una episteme enraizada en sus entornos, un modo de “indisciplinar” los saberes en la región, más allá de lo “traído” del mundo euro-occidental. Así ha sido reclamado tanto por José Martí cuando creía ver el nacimiento de nuevo hombre que dejara de ser esa máscara, “con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España”,[6] como por Fernando Ortiz, quien fuera criticado por escribir su memorable Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, una obra que resultara difícil de encajar dentro de una disciplina, según la perspectiva académica tradicional y dejara un modo peculiar de acercarse y conocerle. Así son también los cuestionamientos críticos de Aimé Césaire, Frantz Fanon, en torno a la perspectiva dominante, para entender tanto la ciencia misma como la realidad, o más reciente aun, el grupo New World,[7] el cual prefería caribeñizar nuestro saber ante la “carencia de las certezas metropolitanas”, lo cual exigía una especie de “soberanía epistémica”, una “decolonización epistémica” –como refiere Norman Girvan[8], para lograr visibilizar y estudiar los complejos fenómenos y procesos regionales, con otros ojos y otras miradas.

Una de las disciplinas de apreciable desarrollo es la historia. Ella ha descrito las diferentes etapas transitadas por la región, reafirmando la idea de que esta no siempre ha sido la misma. En cada tiempo, y en dependencia de la ocupación de sus espacios, ha habido diferentes Caribes, así como se han distinguido diferentes mundos dentro de las pequeñas islas y espacios continentales.

Con anterioridad a la llegada de Colón, las islas eran un mundo dominado por arahuacos y caribes, pobladores que desde las profundidades del sur, habían arribado en diferentes momentos para asentarse en las islas mayores, mientras los guerreros caribes contendían en las ínsulas menores del arco oriental, justo cuando las naves españolas soltaban amarras en Palos de Moguer.[9] Con la colonización de La Española y el “descubrimiento” de la región insular, seguido por la conquista y colonización de México y Perú, los apetitos de los enemigos de España hicieron poblar los mares verdeazules de corsarios y piratas de distintas banderas. De ello surge el sistema de flotas y se crea un área unida por el mar con una constelación de puertos, bodegas, fuertes y murallas, orientadas “a la marina”, que enlazaban tanto a las islas como a las regiones continentales: a Veracruz, Portobleo, Maracaibo y la Guaira, con Santo Domingo, San Juan, La Habana, Santiago de Cuba. Este es un Caribe diferente.

El siglo XVI es de trasiego comercial español, como de abandono y vacío de poder en las ínsulas descubiertas. Son momentos de asaltos y cañonazos que instaron en los años siguientes al traslado de fronteras enemigas hasta la entrada misma del dominio absoluto de España. Las pequeñas islas y regiones costeras fueron disputadas y se plantaron pica y estandartes ajenos, para dar inicio a una cruenta realidad de explotación esclava negra en las plantaciones que llenaban de azúcar, añil, tabaco, ron y productos tropicales las bodegas y cubiertas de los galeones que surcaban el atlántico y a las economías europeas de Inglaterra, Holanda y Francia, en el más calculado negocio capitalista. Durante los siglos XVIII y XIX, cambia su configuración y se pueblan las islas de sucesos horrendos y de rebeldía. Son las islas del azúcar, del esclavo y el mayoral, del barracón y el ingenio, la caña y el látigo. Ya en el siglo XX se adquiere otro aspecto. Es la época de predominio norteamericano, de migraciones asiáticas, de la revolución cubana y los ánimos de independencia en una región a la deriva. Entonces la historia prefigura otra hechura.

De modo tal que para la disciplina de la historia, el Caribe ha devenido una realidad que puja por nuevas formas su futuro. Decenas de historiadores han poblado de estudios que describen su mundo, más allá de aquellas narradas desde la perspectiva metropolitana. Historiadores como Eric Williams y Juan Bosch han dejado dos textos que trazan límites al Caribe, los cuales podrían ser considerados dos perspectivas, o dos posiciones que tipifican el modo de definirlo.

E. Williams se refiere básicamente a la región insular, al Caribe etno-histórico, sinónimo de Antillas y de las West Indies, de la tradición inicial hispana y anglófona. Como apunta Humberto García Muñiz, en su historia el autor se refiere a la región en un sentido británico, que abarca a las islas, las Guyanas y Belice y no en el sentido estadounidense de finales del siglo XIX y el XX que incluye a las repúblicas independientes de tierra firme que orillan en el Caribe.[10]

Juan Bosch, en su libro De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El Caribe frontera imperial (1970) –una historia  de la región que coincide en el tiempo con la Williams­– define los límites a los que refiere, señalando: “Por el norte y por el este, el Caribe queda separado del Atlántico por las Antillas” abarcando a las que se encuentran dentro como Jamaica y otras. También excluyendo a Bahamas, territorio que si bien fue el primero en ser topado por el colonizador, siempre fue abandonado y apartado de la constelación caribeña.

Bosch define que: “Las tierras del Caribe son, pues, las islas antillanas que van en forma de cadena desde el canal de Yucatán hasta el golfo de Paria; la tierra continental de Venezuela, Colombia, Panamá y Costa Rica, la de Nicaragua, Honduras, Guatemala, Belice y Yucatán, y todas las islas, los islotes y los cayos comprendidos dentro de esos límites”.[11] La delimitación del intelectual y político dominicano coincide con la mirada de la región posterior al 98, consolidada desde mediados del siglo XX, objeto de reflexión teórica y política en la tradición norteamericana. Para Bosch el Caribe es ese Gran Caribe.

Sin lugar a dudas, ello genera posiciones discordes. Fernado Ortiz en 1936, al tanto de las acotaciones norteamericanas de la región escribió:

“Modernamente la geografía humana –acaso ‘demasiado humana’– de los intereses norteamericanos, viene hablando de la Región del Caribe, comprendiendo a las islas Antillas y a todas las naciones continentales bañadas por el mar antillano, con excepción de Estados Unidos, o sea a México, las seis repúblicas de Centro América, Colombia y Venezuela. Pero no existe una unidad geográfica que pueda denominarse del Caribe, fuera de un agrupamiento artificial basado en la vecindad y en la economía extractiva de las diferentes porciones, las cuales están, por otros aspectos geográficos más distanciados. Sólo una cierta consideración económica de sabor imperialista, nacida en Estados Unidos, puede crear ese concepto de la Región del Caribe. Las Antillas sí constituyen una porción del Globo con personalidad esencialmente caracterizada e inconfundible, por ejemplo, con las de México o Colombia”.[12]

A su vez, el historiador cubano Manuel Moreno Fraginals dice:

“Para entendernos y no entrar en interminable discusión de qué es el Caribe… vamos a considerar como sociedades caribeñas las establecidas en las islas del arco antillano que va desde Cuba hasta las costas de Venezuela. En el continente, y por razones de desarrollo histórico, pueden considerarse como caribeñas las antigua Guayanas… hay una zona limítrofe que es y no es Caribe… Polemizar en torno a si estos puntos continentales pertenecen o no al Caribe, es tan ocioso como discutir si la puerta a la calle de una casa debe incluirse en el estudio de la casa o de la calle”.[13]

El académico triniteño Lloyd Best, se ve precisado a definir qué entiende por Caribe ante los participantes de una reunión de westindians, organizado en 1966 en Montreal y dice:

“Cuando pensamos en el Caribe que tenemos en mente, se nos presenta un lienzo mucho más grande que el que normalmente se encuentra en la galería de la mente colonial. Desde luego, este incluye las Antillas –Mayores  y Menores– y a las Guyanas. Estos forman el corazón del sistema, el cual es propósito expreso nuestro, cambiarlo. Pero muchas veces el Caribe también incluye el litoral que rodea nuestro mar. Es cierto que se trata de una playa extensa. Y los contornos que pueden ser adoptados para marcar, siguen siendo –en un grado incómodo– una cuestión de gusto personal”.

Y continúa señalando:

“Sin embargo, nuestra elección de los límites no es, por este hecho, carente de fundamento. Entonces, lo que estamos tratando de abarcar dentro de nuestro esquema es el fundamento cultural, social, político y económico de la “plantación de azúcar”, una variante del pensamiento colonial. De ahí que a veces incluimos a Carolina y Caracas con Kingston y Chacachacare, Corentyne y Camagüey; Recife con Paramaribo, Puerto España con Pointe-a-Pitre; y a la Hondura Británica con Blanchisseuse y Barranquitas. [14]

Para Lloyd Best, economista, autor junto con la académica canadiense Kari Polanyi Levitt de la Teoría Económica de la Plantación, la delimitación del área se convertía en una necesidad. Al mismo tiempo una exigencia de su generación de jóvenes intelectuales, quienes enfrentaban la creación de la universidad de las Indias Occidentales y tomaban las riendas de la interpretación teórica de la región, tras la independencia de Gran Bretaña, animados a crear un nuevo mundo, que a la larga no dejó de ser un fenómeno del Caribe anglófono.

Norman Girvan, parte del Grupo New World, ha dicho: 

“...la noción de Caribe ha sido —y está siendo— continuamente redefinida y reinterpretada, en función del interés por ofrecer respuestas a las influencias externas y a los procesos internos. Una posición apropiada es sostener que no hay una definición “precisa” o consumada; el contenido depende más bien del contexto, pero ello debe especificarse con claridad cuando se emplee con propósitos descriptivos o analíticos... En el nivel cultural, la creciente importancia de la diáspora del Caribe insular hacia Norteamérica y Europa ha sido reconocida, así que el Caribe no es sólo multilingüe, también es trasnacional”.[15]

Con ello, Girvan da paso a considerar la diáspora caribeña, la existencia de esos pequeños bolsones caribeños en Londres, Miami, Toronto, Montreal, Ámsterdam o París, los cuales muchos consideran también parte del Caribe, como implican ampliar su definición, pues ello amplía los límites y se ensancha la región. El mapa cultural de estas ciudades se ha modificado por los ritmos y los sabores, los aromas y las creencias que los emigrantes insulares llevan consigo. The Notting Hill Carnival en Londres, la festividad de Caribana en las calles de Toronto, los barrios Little Havana en Miami o Washington Heights y Lozaida en Nueva York, son ejemplo de los alcances del rizoma caribeño, como afirmara el intelectual martiniqueño Edouard Glissant,[16] pues sin dudas, es un desplazamiento reconocible y numeroso, además de peculiar.

La geografía aparenta dar una definición más precisa. Como disciplina que se precia de la precisión, crea la impresión de crear imágenes frías, congeladas en mapas infalibles y a escalas exactas. Sin embargo, ella ha limitado sus espacios, siempre vinculada a la política, para hacer del área una región de fronteras movedizas en el tiempo. Tal vez ha sido la disciplina que más haya hecho ajuste de los lentes con los cuales se le mire.

Para Antonio Gaztambide, el concepto Caribe, de carácter histórico, es resultado de los móviles geopolíticos norteamericanos a partir de 1898, y arranca precisamente de la transición de la hegemonía europea a la estadounidense en la región,[17] cuando resultado de la política expansionista del vecino del norte, convierten al área en su mediterráneo o su traspatio,[18] para dar inicios a ese modo de ver y conceptualizar una cuenca, un Caribe, disímil de las herencias de mundos fragmentados dejadas por los “imperios” coloniales.

Socorro Ramírez, politóloga colombiana del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Colombia, considera que desde mediados de los años noventa se ha comenzado a denominar Gran Caribe a la amplia cuenca geográfica que va desde México hasta la Guyana Francesa y que comprende las islas, el istmo centroamericano y los países continentales de Sudamérica que tienen costa sobre este mar.[19] Esta denominación, considera la autora, no incluye a las costas estadounidenses y permite distinguir la región tanto del Caribe insular como de la denominada Cuenca del Caribe, que para la perspectiva estadounidense, tiene un claro sesgo ideológico.

La autora refiere el tiempo en que se crea la Asociación de Estados del Caribe (AEC), un organismo regional que pretende fortalecer e integrar a los países de la cuenca del mar Caribe, para crear un espacio económico común, preservar el mar y promover el desarrollo sustentable de sus miembros. Fue creado el 24 de julio de 1994 en Cartagena de Indias, Colombia, y lo integran la mayoría de los Estados centroamericanos, sudamericanos e insulares, bañados por el mar que le da nombre a la región, a excepción del sur de los Estados Unidos y algunas dependencias coloniales. Un gran número de islas francófonas y holandesas son miembros asociados.

La idea de conformar un Gran Caribe surge en el momento histórico creado por los vacíos en la región, dejados por la transformación del antiguo colonialismo y por la desaparición del significado geopolítico que, a lo largo de la Guerra Fría, le dieron especial importancia al Caribe insular y a Centroamérica, respectivamente. De manera positiva, considera el estudioso colombiano Rodríguez Flores en su blogg de Internet, ello obedece a dos imperativos que determinan las posibilidades actuales y futuras de las islas, el istmo y también de los países costeros: los procesos de globalización en curso y la presencia hegemónica de los Estados Unidos.[20]

Por ello se evidencia de lo expuesto que en la definición del Caribe, hecho objeto de estudio académico, hay que ir más allá de la geografía y la historia, a la geopolítica, a la geohistoria, de modo tal que sea permitido ampliar la definición en dependencia de los intereses, como de realidades que existen fuera de ese mar semicerrado, de ese espacio, como es el caso de ciudades como Panamá ubicada en el Pacífico o de Veracruz, en la costa del Golfo de México. Así podríamos comprender con mayor profundidad la región.

Es recurrente la pregunta en torno a si el Golfo de México pertenece al Caribe, al igual que el importante puerto de Veracruz, lo cual obliga a ir más allá de criterios geográfico. Y por la misma razón es frecuente escuchar la pertenencia o no de Nueva Orleáns –y por tanto del sur de los Estados Unidos, de la Florida– como otras piezas de ese rompecabezas del Caribe. Aplicar simples criterios geográficos en la búsqueda de los límites del Caribe produce una visión imprecisa e inexacta de la región. Por ello el lente de la cultura debe ser un criterio a la mano, pues esta región no son simples puntos en el mapa, o diferentes perlas ensartadas en un mismo collar.

Las disciplinas académicas como la historia, la geografía, la economía, la política, redefinen el espacio y el tiempo Caribe. A su vez, los estudios de la cultura y sus diversas manifestaciones amplían el horizonte. Generalmente se apunta a la presencia de diferentes raíces: europeas, africanas y asiáticas, que han generado un melting pot, ese ajiaco del cual hablaba Fernando Ortiz. Entonces la delimitación del Caribe tiende a ensancharse, más allá de la consideración de una abstracta geografía física.

Varios autores se han visto precisados de considerarlo desde el sur de los Estados Unidos hasta Brasil. Gabriel García Márquez, para quien esta región es centro de gravedad de lo increíble, dice que “en rigor, se extiende (por el norte) hasta el sur de los Estados Unidos, y por el sur hasta el Brasil” y advierte que no es un delirio expansionista, sino: “es que el Caribe no es sólo un área geográfica, como por supuesto lo creen los geógrafos, sino un área cultural muy homogénea”.[21]

Quince Duncan refiere a ese gran Caribe que “…es más que un mar”, pues desde el punto de vista cultural,

“es un área que se extiende desde New Orleáns en el norte hasta las Guyanas al sur del continente, incluyendo, de paso, a Veracruz, la Costa Atlántica de Centroamérica y la parte septentrional de Sudamérica, las Islas del Caribe y abarcando la totalidad de Belice y la mayor parte del istmo de Panamá”. Esta es una zona –dice, “con una vasta diversidad cultural, pero al mismo tiempo, los tradicionales lazos con las potencias coloniales de los siglos XVI y XVIII por una parte, y la presencia decisiva de la cultura africana, por otra, le han dado al Gran Caribe ciertas características que lo distinguen como un ente cultural con una identidad única”. [22]

Para Antonio Benítez Rojo, en La isla que se repite, el Caribe es un meta-archipiélago cultural, que carece de límites y de centro.

“Este archipiélago está integrado por un conjunto de islas y cada isla es la copia de una que se repite entre la desembocadura del Missisippi y la desembocadura del Amazonas. El archipiélago Caribe, dentro de su turbulencia historiográfica y su ruido etnológico y lingüístico, dentro de su generalizada inestabilidad de vértigo y huracán, pueden percibirse los contornos de una isla que se “repite a si misma”, desplegándose y bifurcándose hasta alcanzar todos los mares y tierras del globo, a la vez que dibuja mapas multidisciplinares de insospechados diseños”.[23]

De igual modo coincide con aquellos que llevan sus límites desde los Estados Unidos hasta la América del Sur.

“Si partimos de un criterio geográfico, el Caribe estaría comprendido por las Antillas Mayores y Menores, y por los territorios que bordean el Mar Caribe, quedando entonces excluidos aquellos que miran para el Golfo de México: así como las Bahamas, Barbados, Guayana, Cayenne y Surinam, naciones que generalmente son consideradas caribeñas. Por otra parte, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, que tomamos como naciones centroamericanas, quedarían incluidas como caribeñas, mientras que El Salvador no lo sería. Tampoco sería la Ciudad de Panamá, que da al Pacífico, aunque sí lo sería Colón, junto al lado caribeño del Canal. Si en vez de seguir el criterio geográfico seguimos uno socioeconómico, estudiar el Caribe en los términos de la Plantación América, es decir, las partes del continente americano donde se desarrolló una economía de plantación esclavista. No obstante, si uno fuera a seguir estrictamente este criterio, el Caribe incluiría, además de las Antillas, una gran parte de los Estados Unidos y el Brasil, así como las regiones costeras del norte de América del Sur y la franja occidental del antiguo Virreinato del Perú, la cual mira hacia el Pacífico”. [24]

Otros escritores proponen llevarlo hasta Ecuador, como el colombiano Oscar Collazos, quien dice que:

“…El Caribe se prolonga hasta el Ecuador y, exactamente, hasta la ciudad portuaria de Guayaquil…el Caribe entra por el Canal de Panamá, corre por toda la franja del Pacífico hacia el sur, salta por Buenaventura por lo villorrios del Cauca y de Nariño, llega al norte de Ecuador a las costas de Esmeralda y acaba por crear una estación provisoria y casi final en Guayaquil”[25]

Seguir las diferentes reflexiones dadas en lo que constituye un debate ilimitado desde diferentes perspectivas, amplía indudablemente la aproximación al Caribe, pues no existe una definición pura y exacta, como tampoco positiva ni tampoco única.

Todas estas perspectivas pueden continuar ampliando nuestro modo de verlo y estudiarlo. El profesor venezolano Andrés Bansart, se inquieta ante la misma formulación: “¿Cómo definir este Caribe? y considera que mejor no responder a estas preguntas para dejar a cada caribeño, a cada ser individual o colectivo, contestarlas (o ir respondiendo) desde sus YO y sus OTROS, desde sus ayer y sus ahoras, también desde sus proyectos de desarrollo.[26]

Recientemente la intelectual cubana Graziella Pogolotti dejaba como remate a este debate ciertas valoraciones que bien podrían ser corolario del presente análisis. La escritora afirmaba que el Caribe ha empezado a reconocerse a partir de una construcción cultural, como obra de poetas, narradores, pintores y músicos.

“Poco a poco, acá y allá, con las herramientas forjadas en la tradición occidental, empezaron a traducir en imágenes su entorno inmediato para forjarse una gran familia que saltó por encima de las barreras de la balcanización. La mirada de los escritores traspasó las fronteras coralinas de las islas”.

Graziella considera, que a ello se le suma la Academia que advirtiera un filón en el universo que estaba cobrando forma, para abrir cátedras en universidades, organizar congresos, tesis de doctorado, con el peligro de sus propios mecanismos internos que conducen a la forja de modelos, modas y escuelas de pensamiento que rehúyen la complejidad y no escapan a cierta visión inconscientemente folklorizante, “percibida como imagen congelada y no como fuente viva de creación popular”. Y afirma:

“Poroso entre las aguas del Atlántico y del Golfo de México, el arco antillano, entorno del Caribe, es frágil y vulnerable. Nunca hemos guerreado entre nosotros después de la colonización. Hemos sido, en cambio, campo propicio para dilucidar conflictos entre potencias situadas en Europa y Estados Unidos.

Y finaliza aseverando, que a pesar de tantas diferencias que parecen separarnos, nuestra voluntad de ser y resistir ha ido forjando una cultura con rasgos reconocibles. Y acertadamente apunta que: “No nos ha separado el odio, sino el insuficiente conocimiento mutuo”.

Sirva el presente esbozo al conocimiento de unos y otros, al quebranto de nuestras miras estrechas, así como sea pretexto para continuar esa inquietante búsqueda de nuestra realidad, “ese viaje de conquista mutua de nuestra mismidad colectiva” al que nos conminara Norman Girvan, de esta región que nos une y nos distingue.



[1] Ver Norman Girvan. “¿Está el Caribe más lejos de Cuba de lo que Cuba está del Caribe?”. En: http://www.normangirvan.info/girvan-caribbean-cuba

[2] Graziella Pogolotti. “¿Qué es el Caribe?” En: www.cubarte.cult.cu (Fecha: 2011-07-11) Fuente: CUBARTE.

[3] La Cátedra Honorífica de Estudios del Caribe de la Universidad de La Habana, fundada en diciembre de 2004, ha promovido el debate en torno a  la naturaleza del concepto Caribe, su amplitud y contenidos, convertido en objeto de estudio especialistas cubanos provenientes de la Politología, la Historia, la Geografía, la Filosofía y otras disciplinas, así como a reunido a escritores, estudiosos de la cultura y las artes. Han participado en los debates Graziella Pogolotti, Nancy Morejón, Roberto Fernández Retamar, Miguel Barnet, Yolanda Wood, Emilio Jorge Rodríguez, Aurelio Alonso, Luis Suárez Salazar, Tania García, Digna Castañeda, entre muchos otros reconocidos estudiosos. Un resumen de los diferentes puntos de vista son agrupado por Milagros Martínez Reinosa, coautora del presente texto, en [Título de la tesis]. También han formado parte de los debates, prestigiosos caribeñistas como Norman Girvan, Kith Ellis, Antón Alahar, Andrés Serbín, [el puertorriqueño,…].

[4] Antonio Gaztambide-Geigel. “La invención del Caribe a partir de 1898 (Las definiciones del Caribe, revisitadas)” Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Universidad de Puerto Rico, Río Piedras. Tomado de la versión digital de: Tierra firme, Caracas, Año 21 - Volumen XXI, Nº 82. Abril-Junio, 2003.

[5] Ídem.

[6] José Martí. Nuestra América, en: El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. Obras Completas, t. 6, La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1975, pp 15-23.

[7] El New World Group se conformó por estudiosos reunidos en la recién fundada Universidad de las West Indies, en el Caribe anglófono, motivados por las transformaciones en la vida política, económica e intelectual de la región que alcanzaba su independencia de la dominación colonial británica y se preguntaba por los modos, las vías de estudiar su mundo, alejado de los modos metropolitanos. Estaba integrado por economistas, historiadores, intelectuales de esta región. Crearon una revista del mismo nombre y tuvo recepción o “asociados” en Canadá y los Estados Unidos. Ver: The Thouhgt of New World. The Quest for Decolonization. Ian Randle Publishers. Kingston, 2010.

[8] Norman Girvan. “New World and its Critics” en: The Thouhgt of New World. Obra cit., pp. 8, 9, 16.

[9] Al estudio de los pueblos originarios de las islas, su conformación histórica y el desarrollo de sus comunidades, se dedican miembros de la Cátedra, entre quienes se destaca la investigadora Lohania Aruca Alonso, del “Aula de las expediciones, pueblos y culturas aborígenes del Caribe” de la Universidad de La Habana.

[10] García Muñiz Humberto. Introducción a De Colón a Castro: La historia del Caribe 1492-1969, de Eric Williams, una traducción al español de From Columbus to Castro: The History of the Caribbean, 1492-1969 (1970), publicada por el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, de México, (2009). Humberto García-Muñíz, actual Director del Instituto de Estudios del Caribe de la universidad de Puerto Rico, en Río Piedras, describe cómo se fue conformando la idea de Caribe en Eric Williams al estudiar el proyecto de integración caribeña del estadista triniteño. Según García-Muñiz, Williams estando en EUA en la década del cuarenta y al estar trabajando para organizaciones caribeñas [Comisión Anglo Americana del Caribe] tras haber concluido su tesis en Inglaterra, (publicada como Capitalismo y esclavitud, en 1944), comienza a hablar de una federación antillana y utiliza el vocablo Caribe que no incluye a los estados-nación que orillan con la región antillana. Aquí esboza una concepción del Caribe dirigida a influir a los políticos y funcionarios gubernamentales, los decision makers. También en su libro El negro en el Caribe, en 1942, amplió su definición de la región al incluir a todas las islas del archipiélago y a las Guayanas (hoy Guyana, Guayana Francesa y Surinam) y Honduras Británica (hoy Belice) “porque son similares en su economía al igual que en el carácter racial de su población”. [Eric Williams. The Negro in the Caribbean. Brooklyn, A&B Publishers, [1942] 1994, p. 1]. Esta definición del Caribe, según García-Muñiz, fue hasta hace varios años la más aceptada, utilizada por Sydney W. Mintz, Gordon K. Lewis. [Main Currents of Caribbean Thought: The Historical Evolution of Caribbean Society in its Ideological Aspects, 1492-1900. Baltimore, The Johns Hopkins University Press, 1983, pp. 1-16], y por Frank Moya Pons. Historia del Caribe: azúcar y plantaciones en el mundo atlántico. Santo Domingo, Editora Búho, 2008, p. 11.

[11] Juan Bosch. De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El Caribe frontera imperial (1970). García Miiz destaca la coincidencia de ambos Jefes de Estado, de dos islas de la región, quienes publican en el mismo año, dos historias, la una reducida al Caribe insular y la otra al Gran Caribe, sin que entre ambas como entre sus autores haya habido relación. Williams le dedicó extensas jornadas a su trabajo, desde su formación en Inglaterra hasta 1969, mientras Bosch escribiera una historia no para eruditos, en 18 meses, y sí con el marcado propósito de hacer funcionar su idea del caribe como frontera imperial.

[12] Fernando Ortiz. Et al., Geografía Universal: Antillas, Vol. XIX, bajo la dirección de P. Vidal de la Blache y L. Gallois. Barcelona, Montaner y Simón, S. A., 1936, pp. 10-11. (Citado por García Muñiz, Ob cit. p. 27).

[13] Moreno Fraginals, M. Orbita de Manuel Moreno Fraginals. La Habana: 2009, p. 168.

[14] Lloyd Best. “Independent Thought and Caribbean Freedom”. Ponencia presentada en la Conferencia de asuntos caribeños. Montreal, 1966.

[15] Norman Girvan. “Reinterpretar el Caribe”. Revista Mexicana del Caribe, Nro. 7, 2000.

[16] Glissant, Édouard. Introducción a una poética de lo diverso, Planeta, Barcelona, 2002.

[17] El Caribe según Antonio Gaztambide-Géigel en una invención posterior a 1898, resultado de la política expansionista de los Estados Unidos, basado en la doctrina Monroe. Con la Guerra Cubano-Hispano-Estado Unidense-Filipina se concretó esa afirmación de soberanía. El gobierno de Estados Unidos ocupó a Cuba y anexó, no sólo a Puerto Rico, Filipinas y Guam, sino a Hawaii. Tras este hecho histórico irrumpe en la construcción del canal de Panamá y la “ocupación” de este espacio estratégico es seguido, sin lapsos extensos de tiempo, por las ocupaciones militares de Nicaragua ( 1909 a 1925, 1927-1933), las de Haití ( 1915 a 1934) y de la República Dominicana ( 1916 a 1924), así como la compra de las Islas Vírgenes danesas en 1916, la ocupación del puerto mexicano de Veracruz en 1914, entre otras acciones en la región.

[18] José Martí, advertido del peligro expansionista del país del norte, antes de morir, en una carta a su amigo Manuel Mercado, hacía notar el desprecio del “Norte revuelto y brutal” previniendo: “Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas”. El archipiélago constituía un muro de contención contra el expansionismo estadounidense y por ello testaba: “ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber [...] de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”. [Martí, J. Carta a Manuel Mercado. Obras Completas. La Habana: Ciencias Sociales, 1975. t. 4, p. 168].

[19] Socorro Ramírez.“El Gran Caribe: ¿estrategias aisladas, opuestas o convergentes? <http://www.virtual.unal.edu.co/cursos/sedes/sanandres/uv00001/lecciones/mod01/cap02/caribecolombiano.html>

[20] Rodríguez Florez “Región y contexto Caribe” Documentos de l Cátedra Universidad de Magdalena  (Revisado el 31 de enero de 2012 en: <http://rodriguezflorez.wordpress.com/>)

[21] Gabriel García Márquez. “Fantasía y creación artística en América Latina y el Caribe”, en:
Voces. Arte y literatura. San Francisco, California. Marzo de 1998. Número 2.

[22] Quince Duncan “El Gran Caribe: Naturaleza y Cultura como conceptos dinámicos” Traducción Libre del Documento Paz en los Océanos. Documentos Técnicos No. 41, 1997. Tomado de <http://www.virtual.unal.edu.co/cursos/sedes/sanandres/uv00001/lecciones/mod01/cap02/caribecolombiano.html>

[23] Antonio Benítez Rojo. La isla que se repite. Barcelona: Editorial Casiopea, 1998.

[24] Antonio Benítez Rojo. “Significación del ritmo en la estética caribeña”

[25] Oscar Collazos. Un Intruso del Pacífico. IV Seminario Internacional de Estudios del Caribe, 1999

[26] Andrés Banzart. “¿Identidad o identidades culturales en el Caribe?