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Identidades múltiples, diversidad plural y sentidos de vida: Referentes valorativos para el cambio civilizatorio
Georgina Alfonso González
Alfonso González, Georgina. "Identidades múltiples, diversidad plural y sentidos de vida: Referentes valorativos para el cambio civilizatorio". En: Pensar la emancipación desde América Latina. Islas Canarias: Edición especial. 2010. págs. 0-0

“lo concreto, es  la síntesis de múltiples determinaciones, por lo tanto, unidad de lo diverso”

Carlos Marx, Introducción  a los Grundrisse, 1857

Las experiencias múltiples de luchas y resistencias de los movimientos sociales en América Latina,  la llegada al poder de fuerzas de izquierdas y las estrategias de integración como alternativa a la neocolonización del continente pretendida por Estados Unidos ponen como tema permanente de debate práctico y teórico la cuestión de los referentes teóricos, valorativos y simbólicos de las  luchas por la emancipación humana. La necesidad de avanzar hacia alternativas emancipatorias capaces de enfrentar el sistema de dominación múltiple del capitalismo plantea nuevos desafíos a las fuerzas revolucionarias para construir colectivamente los referentes del cambio con todas y todos los que apuestan por otro mundo posible.

La  reflexión sobre la emancipación humana contiene, hoy, una pluralidad de acciones, modos de actuar no jerárquicos, confluencias de identidades y organizaciones y movimientos diversos que emergen desde las prácticas cotidianas. En esta cotidianidad se articulan los intereses y valores, identitarios y diversos, que se enfrentan a la visión tecnocrática y excluyente de la sociedad, a la homogeneización de los seres humanos, a la intolerancia cultural, a la simplificación del mundo y la vida humana impuesta por la dominación capitalista,.

Los relatos legitimadores del capitalismo global recuperan el discurso liberal sobre la identidad y la diversidad para promover las estrategias ideológicas y políticas de la globalización neoliberal. La naturalización de las diferencias y desigualdades sociales, el predominio absoluto de los valores del mercado y la imposibilidad de alternativas al orden capitalista son los argumentos teóricos-metodológicos que justifican a la sociedad capitalista, explotadora, excluyente, patriarcal y depredadora del ser humano y la naturaleza, que se presenta como la “sociedad perfecta”.

El proceso de reacomodo de la ideología capitalista en las nuevas circunstancias es desigual e incluso con signos diferentes para las naciones y para las diferentes clases sociales. El despliegue capitalista tiende a desestructurar las identidades, fundamentalmente en los trabajadores y sectores populares, mientras consolida la de los intereses del bloque de poder en políticas públicas. Se produce, en consecuencia, una pérdida o mutación de identidad en los sectores pobres, los trabajadores, los sindicatos, al tiempo que se consolida la de los ricos, los capitalistas y las empresas privadas. Nos encontramos ante un nuevo intento del capitalismo de lograr la reproducción ampliada y la existencia social sin que la fuerza de trabajo devenga clase obrera, sujeto social alternativo, sino individuos.

La desestructuración de la fuerza de trabajo y los sujetos sociales en una suma de individuos es una condición económica que necesita de una condición política.  Con esto se garantiza la fragmentación de cualquier posibilidad de unidad de intereses y sentidos dentro de los trabajadores y se aleja cualquier intento de reagrupamiento social. La conjugación de opresión, explotación y pobreza sintetiza un tipo de dominación que es al mismo tiempo, dominación de clase, de género, de raza y etnia. Esto determina una pluralidad de referentes a la hora de definir la identidad en la cual hay que enfatizar el criterio de opresión y explotación, para no caer en la trampa de reproducir una identidad vaciada de conflictividad y construida artificialmente para ocultar la real.

La metamorfosis de las formas de dominación capitalista, lejos de destruirlo, crea sus propias alternativas de superación lo que hace que las resistencias y luchas contestatarias al capital tengan que ser más sólidas y preparadas para enfrentar los mecanismos de destrucción capitalistas. En esta lucha, la diversidad es la clave de la unidad y la articulación sociopolítica para lograr la transfiguración histórica del capitalismo porque integra el bagaje teórico y práctico, los conocimientos, los valores, los sueños y las experiencias de vida de hombres y mujeres que intentan de diversos modos transformar el poder exclusivista y hegemónico del capital.

“En un mundo escindido por el racismo, la discriminación y la exclusión, la afirmación de la identidad y la diversidad apela al despliegue de un proceso de concientización de que el racismo no es un problema de afrodescendientes, ni un trauma innato de los pueblos indígenas; que la xenofobia no es una inadaptación de quienes emigran y que la intolerancia no es aquella de los grupos "minoritarios", que se atreven a tener sus propios valores, modos de vida y culturas, sino la de quienes, bajo criterios autoritarios, no admiten la existencia de un mundo diverso, con derechos iguales para todas y todos.”[1]

La identidad y la diversidad son fortalezas en las luchas y resistencias al  sistema de dominación capitalista. Es preciso desear, pensar y crear desde la diversidad generando espacios y procesos socioculturales y políticos que permitan compartir nuestras identidades. La propuesta de un futuro para todas y todos es sobre una cultura civilizatoria de nuevo tipo; prácticas, conocimientos y valores plurales que se unan por la  dignificación y emancipación de cada persona humana.

Este trabajo, forma parte del proyecto de investigación “Movimientos sociales y nuevos paradigmas emancipatorios en el siglo XXI. Diversidad, Identidad y Articulación en América Latina” y profundiza en los valores del proceso de construcción de la diversidad plural desde las múltiples identidades que conforman las alternativas emancipatorias en América Latina. Asumimos como tesis para el análisis que:

·                                La necesidad de articular la identidad y la diversidad en las prácticas contestatarias al sistema de dominación múltiple capitalista reanima en el pensamiento latinoamericano el debate sobre la emancipación humana

·                                La búsqueda y proyección de la diversidad desde la identidad es un referente ético y político en las alternativas emancipatorias.

Lo que hoy se plantea el sistema capitalista como estrategia de dominación no son meras cuestiones de propiedad y distribución, sino que incorpora, con más fuerza, la cuestión de la autodeterminación y la soberanía. Lo que supone tener el control de las posibilidades de vida humana e incluso de los modos de configurar la propia vida. De aquí la importancia y el interés manifiesto en participar y controlar el debate sobre identidad y diversidad.

La producción y reproducción de un mundo diverso implica el despliegue de una amplia revolución de pensamientos y prácticas de descolonización de los pueblos y de las mentalidades; de fortalecimiento de la autonomía, individual y colectiva; de liberación de las prisiones, reales y simbólicas y de justicia social. La construcción de la diversidad abarca todos los ámbitos de la vida social, pues luego de siglos de producción de una historia levantada sobre el sometimiento de las mayorías a los intereses de una minoría, el pensamiento plural y diverso,  se anuncia como el fruto de un proceso de refundación incluyente

Diversidad, identidad y alternativas emancipatorias

El modelo neoliberal implantado en América Latina legitimó la lógica del capitalismo, desde un discurso sobre la identidad y la diversidad con significados y símbolos que en la medida que se definían universales, flexibles, actuales, eficaces, funcionales individualizaban las relaciones sociales y exaltaban las identidades fragmentadas y restringidas a microespacios (gay, lesbianas, ecologistas, afrodescendientes, indígenas, etc). Este discurso se concibió global, avasallante, desestructuralizador y desmovilizador de las alternativas acentuando la exclusión cómo criterio de progreso, rasgo distintivo de la ideología liberal.[2]

La globalización neoliberal disolvió las identidades múltiples construidas colectivamente agudizando las desigualdades y las diferencias e implantando significados conductuales uniformes, poco o nada relacionados con las experiencias cotidianas y tradiciones de vidas de los pueblos. La descontextualización de los referentes culturales y la desconstrucción de las identidades se ocultan en la ideología globalizadora bajo la máscara de una nueva construcción valorativa multicultural y diversa. La jerarquización de las distintas formas de conocimiento; el acaparamiento del acceso y control del mismo por parte de las élites; la imposición de líneas de pensamiento legitimadoras de distintas cadenas de relaciones sociales, económicas y culturales excluyentes, son parte de la historia de explotación y dominación capitalista.

El pensamiento dominante bajo un discurso aparentemente cierto y universal coloca las banderas de libertad y justicia al centro, relegando lo considerado particular a la periferia, reproduciendo así el pensamiento hegemónico: excluyente, etnocentrista, racista y sexista que privatiza en manos de unos pocos el derecho de cada ser humano a la vida.

Las reflexiones sobre la identidad y la diversidad son constitutivas del pensamiento emancipatorio latinoamericano, aunque en ellas no siempre se han planteado de manera explícita el carácter relacional de estos conceptos. El debate actual sobre el tema revaloriza el carácter relacional e histórico de las identidades, destaca su naturaleza contradictoria e incorpora con fuerza la cuestión de los imaginarios populares. El reconocimiento a la diversidad convierte las generalizaciones abstractas y homogeneizantes acerca de las identidades en procesos reales, heterogéneos y de múltiples determinaciones. Se trata además de posiciones epistemológicas que sitúan en el centro de la reflexión el análisis de los actores sociales y sus prácticas para comprender la lógica de las relaciones de poder y las posibilidades de transformarlas.

Hoy, el reto para la filosofía crítica latinoamericana está en acompañar la posibilidad de transformar la realidad, respondiendo a interrogantes prácticas concretas: ¿Cómo traducir las acciones cotidianas de lucha y resistencia en estrategias anticapitalistas con un sentido de la vida solidario, internacionalista y humano?, ¿cómo convertir las demandas sociales en un programa de alcance ético, político, estético, jurídico? ¿Cómo unir a las personas, a los distintos grupos étnicos, raciales, generacionales, de géneros, de clases en función de objetivos sociales comunes respetando la dignidad y la identidad de cada cual?  ¿Dónde ubicar la categoría de pueblo en los procesos de construcción de las identidades nacionales y regionales?

A diferencia de otros momentos de nuestra historia continental, hoy el pensamiento filosófico  emancipatorios acompaña más los procesos de lucha de las alternativas populares que enfrentan al capitalismo. Por supuesto, que otras muchas preguntas están abiertas, pero esta unidad de teoría y práctica para la emancipación es renovadora y constituyen en sí un nuevo valor para la experiencia revolucionaria latinoamericana.[3]

Aunque no siempre el debate sobre la identidad y la diversidad recoge el acumulado ético y político de los procesos de articulación en las experiencias concretas de las organizaciones, movimientos y redes en sus luchas anticapitalistas, el tema se aborda desde la crítica a las estructuras de poder que imponen un modo único de pensar, actuar y desear; el enfrentamiento a los discursos teleológicos que intentan frenar la movilidad y los cambios sociales y la construcción de una nueva noción de dignidad humana y justicia social.

El fortalecimiento de un pensamiento crítico que acompañe  las expectativas y procesos de transformación de los sujetos sociales víctimas de las diversas formas de dominación vigentes estimula, también, la actividad reflexiva y valorativa de los propios actores sociales involucrados en diversas formas de protesta colectiva frente al orden neoliberal. La recuperación y ampliación del pensamiento crítico actual se asume desde el legado teórico y práctico de los movimientos sociales y políticos revolucionarios e inserta nuevos  referentes vinculados a las estrategias de luchas y resistencias desde lo cotidiano y lo posible, valores como: economía popular y solidaria, diversidad étnica, racial y sexual,  software libre, comercio justo, comunicación alternativa, salud sexual y reproductiva, resistencia al imperialismo y la integración regional. 

El ejercicio y fortalecimiento del pensamiento propio y crítico, resulta ahora más subversivos que nunca.  Las discusiones sobre los horizontes de las luchas sociales salen de los espacios académicos y conjugan las propuestas de cambio con la realidad y los propios actores sociales.

“… los esfuerzos por encontrar los nudos de entrelazamiento entre las relaciones de clases, de discriminación cultural cognitiva (que suele aparecer como científica), o civilizatoria (que suele aparecer como racial, o incluso religiosa o de género), apuntan hacia la aprehensión y reformulación teórica del universo concretos en el que se debaten las luchas emancipatorias, destacando las líneas centrales de sus elementos de complejidad, desde una perspectiva que remonta históricamente a sus orígenes genealógicos para encontrar las pistas de la institución de la diferencia como otredad interiorizada o criminalizada, de lo femenino como medio de imposición de un mestizaje que es signo viviente de la derrota de los vencidos y de las condiciones de explotación …que han marcado a los pueblos del mundo hasta nuestros días.”[4]

Son múltiples las perspectivas críticas que enfatizan las formas en las cuales el modo de producción capitalista se ha articulado de manera inseparable con la producción de conocimientos, símbolos, imágenes, discursos y formas de organización de la sociedad que legitiman las relaciones de dominación y explotación en los espacios de la vida social.  En este sentido la emancipación es más que la alternativa al poder establecido, es la construcción del sujeto, de hegemonia y de relaciones sociales desenajenantes. La creación de los referentes de sentidos para la emancipación desde la cotidianidad de los sujetos de la transformación es esencial para superar las formas tradicionales de dominación.

¿Qué encontramos en las reflexiones críticas sobre la diversidad desde las prácticas comunitarias?: desconocimiento de los objetivos del proyecto que convoca, ausencia de visiones estratégicas, falta transparencia en la toma de decisiones y el manejo de los recursos lo que debilita la confianza en el proceso revolucionario, se actúa con mucha inmediatez sin construir procesos fuertes desde abajo, se manifiestan actitudes sectarias y discriminatorias, existen prejuicios y tabúes que limita la comunicación interpersonal, la  diversidad no es un elemento constitutivo del accionar, se reproduce el verticalismo y el autoritarismo para trabajar y manipulamos la diversidad de actores

En las nuevas alternativas, la superación de las relaciones capitalistas demanda prácticas y construcciones sociales que eliminen progresivamente la estratificación social que agudiza el neoliberalismo y permitan crear márgenes de acción frente a los sujetos de poder hegemónico, teniendo en cuenta la creación de relaciones de autonomías, socialidad y articulación frente al poder. Estos nuevos desafíos emancipatorios plantean a la teoría revolucionaria pensar en las formas y métodos de luchas recuperando la experiencia histórica e involucrando la diversidad descuidada en nombre de la eficiencia de la lucha.[5]

La proyección de pensamiento crítico hacia la emancipación, habla de una nueva etapa del pensamiento y las prácticas alternativas de los movimientos y redes sociales, de más maduración y consolidación de sus referentes de lucha y concientización de sus potencialidades y capacidades emancipatorias. Aunque muchos movimientos sociales no logran convertirse e integrarse como fuerza social y a lo interno presentan conflictos de articulación y de legitimación para orientarse de manera eficiente hacia la totalidad social, ellos son la fuerza que está polarizando el mundo, construyen una conciencia colectiva y proyectan acciones a partir de un objetivo social común: cambiar el mundo para todas y todos. Cambiar los sentidos productivos y reproductivos de la vida, la lógica cultural civilizatoria, los sentidos simbólicos, discursivos, comunicacionales e informativos y las formas tradicionales de acceso y ejercicio del saber y el poder.

La estandarización y homogeneización del actuar y el pensar humano en las experiencias socialistas, desde un discurso sobre la emancipación,  reprodujo la enajenación humana en la producción, en la reproducción, en relación con la naturaleza, respecto a la propia persona humana y en sus vínculos con las demás.  La determinación mecánica de objetivos sociales al margen de los intereses, necesidades y valores de los sujetos sociales vació las nociones de responsabilidad y compromiso histórico

La visión tradicional de la izquierda sobre la emancipación económica y política en lo fundamental y a partir de ellas promover un cambio hacia las otras esferas de la vida sociocultural ha quedado sin fundamentos. La emancipación humana está condicionada por la abolición de la enajenación en su propia base: la existencia de la propiedad privada capitalista y la división social del trabajo. Este proceso de superación de la enajenación, abarca todas las esferas de la vida humana, comenzando por la vida cotidiana,  y requiere de acumulaciones paulatinas de orden material y espiritual.

En la actualidad, las fuerzas populares y revolucionarias del continente se están organizando con una perspectiva de la lucha y del proyecto de vida que parte de sus prácticas concretas y cotidianas, “alguna movilización para alguna conquista”.[6] La emancipación humana pasa por las acciones inmediatas que los seres humanos ejecutan para producir y reproducir sus vidas ya sea en los espacios públicos o privados. La articulación e integración del saber, hacer y desear en función de objetivos comunes para la transformación social es posible si se interpreta el contexto histórico en tiempo y espacio reales; se aprovechan y organizan, las fuerzas diversas  (saberes, culturas, prácticas contestatarias) que apoyan el proyecto y se incorporan al proceso de forma equitativa, cada vez más elementos, de distintas tendencias que coincidan en la acción y los objetivos revolucionarios.

Este acento en las prácticas cotidianas, no solo como espacio sino como accionar para crear y re-crear la vida, obliga a introducir nuevos significados en el proceso de construcción de proyectos alternativos al sistema dominante: tiempos y espacios equitativos, identidades múltiples,  diversidad, autogestión, autonomía, solidaridad, participación, mestizaje, democracia social, toma de decisiones y control popular, complementariedad.  Estos valores, entre otros, son expresión de las necesidades, intereses y deseos de los sujetos comprometidos con el cambio social y se traducen en conciencia valorativa, ideales y utopías. La transformación de la realidad exige, también, cambios en la conciencia, de manera que el pensar se haga subjetividad y praxis de los sujetos sociales.

La profundidad y la rapidez  con que se dan hoy las transformaciones sociales en medio de la mundialización del mercado, regido por las transnacionales, plantea retos al pensamiento y a las prácticas emancipatorias en, al menos, dos direcciones importantes. Una, la coherencia de pensamiento y acción en la articulación de la diversidad de fuerzas antiglobalización que emergen y actúan en territorios concretos y, otra, plantear los referentes de sentidos sobre los cuales se construyen y operan los cambios sociales. Ambas direcciones tributan hacia un nuevo paradigma civilizatorio que aumenta la posibilidad real de superación efectiva de la enajenación humana en las condiciones del capitalismo neoliberal globalizado.

Las formas múltiples de dominación del capital demanda pensar y hacer la emancipación desde sus múltiples determinaciones: económicas, políticas, socioculturales y ecológicas. Este modo de pensar y hacer la emancipación plantea nuevos significados en términos de construcción, socialización y participación colectiva “desde abajo” y un cambio revolucionario en el sentido y dirección del proyecto social en correspondencia con las necesidades, intereses y los deseos de realización individual y colectiva. El éxito del proyecto está en la definición de los objetivos sociales comunes con participación popular real, integrando y coordinando las fuerzas diversas que impulsan las nuevas alternativas.

La diversidad desde el respeto a la identidad

El Informe sobre Desarrollo Humano 2004 del PNUD, La libertad cultural en el mundo diverso de hoy  presenta a manera de síntesis el siguiente comentario:

“La democracia y el crecimiento equitativo no son suficientes para acoger las crecientes demandas de inclusión social y de respeto por la etnia, la religión y la lengua materna. También se requieren políticas multiculturales que reconozcan las diferencias, defiendan la diversidad y propicien la libertad cultural a fin de permitir que todos tengan la opción de comunicarse en su propia lengua, practicar su religión y participar en la formación de su cultura, es decir que todos tengamos la libertad de escoger quienes somos.”

¿Es la diversidad, la libertad de escoger quienes somos o el derecho a ser nosotros mismos?

La efectividad del discurso neoliberal y su realización en la práctica social latinoamericana reposa en la reproducción y multiplicación de la lógica cultural del capitalismo neoliberal. La descontextualización de los referentes culturales y la desconstrucción de las identidades se ocultan en la ideología globalizadora bajo la máscara de una nueva construcción valorativa multicultural y diversa. La dimensión valorativa de la globalización es omitida, con bastante frecuencia, en los debates teóricos y en las discusiones acerca de los modelos de economías para el desarrollo humano. Sin embargo, son más coherentes las propuestas culturales y valorativas de la globalización que aquellas dirigidas a aspectos económicos, políticos y de relaciones internacionales.  .

La pluralidad cultural o el multiculturalismo, de cierta manera, ha abierto espacios para la divulgación de las culturas no occidentales. Pero ha introducido una nueva sed de exotismo, portadora de un occidentalismo pasivo que se propone universalizar paradigmas condicionando las producciones espirituales del mundo periférico acorde con lo que se espera para el consumo de los centros. Se promueve, en consecuencia, una pluralidad jerárquicamente estructurada de acuerdo a los valores que se definen por las estrategias del mercado.

El proceso de diferenciación que se esconde tras la imagen del pluralismo cultural enfatiza y recalca las desigualdades estructurales, culturales e históricas de los países latinoamericanos. Y la aún insuficiente comunicación e integración existente entre ellos contrasta con la subalterna y dependiente conexión al mundo occidental.

La ideología capitalista explota al máximo la posibilidad de organizar estructuras jerárquicas idénticas para sujetos sociales diferentes sin considerar sus necesidades e intereses. La lógica sociocultural globalizadora se apoya en la capacidad económica del sistema capitalista. La homogeneización sociocultural que se impone como vía para afianzar el poder se disfraza axiológicamente y sustituyen valores o contrapone significados como verdad y tolerancia, unidad y pluralidad, democracia y competitividad, libertad e igualdad. La exuberancia cultural, la multifacética capacidad de expresión, la diversidad son contrarios a la uniformidad que induce la dinámica capitalista.

El relativismo es uno de los valores medulares de la cultura moderna impuesto al planeta con el proceso de expansión capitalista. Con el pretexto del multiculturalismo se promueve dicho valor para despojar las creaciones culturales de significados y sentidos histórico-concretos. Lo que ocurre realmente es la mediación de la cultura homogeneizada occidental entre las demás culturas. Nadie escapa de la lógica cultural transnacional hasta los pueblos más remotos son obligados a subordinar su organización económica y cultural a los mercados nacionales, que fueron convertidos en satélites de las transnacionales de acuerdo con la lógica globalizadora.[7]

En América Latina, la asunción de alternativas locales, nacionales y regionales supone hoy no sólo el enfrentamiento al dominio imperialista central, sino la revisión crítica de los proyectos alternativos desde una perspectiva de lo identitario y lo diverso  que despliegue una amplia revolución de sentidos y prácticas de descolonización de los pueblos y de las mentalidades, de fortalecimiento de la autonomía, individual y colectiva, de liberación de las prisiones, reales y simbólicas, de objetivos compartidos.

Identidad y diversidad latinoamericana, ecuménicas, abiertas, universales. La defensa a la identidad se sustenta en la necesidad de configurar los cimientos, diversos, múltiples, de una realidad tangible. La consolidación de una nacionalidad y una cultura propia que acompañen la articulación de un todo unitario exige determinadas realizaciones e impulsos materiales y espirituales. La construcción progresiva de la identidad nacional y cultural tiene como incentivos movilizadores el despertar de la conciencia nacional, la creencia en las posibilidades socio- histórico y cultural del pueblo, y las voluntades todas empeñadas en construir una totalidad no excluyente ni discriminatoria sobre referentes de significación humanos y universales concretos.

La identidad, planteada en términos de creación y recuperación material y espiritual, impide a los hombres y las mujeres resignarse a sus impuestas condiciones de vida; por ella, insisten en cambiarlas, y a ese fin infieren de lo dado lo posible, se imaginan por lo imperfecto lo perfecto, sueñan, especulan, inventan, aplican su voluntad a la naturaleza y al mundo. Frente a la homogeneización y fragmentación del mundo contemporáneo el abandono de la identidad recalca la incertidumbre y los titubeos de acción y reflexión. La incorporación consciente del sujeto a una totalidad integrada por lo que hay valioso en ella de naturaleza y sociedad  humana es un proceso histórico y cultural en el cual los hombres y las mujeres sienten que lo esencial no le es ajeno. La integración de los sujetos sociales a una totalidad es el modo de incorporarse en el todo mediante las semejanzas y estableciendo la armonía entre lo diferente.

Las prácticas de dominio, potenciadas en la civilización (y la barbarie) capitalista, han penetrado en la psiquis y la cultura humana. No de otra manera se explica la permanencia de patrones de prácticas racistas, sexistas y patriarcales autoritarias que irradian el tejido social, incluso bajo el manto de discursos pretendidamente democráticos o en las propias filas del movimiento anticapitalista. La preocupación por el tema del respeto a la diversidad no obedece a una moda, como ciertos discursos pretenden demostrar a partir de frecuentes intentos de carnavalización  y ridiculización del tema con fuertes intenciones ideológicas. Construir la unidad desde el conjunto de movimientos y fuerzas sociales que desafían al capitalismo neoliberal globalizado exige, sin duda alguna, el respeto a su diversidad.

Hoy el tan polémico debate sobre cómo asumir, respetar y desplegar la emergencia de la diversidad (sociocultural, étnico-racial, de género, etárea, de opciones sexuales, diferencias regionales, entre otras) como signo de fortaleza y como la propia expresión de la complejidad del sujeto social-popular en las dimensiones micro y macro social pasa por definir de partida dos posiciones contrapuestas esencialmente:

·                    El reconocimiento de las diferencias deviene punto de partida para aceptar la diversidad 

·                    La identidad es el punto de partida para aceptar la diversidad

Lo más frecuente en el debate es asumir las diferencias como punto de partida para aceptar la diversidad. Aceptar la diferencia resulta incuestionable, sin embargo, es difícil ser consecuentes con la idea de que la sociedad humana esta formada por todos y todas sus integrantes, y que, por tanto, todos y todas somos sujetos de derechos humanos con iguales aspiraciones al reconocimiento y aceptación de su identidad personal y al ejercicio de su derecho a participar en su mejoramiento y desarrollo humanos en los ámbitos personal, familiar, comunitario, local, regional y nacional.

El énfasis en la identidad como punto de partida para aceptar la diversidad supone definición de posiciones cognitivas, valorativas prácticas, ideopolíticas, entro otras, que a la vez que se personalizan van constituyendo también un referente de acción común. La elaboración y realización de los proyectos de vida individuales y sociales compartidos constituye un objetivo de primer orden en la conformación de la identidad. Este enfoque promueve interacciones y relaciones sociales basadas en el respeto mutuo, el razonamiento, la cooperación, la aportación constructiva y la coherencia ética, en el que se asume la persona en su totalidad como ser humano social. Se trata de invertir la lógica civilizatoria, crear una nueva cultura que incluya la diversidad a partir de las identidades.

Asumir la diversidad social  desde la identidad supone un proyecto de vida construido colectivamente donde cada cual tenga claro qué espera del proyecto y qué está dispuesto a aportar  al mismo. Pensar, hacer y desear juntos proyectos concretos, necesarios, posibles es un compromiso individual y colectivo que demanda conocimiento y confianza mutuos, superación de prejuicios, transparencia en la toma de decisiones y el manejo de los recursos, espacios equitativos y procedimientos claros para la participación de todas y todos.

Saberse, sentirse y hacerse uno con la totalidad no son más que formas graduales de llegar a ser uno con la comunidad humana. Los valores facilitan la articulación de los sujetos  con la totalidad. Una totalidad plural, dinámica, universal y concreta. La transformación de los hombres y las mujeres en sujetos sociales comprometidos y responsables es un proceso educativo y conciente de educación y que requiere de espacios educativos.

La educación liberadora no es un cuerpo educativo preparado especialmente para la “concientización de las masas”, la educación que se propone es una continua creación colectiva, que supone primero, el descubrimiento del mundo de la opresión y el compromiso con transformarlo desde las prácticas propias y segundo, una vez transformada la realidad opresora, la educación pasa a ser un proceso permanente de liberación.[8]

El diálogo crítico y claro que supone esta manera de educar debe ser abierto, sin temores a las preguntas, a la curiosidad, a los testimonios que son modos de buscar respuestas. Esto significa, desde el punto de vista educativo, desarrollar la capacidad valorativa de los educandos sobre la realidad en la que están inmersos. Es desde la práctica cotidiana de los sujetos sociales que empieza la educación en un plano integral y autotransformador. La educación para la emancipación lleva una mirada crítica y profunda hacia los valores que convocan las acciones de los proyectos sociales que defendemos. Se educa para encontrar un camino, para ser coherente con el proyecto de vida que construimos. [9]

El neoliberalismo se metió hasta en el subconsciente y la educación (familiar, escolar, comunitaria, comunicativa) se llenó de indicadores cuantitativos para medir su eficiencia no social sino mercantil. La educación que se promueve alternativa es de conocimientos pero también de creencias, mitos, valores, emociones, todas las expresiones de la subjetividad con las que se impulsan las prácticas emancipatorias. La propuestas educativas, impulsadas por los educadores populares y los teólogos de la liberación cuando muchos perdieron la utopía revolucionaria, asumieron la misión de formar, educar, guiar, capacitar y conducir desde la vida cotidiana, que era más de muerte, a las actuales generaciones que hoy forman los movimientos sociales y las fuerzas revolucionarias del continente.[10]

La educación con carácter popular y participativo es un componente esencial en las alternativas de emancipación. A partir de la crisis del ideal socialista y revolucionario en América Latina muchos descalificaron el papel de los valores éticos y políticos en la educación. Esto favoreció la corriente educativa neoliberal que desacreditaba la necesidad de una educación humanista, crítica y emancipatoria. [11]

Las propias prácticas educativas en función de conocer, estudiar y debatir las alternativas emancipatorias hacen que el debate cobre fuerza nuevamente y se oriente hacia la necesidad de reactualizar y resignificar los procesos educativos de acuerdo a los contextos nacionales, regionales y locales. El reto está ahora, en saber combinar coherentemente las diversas formas de saber, hacer y decir de los sujetos populares en las prácticas emancipatorias con las posibilidades reales de convertirlas en proyectos emancipatorios.

La diversidad plural se construye desde las identidades múltiples que expresan el derecho de cada persona a ser reconocido como ser humano. Desde esta perspectiva se visibilizan los procesos de construcción social de proyectos de vida individuales y sociales desde objetivos comunes, se promueve interacciones y relaciones sociales basadas en el respeto mutuo, la solidaridad, el cuidado y se fortalece la cultura de vida en sociedad.

Identidad y diversidad. Referentes éticos y políticos para el cambio revolucionario

La recomposición actual de las fuerzas alternativas al capitalismo demanda cambios en la concepción de la política, no solo para viabilizar el  dinamismo participativo del movimiento social sino porque la política comienza desde el momento en que el movimiento se plantea alcanzar demandas      reivindicativas. La política construye relaciones de poder y abarca todas las esferas de la vida social. La  relación entre el poder y la sociedad ocupa gran parte del debate sobre las alternativas emancipatorias latinoamericanas.

Los problemas de la democracia, la participación ciudadana, la delegación y el ejercicio del poder, la gestión y el control de los recursos entre otros, adquieren relevancia en el análisis crítico del filosofar a partir de la llegada al poder de gobiernos de izquierda impulsado por las luchas de los movimientos       sociales, redes y campañas contra el neoliberalismo y la nueva estrategia recolonizadota del gobierno norteamericano para la región.

Los efectos estructurales de la globalización capitalista ponen en tensión el papel de los individuos y tienden a uniformar los comportamientos colectivos que se explican sólo como expresión de intereses materiales. La ideología burguesa los simplifica como si se tratara únicamente de algo natural en función del lugar que se ocupa en el conjunto de las relaciones sociales. Se presentan los conflictos sociopolíticos como la alteración de la armonía y no como el resultado lógico de las contradicciones y antagonismos que encierra dicho sistema. Esto publicita un dinamismo social engañoso creando la ilusión de que el mejoramiento material y espiritual está al alcance de todos.

La discusión sobre la democracia plantea, a su vez,  el tema de la distribución de los espacios y tiempos sociales, no solo político, sino, económico, institucional, ideológico, educativo, familiar, comunicacional y las vías de acceso a la propiedad y el control de las riquezas sociales. Las formas activas de ciudadanía que vienen ensayándose desde la propia experiencia de los movimientos sociales parten de un nuevo significado de la política: “mandar obedeciendo”, ausente en las prácticas de izquierda con tanta verticalidad y representatividad formal y recuperado por los zapatistas para validar su alternativa revolucionaria anticapitalista.

La lucha por la ciudadanía sigue siendo un objetivo reivindicativo primordial y no pierde valor político por el  hecho cierto de que se mantienen dentro de la alienación política de la democracia formal. Nuevos valores emergen de las prácticas actuales de ejercicio del poder popular ampliando las propias y limitadas experiencias de ciudadanía  con nuevas prácticas de empoderamiento ciudadano.

“La democracia como fenómeno social no es un sistema independiente, es fruto de un tipo concreto de producción y de utilización del excedente cuyo contenido satisface determinados intereses sociales. Por eso, en esa relación, la democracia es política acotada por determinadas relaciones económicas y no puras vinculaciones intersubjetivas o un simple hecho cultural (aunque los comprenda). La mediatez de la democracia está en su relación con las posibilidades materiales de realización humana, con el derecho, que puede ser restringido o ampliado por determinadas relaciones intersubjetivas, pero delimitado y determinado por el contenido material que sólo brinda el desarrollo.”[12]

Lo novedoso del debate está no solo en la crítica a la democracia formal, sino en reconocer que si la democracia como valor de los proyectos emancipatorios no se asume en una perspectiva de enfrentamiento a las políticas globales y clasistas del capital, termina por convertirse en un nuevo discurso político. Hay un énfasis en no sustraerse de la tarea de exigir y luchar por la democracia desde una nueva política que trascienda las formalizaciones y método de construcción de la elite gobernante.

“Las manifestaciones de “desinterés” en la política por los nuevos movimientos sociales, más bien responde a un antídoto natural de preservación ante el veneno enajenante que emana la política en las condiciones actuales, ello representa un contrapeso necesario para su articulación con el movimiento político emancipatorio, un terreno de acercamientos y aproximaciones que deberán compartir en su elaboración. (…) queda claro, que en las condiciones actuales de América Latina sería un suicidio político no explorar y utilizar los espacios institucionales de lucha legal, cualesquiera sean las formas en que ellos existan. Sin embargo, si se limitan a esos espacios, si se centra lo fundamental de la actividad en esos espacios, se naufraga junto con la desmoralización de la política tradicional. En definitiva, cualquier cambio al sistema político existente tiene que adaptarse a los principios fundamentales de la dominación capitalista, de lo contrario tiene que romper radicalmente con ella. Hay que defender la idea del cambio social, luchar por él aunque parezca un absurdo, o navegar contracorriente.”[13]

La preocupación valorativa por la democracia (social-participativa) incorpora a la reflexión la recomposición unitaria de los sujetos sociales populares y en especial de los trabajadores, todas y todos, mediante su reconexión con la producción y reproducción de la vida cotidiana. La democracia pasa a ser un valor estratégico de los movimientos populares. Ella manifiesta un nivel de integración de la teoría y la práctica social en el análisis de los problemas valorativos concretos desde el conjunto de aspectos económicos, sociopolíticos, culturales y ecológicos inherentes a la sociedad global contemporánea.

Las prácticas alternativas de lucha y resistencia que enfrentan en la actualidad al capitalismo amplían la democracia hacia formas directas, horizontales y participativas de autogobierno, intentando no insertarse dentro de los espacios de poder tradicional sino construyendo espacios propios y manteniendo una  composición social heterogénea y equitativa en la organización de las estructuras de poder. Esto precisa una  reconstrucción de lo colectivo con sentido de totalidad social, un reencuentro con el universo cultural desde la espiritualidad y subjetividad popular y partir de las prácticas concretas y cotidianas.

Un valor que emerge con fuerza, es la solidaridad, no solo asociada  a las estrategias de protección y cuidado de los distintos grupos sociales dentro de la comunidad, sino como elemento movilizador y unificador  dentro de las alternativas anticapitalistas. La solidaridad es un significado que acompaña la resistencia y sobrevivencia, pero la trasciende y se convierte en forma de organización social y política. En el Primer Encuentro Internacional por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, el Subcomandante Marcos hace un llamado a la solidaridad y explica:

“Cuando el poder crea la bolsa del olvido en las comunidades indígenas, las comunidades indígenas convierten esa bolsa de olvido en bolsa de resistencia y empiezan a organizarse para sobrevivir de la única forma que podían sobrevivir, es decir, juntos, en colectivos. La única forma en que esta gente podía asegurarse seguir adelante era juntándose con el otro. Por eso la palabra junto, la palabra nosotros, la palabra unidos, la palabra colectivo marca la palabra compañeros. Es una parte fundamental, diría yo, la columna vertebral del discurso zapatista.”[14]

El capitalismo global hace que las alternativas sean globales y esta nueva conciencia de globalidad provoca una nueva actitud fraternal frente a la humanidad, tanto de índole individual, como de índole mundial en relación con todos los que sufren la dominación imperialista. La solidaridad y el internacionalismo son garantía de unidad sociopolítica y respeto a la diversidad desde las identidades de cada movimiento, pueblo o nación. Ellos reconstruyen el tejido social roto por el individualismo burgués, y recuperan el sentido colectivo del hacer cotidiano.

Son diversas las formas de emergencia del sujeto social en los procesos de cambios. Las formas activas de irrupción del sujeto social no son juegos formales ni planteos burocráticos, ellas obedecen a un conjunto de factores de estabilidad y conflicto sociohistóricos y culturales que se entrecruzan junto con la diversidad de género, clase, generaciones, razas y condicionan la modalidad, los alcance y eficacia de la participación de los sujetos sociales en el devenir cotidiano y con ello el sentido y la dirección del proceso de transformación social socialista.

El debate acerca de los sentidos éticos y políticos de las alternativas anticapitalistas, es un debate sobre los significados reales de las experiencias prácticas. Las interrogantes las pone el accionar de los sujetos que piensan, hacen y desean la emancipación ¿Cómo hacer más social la producción y la apropiación? ¿Cómo construir poderes compartidos que enfrenten la corrupción, la burocracia y el autoritarismo? ¿Cuáles son las formas más efectivas de democracia participativa y protagónica? ¿Qué proyecto nos convoca? ¿Quiénes son los sujetos revolucionarios?

La demanda política de estos tiempos está en recuperar la credibilidad en el socialismo como horizonte emancipatorio y proceso de transformación histórico-cultural, crítico y creador. Crítico de todas las formas de dominación capitalista, y también, de otras formas de dominación propias de las  experiencias históricas y el accionar cotidiano. Por su contenido anticapitalista, esta crítica tiene un fuerte contenido clasista, aunque en el debate, con frecuencia, se intenta pasar por encima de las agudas luchas de clases para hablar de un socialismo de bien común, un mundo colectivo de amor y solidaridad humana para el libre desarrollo de todos.[15]

Intentar hablar de emancipación sin la lucha de clases es ocultar que la explotación, discriminación, exclusión y depredación del capital se da no solo por la cosificación, objetivación, de la producción de objetos materiales sino de la subjetividad humana que está históricamente condicionada a  la creación de valores de cambio para el consumo. La manipulación de la subjetividad en función del mercado instrumentaliza todas las relaciones humanas intersubjetivas y las incorpora a sus mecanismos de poder convirtiéndose las mismas en reproductoras de más dominación capitalista.

“Para explotar es imprescindible desarrollar incesantemente la subjetividad, su sistema de necesidades, pero este desarrollo debe ser encarrilado por la vía exclusiva de la forma de mercancía. La modernización del capitalismo significa la profundización de la enajenación, pero a la vez el despliegue multilateral de su personalidad. Esto es una tensión constante entre el desarrollo multilateral de la subjetividad humana y por otra parte el intento denodado de eliminar la multilateralidad de este desarrollo, subsumirlo dentro de la universalización de la forma de mercancía y de producción de plusvalía.

En este sentido, reconstruir el pensamiento crítico es reencontrarse, armarse de los conceptos de explotación capitalista, de mercantilización y pensar el poder desde los conceptos nuevamente presentes de la teoría de la lucha de clases.”[16]

En las prácticas de luchas y resistencia contra el capitalismo los movimientos sociales, pueblos originarios y organizaciones comunales constituyen nuevos significados para la política: soberanía alimentaria, equilibrio ecológico, salud sexual y reproductiva, poder compartido, complementariedad. Estos valores son objetivos comunes de lucha, no solo para mejorar sus condiciones de vida sino para darle, también, un sentido humano, digno y  solidario. La educadora popular Claudia Korol, en el I Foro Social América, manifestó:

“Si entendemos las emancipación como una gigantesca batalla cultural de todos los explotados, oprimidos, excluidos, discriminados contra estos patrones homogeneizadores de la cultura occidental, que es un patrón preferentemente blanco, racista machista, homofóbico, xenófobo, si entendemos que luchamos contra la exclusión y contra todas las opresiones, tenemos que pensar en cómo desde esas prácticas que ya tienen un camino recorrido, se nutren el pensamiento crítico” [17]

 La lucha por la emancipación humana no es una imposición dogmática o verticalista de objetivos preestablecidos, de verdades y valores revelados, sino por el contrario es un inmenso accionar de creaciones, aportes, aprendizajes, errores y desgastes con una perspectiva estratégica desde lo cotidiano.

En este sentido el debate sobre la emancipación se desplaza hacia los modos de producir y reproducir la economía, la política, la ideología y la cultura.[18] Las experiencias socialistas en el siglo XX tuvieron como particularidad la identificación de la vida cotidiana con “vida privada” y por tanto, la subestimación y subordinación de ésta a la “vida pública”. Esto condujo a que en el espacio de lo cotidiano se mantuvieran y se aceptaran formas de dominación, explotación y discriminación (sexual, racial, etarias, de género) incompatibles con el ideal emancipador socialista que se proyectaba a nivel de toda la sociedad. Además, se establecieron “desde arriba” las formas concretas de involucrarse el individuo y la colectividad en esa “vida pública” y la dinámica social funcionó de manera verticalista, centralizada y por campañas de la que quedaban mayormente excluidas las soluciones a los problemas de la cotidianidad.[19] 

“El poder no es ya algo que se tiene o se pierde como si fuera un objeto, es algo que se hace, se hace con otros y con otras, tenemos poder cuando podemos hacer, y en este hacer tenemos poder cuando nuestras voces cuentan.  Si la revolución que emprendemos no discute cuáles son las voces que cuentan al discutir las estrategias y los objetivos, al participar de las construcciones teóricas sobre nuestras prácticas, y de los relatos que sobre los impactos de esas prácticas tienen en las comunidades, la revolución no solo se hace sin nosotras, sino que muchas veces pasa por nuestras vidas sin cambiarlas…”[20]

La necesidad de construir una socialización de nuevo tipo implica necesariamente un ejercicio del poder, en lo público y lo privado, con nuevas dimensiones éticas, estéticas, jurídicas, y una amplitud cultural renovadora.  La construcción, socialización y participación se plantea en la búsqueda de referentes desde las prácticas cotidianas de vida, resistencia y confrontación, no fabricados, sino extraídos de entre las fuerzas que promueven el cambio social. La necesidad de aprender nuevas capacidades para enfrentar la realidad de hoy pasa por recuperar la confianza en la posibilidad y necesidad histórica de la emancipación, desde nosotros mismos.

Esto habla de una necesaria coherencia entre el proyecto emancipatorio y los sujetos sociales protagonistas del proceso. El proyecto no es una planificación del futuro cerrada,  terminada  y válida para todos los tiempos y contextos, al margen de los procesos de luchas y de las construcciones reales de los pueblos. Es un proyecto que como modelo teórico social está en constante construcción, con aproximaciones y rectificaciones permanentes.

“Sujeto, poder y proyecto se interconstituyen articuladamente condicionándose y determinándose unos a otros. Construcción de proyecto, de poder y constitución del actor colectivo, resultan elementos estructuralmente interdependientes e interconstituyentes, cuyo eje vital se condensa sin duda en el actor colectivo en tanto actor sociopolítico, en su capacidad de construir poder, de definir un proyecto, y de dotarse de las herramientas políticas y organizativas que el proceso de transformación vaya reclamando para ello (autodeterminación).”[21]

Construir poder popular, es simultáneamente un proceso de construcción de saberes, valores, culturas, deseos, utopías. Estos procesos diversos son formas graduales de empoderamiento,  bases de la creación y creciente acumulación de un nuevo tipo de poder participativo y protagónico consciente. No es el nombre lo que define la cualidad del poder, sino el proceso diferente de pensarlo y hacerlo, la manera prolongada y ejemplar de dirigirlo, organizarlo, controlarlo y disfrutarlo. [22]

La fragmentación de la vida social es uno de los valores medulares de la modernidad capitalista, la dicotomización de los referentes cognoscitivos, valorativos, expresivos y discursivos obstaculizan la articulación y la coherencia para el accionar práctico. Sin embargo, la articulación y coherencia entre la práctica social, el conocimiento y el saber popular, la cultura y los valores se da solo desde procesos participativos que involucran activamente a los sujetos en la construcción de proyectos de vida compartidos. Los significados (éticos, políticos, jurídicos, estéticos, económicos, culturales y demás) de estos  proyectos, no aparecen ni se desarrollan de manera automática e independiente por sucesivas concientizaciones.

El sujeto de la emancipación es popular y plural, constituido por una multiplicidad de actores y no por la "multitud" o “la masa”, conceptos ambiguos y desmovilizadores. La clase obrera guarda un papel importante, pero compartido con los otros grupos sociales que enfrentan la dominación múltiple del capitalismo Se tratará de un sujeto en el sentido pleno de la palabra, incluyendo la subjetividad redescubierta, abarcando todos los seres humanos, constituyendo la humanidad como sujeto real. El sujeto histórico nuevo debe ser capaz de actuar sobre la realidad a la vez múltiple y global, con el sentido de emergencia exigido por el genocidio y el ecocidio contemporáneo.

Concientizar la necesidad de cambios despierta la utopía liberadora. Las nociones de cambios se acompañan de una visión del futuro, pero no todo cambio es revolucionario y emancipador. La sociedad emancipada es más que regulaciones económicas productivistas y relaciones sociales humanistas, es un proyecto cultural civilizatorio, global y colectivo. Las falsas representaciones del cambio social, desde un sistema de ideas que antecede al sujeto y al proyecto de las transformaciones, crean una visión ilusoria del futuro, desmoviliza el accionar popular revolucionario y justifica el conservadurismo. El cambio hacia la emancipación es cultural, de convivencia y protección humana en la producción y reproducción de la vida de todas y todos.

Acompañar las acciones concretas que emergen como estrategias anticapitalistas con un sentido de la vida solidario, internacionalista y humano; convertir las demandas político-sociales en un programa revolucionario de alcance ético, estético, jurídico, cultural; unir a las personas y a los distintos grupos sociales en función de objetivos sociales comunes es un reto enorme para el pensamiento emancipatorio.

*Georgina Alfonso González es doctora en Filosofía. Integra el Grupo Galfisa, autora del libro Valores y vida cotidiana (Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2008).

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[1] León Irene (compiladora): La Otra América en debate. Aportes del I Foro Social Américas, Consejo Hemisférico Foro Social América, Quito, Enero 2006

[2] Ver: Alfonso, Georgina. Los valores en el sistema de valores múltiples del capital. En: Paradigmas Emancipatorios y Movimientos sociales en América Latina, ELALEPH.COM, Argentina, 2007

[3] Por la repercusión de sus argumentos filosóficos en la crítica intelectual y en el debate de los movimientos sociales se destacan : Paulo Freire, Adolfo Sánchez Vázquez, Franz Hinkelammert, Enrique Dussel, Pablo González Casanova, Octavio Ianni, Carlos Núñez; Oscar Jara, Leonardo Boff, Helio Gallardo,  Heinz Dieterich, Jorge Luis Acanda, José R. Fabelo, Gabriel Vargas Lozano, Luis Villoro, Fernando Martínez, Pablo Richard, Isabel Rauber, Yamandú Acosta, Frei Betto, Jorge Luis Cerletti, Carlos Vilas, Helio Gallardo, Xavier Gorostiaga, Dan Galin,  Néstor García Canclini, Manuel Garretón, John Holloway,  Shafick Handal, Néstor Kohan, Atilio Borón, Raúl Leis,  Marco Raúl Mejías, Jaime Osorio, Eduardo Rosenzvaig, José Luis Rebellato, Ana Esther Ceceña, Emir Sader.  

[4] Ceceña Ana Esther. Los desafíos de las emancipaciones en un contexto militarizado. CLACSO, Buenos Aires, 2006, pag.15

[5] Ornelas Raúl Contrahegemonías y emancipación. Apuntes para un inicio de debates. En: Los desafíos de las emancipaciones en un contexto militarizado. CLACSO, Buenos Aires, 2006, pag.115-118

[6] Evo Morales, líder del Movimiento hacia el Socialismo en Bolivia, en una reciente intervención pública en la TV Cubana, insiste en la idea de que las fuerzas populares se organizan con una visión del futuro que parte de sus prácticas de vidas concretas. “Alguna movilización para alguna conquista”, decía y enfatizaba en la necesidad ineludible de las nuevas convergencias de los movimientos sociales con los líderes y las vanguardias desde esta visión. (Morales, Evo; Intervención en Mesa Redonda Informativa, TV Cubana, 29 de octubre de 2003)

[7] Ver: Observatorio Social de América Latina (OSAL) (2001) "Resistencias y alternativas a la mundialización neoliberal". Revista del Observatorio Social de América Latina CLACSO. Año I N°3. (Buenos Aires).

[8] Freire, Paulo. Pedagogía del oprimido, Siglo XXI, México, 1996 p. 34.

[9] Sobre el tema ver: Autores varios. Vigencias de las utopías, IMDEC, México, 1992; Núñez, C. Educar para transformar, IMDEC, México, 1996, La Revolución ética, IMDEC, México, 1999; Autores varios. “Formación de valores”, Resúmenes PEDAGOGÍA 99, La Habana, 1999; Colectivo C.I.E. “Graciela Bustillos”. Paulo Freire entre nosotros, CIE, La Habana, 2002; Bombino, L. “La formación de valores, un problema difícil pero posible” Tesis en opción al grado de Doctor. Universidad de La Habana, 1999.

[10] Cuando la “izquierda” dejó de ser vanguardia política para movilizar al pueblo, los educadores populares, subestimados e ignorados por esta izquierda, continuaron enfrentando la ideología fatalista neoliberal que iba inmovilizando a las fuerzas revolucionarias. Desde sus espacios comunitarios, eclesiales, pedagógicos, seguían apostando por la revolución de “los de abajo” educando a hombres y mujeres para que pudieran cambiar el mundo, el pequeño de cada cual y el grande de la humanidad.

[11] Nuñez, Carlos. La Revolución ética. IMDEC, México, 1998, p. 49.

[12] Valdés, Gilberto: “El sistema de dominación múltiple. Hacia un nuevo paradigma emancipatorio en América Latina”. Tesis en opción al grado científico de Doctor en Ciencias Filosóficas, Fondo Instituto de Filosofía.

[13] Pérez, Alberto. Sujeto histórico y revolución: entre la articulación del movimiento político y social de la emancipación en América Latina. En: Paradigmas Emancipatorios y movimientos sociales en América Latina. Insumisos Latinoamericanos, Elaleph, 1996. pag. 213.

[14] EZLN. Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo. Chiapas, Planeta Tierra, Montañas del Sureste Mexicano, 1996, p. 66-67.

[15] Ver: Autores varios.  Reflexiones sobre el Socialismo del siglo XXI, Fondo Editorial IPASME, Caracas, 2005

[16] León, Yohanka, La construcción del anticapitalismo. En: La otra América al debate. Irene León, Ed. Foro Social América, Quito Ecuador, 2006, pag. 76

[17] Korol Claudia, Restituir el Socialismo en el imaginario. En: La otra América al debate. Irene León, Ed. Foro Social América, Quito Ecuador, 2006, pag. 81

[18] Ver: Leis, R. “El sujeto popular y las nuevas formas de hacer política”, Multiversidad, N. 2, Montevideo, Marzo de 1992; Amoros, Celia: Feminismo: Igualdad y diferencia, México, UNAM, 1994; Autores varios: Poder y esperanza: Los desafíos políticos y pedagógicos de la Educación Popular en América Latina, CEAAL, Marzo de 1997; Autores varios. Vigencias de las utopías, IMDEC, México, 1992; Núñez, C. Educar para transformar, IMDEC, México, 1996, La Revolución ética, IMDEC, México, 1999; Autores varios. “Formación de valores”, PEDAGOGÍA 99, La Habana, 1999; Bombino, L. “La formación de valores, un problema difícil pero posible” Tesis en opción al grado de Doctor. Universidad de La Habana, 1999. Sotolongo, P. Teoría social y vida cotidiana. La sociedad como sistema dinámico complejo. Fondos del Instituto de Filosofía, La Habana, 2001 D`Angelo, Ovidio; Desarrollo humano reflexivo y creativo para la autotransformación social. (Marco conceptual de experiencias en procesos educativos y de autogestión comunitaria). Informe de Investigación CIPS, 2003.

[19] El tema de la vida cotidiana dentro del pensamiento crítico ha sido desarrollado fundamentalmente por las feministas latinoamericanas e insertado en las luchas de los movimientos sociales por las mujeres. Mucho hay que hacer todavía para que se comprenda que la dicotomía entre lo público y lo privado es parte de la lógica de explotación del capitalismo para desvalorizar el carácter social de la reproducción de la vida e invisibilizar el trabajo de las mujeres fuera de la producción de capital.

[20] Tomado del testimonio de Diana Mafia en el VII Taller Internacional sobre Paradigmas Emancipatorios. La Habana, 2007. Memorias en CD Multimedia, Fondos Biblioteca Instituto de Filosofía

[21] Rauber, Isabel, La transformación social en el siglo XXI. Miradas desde abajo. En: Diversidad, Identidad y Articulación. Construyendo alternativas desde los movimientos sociales. GALFISAS, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2007

[22] Ver: Autores varios. La participación. Diálogo y debate en el contexto cubano. Centro de Investigaciones de la Cultura “Juan Marinello”, La Habana, 2004