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Emiliano Zapata: pensamiento revolucionario.
Juana Rosales García
Rosales García, Juana. "Emiliano Zapata: pensamiento revolucionario.", Revista Estudios de la Facultad de Ciencias Sociales de Costa Rica. Costa Rica. 2011. Nro. Primer semestre. págs. 0-0

La revolución agraria

Emiliano Zapata (1879-1919) desarrolla sus ideas políticas en el contexto histórico e ideológico de la Revolución Mexicana, la revolución agraria y social más trascendental del área en su época, la cual, desde 1910, va a cuestionar  violentamente los fundamentos del poder del régimen estructurado con la primera independencia latinoamericana.  Los descendientes de quienes pelearan junto a Hidalgo y Morelos conforman las masas de hombres y mujeres que siguen a los caudillos populares bajo la consigna de tierra y libertad. Zapata y Francisco Villa encabezan  los sectores más radicalizados en el planteo de la liquidación efectiva del latifundio. Así se constituye el primer movimiento de reivindicación popular que en nuestro siglo apuntó con certeza a las raíces de la injusticia social y luchó con extraordinario heroísmo por la dignificación de las masas explotadas por los terratenientes nativos y los capitalistas extranjeros.

Desde su natal Anenecuilco (Estado de Morelos) Zapata es elegido en 1909 presidente del Consejo Comunal y con el apoyo de los campesinos y las comunidades indígenas, encabeza un movimiento revolucionario para continuar la lucha hasta el final desafiando el poder de la oligarquía “constitucionalista”. A través de la toma de tierras y la expropiación de los terratenientes fue creando un poder político y militar alternativo basado en la participación directa y en la iniciativa del campesinado y el proletariado agrícola de la región, especialmente del Estado de Morelos.

El texto fundamental de la estrategia zapatista fue el Plan de Ayala (noviembre de 1911), que figura entre los documentos más avanzados –y más conocidos– de la Revolución Mexicana. El Plan avalaba la redistribución de la tierra a los pueblos, comunidades indígenas y pequeños campesinos, o sea, la base de la democracia con la que se intentó proclamar la independencia del movimiento campesino respecto a la dirección burguesa de la revolución. En él se afirma la expropiación completa de las tierras de los grandes propietarios, la devolución de todos los terrenos comunales arrebatados en los decenios anteriores y la nacionalización de los bienes de los enemigos de la revolución.
El Plan se transformó en la bandera política con la que Zapata y sus seguidores desafiaron todo el orden burgués y los sucesivos gobiernos que lo representaron. La aplicación del programa zapatista significaba, en la práctica, la destrucción de las bases económicas y políticas del régimen capitalista mexicano. La novedad que presentaba este plan consistía en que, por primera vez, los campesinos luchaban con su propio programa, por esto, su significación histórica fue importante.

En consecuencia tenemos como ya en 1912, desde su campamento revolucionario, el líder del Ejército Libertador del Sur define claramente los objetivos y principios más trascendentes de la revolución: ¨ reforma política y reforma agraria, que es la que puede dar el bienestar y la paz que se desea: la revolución sintetiza, encarna o representa las aspiraciones de varios millones de hombres; sintetiza el adelanto, el progreso, la reforma en una palabra: el avance y la regeneración de un país oprimido por un feudalismo que agobia hace más de cuatro siglos a la inmensa mayoría de los mexicanos¨ (Zapata, 1912)

En diferentes llamamientos a las armas, proclamas y manifiestos, Zapata precisa la esencia clasista de la revolución que encabeza la cual  marchará contra ¨la soberbia de las altas clases¨ y a favor de la ¨gran masa de los oprimidos…¨. A su juicio esto redundaría en el cese del desequilibrio económico existente en el país donde ¨Los ricos se hacen cada vez más ricos, y los pobres se vuelven cada vez más pobres…¨. Era una revolución para el bien de la clase humilde del país. (Zapata, 1914)

Destaca la necesidad de que los campesinos establezcan una alianza con los trabajadores de la ciudad, de los talleres, ¨ los modernos esclavos de la máquina¨. En ¨A los obreros de la República¨ encontramos su llamado a la unidad obrera y campesina: ¨Hermanos de las ciudades, venid al encuentro de vuestros hermanos de los campos; hermanos del taller, venid a abrazar a vuestros hermanos del arado;… y confundid vuestro anhelo de libertad con nuestro anhelo, vuestra ansia de justicia con nuestra ansia¨. (Zapata, marzo, 1918)

Zapata explica la similitud que existe entre las reclamaciones de los obreros y de los campesinos: ¨Exigís aumento de jornal y reducción de horas de trabajo, es decir, mayor libertad económica, mayor derecho a gozar de la vida; es lo que nosotros exigimos al proclamar nuestros derechos a la tierra¨. Asimismo plantea que las diferencias se han manifestado en las formas de lucha empleadas pues mientras los obreros creyeron encontrar en las luchas sindicales la ¨la fórmula infalible¨ que pusiera remedio a sus males; el campesino no tuvo otra opción que la rebelión armada pues, ¨…cuando el oprimido no es dueño ni aún de lamentar su suerte¨, -o sea no tiene nada que perder- … ¨entonces no queda a este oprimido, otro camino digno ni otro gesto redentor, que el de esgrimir las armas, proclamando vencer o morir; morir primero, antes de continuar más tiempo siendo esclavo.¨( Ibídem)

Argumenta en este sentido que la emancipación del obrero no  puede lograrse si no se realiza a la vez la liberación del campesino¨ pues de lo contrario   ¨… la burguesía podrá poner estas dos fuerzas, la una frente a la otra, y aprovecharse, por ejemplo,  de la ignorancia de los campesinos para combatir y refrenar los justos impulsos de los trabajadores citadinos; del mismo modo que, si el caso se ofrece, podrá utilizar a los obreros poco conscientes y lanzarlos contra sus hermanos del campo.¨  ( Zapata, febrero,1918)

Esta concepción unitaria constituía una premisa necesaria para el logro de los objetivos que se proponía la revolución:

¨… redimir a la raza indígena, devolviéndoles sus tierras, y por lo mismo, su libertad; conseguir que el trabajador de los campos, …, se convierta en hombre libre y dueño de su destino, por medio de la pequeña propiedad; mejorar la condición económica, intelectual y moral del obrero de las ciudades, protegiéndolo contra la opresión del capitalista; abolir la dictadura y conquistar amplias y efectivas libertades políticas para el pueblo mexicano¨ … ¨…Reforma agraria, reivindicaciones obreras, purificación y mejoramiento de la administración de justicia, …; todo esto … formará la médula y el alma del programa revolucionario, la base y el punto de partida para la reconstrucción nacional¨.( Zapata, abril, 1918)

En el Manifiesto al pueblo y a los revolucionarios mexicanos, de febrero de 1919, Zapata expone que el programa de la revolución que permitiría cumplir con estos objetivos. Explica la necesidad de la restauración de la  Constitución de 1857 [1] , así como la designación de un Presidente provisional que sea civil y de convicciones revolucionarias cuyo gobierno procederá a poner en práctica  dicho programa, que será apoyado por los miembros del ejército revolucionario. (Zapata, feb, 1919)

En los documentos de Zapata podemos apreciar como logra inspirarse políticamente en los grandes acontecimientos de la lucha de clases internacional,  actitud que le llevó a comprender la importancia del internacionalismo y lo que representó la Gran Revolución Socialista de Octubre, cuya influencia llegaría a América Latina cuando aún no se habían apagado los momentos más radicales de la Revolución Mexicana. Ya el pensamiento socialista juega en esta evolución un papel significativo, que tiene en la filiación socialista de Zapata, una figura significativa.

La Revolución Mexicana representaba la rebeldía de las masas oprimidas en el mundo colonial y neocolonial. En 1917 aún estaba en plena efervescencia, en el momento culminante de hacer realidad el orden constitucional propuesto que el pueblo en armas había hecho posible, ante la posibilidad de avanzar aún más en su realización. Para los revolucionarios mexicanos el acontecimiento bolchevique constituía un motivo de reafirmación, una fuerza más que ganaban sus más preclaros líderes.

La carta escrita por Zapata (14 de febrero de 1918) desde el cuartel general del Ejército Libertador en Tlaltizapan, Estado de Morelos -dirigida a Genaro Amezcua (quien fuera enviado personalmente por Zapata a La Habana para explicar su causa)  y que este publicó en mayo de 1918 en el diario El Mundo - da cuenta de la clara percepción que tuvo Zapata sobre la revolución rusa. En esta misiva el dirigente campesino reclama la solidaridad de los cubanos, y en primer lugar, del movimiento obrero, pero sobre todo esta carta pasaría a la posteridad por expresar con sagacidad y extraordinaria visión de futuro la unidad histórica que representa su Revolución y la Revolución de Octubre:   
¨… mucho ganaría la humana justicia, -asevera-si todos los pueblos de nuestra América y todas las naciones de la vieja Europa comprendiesen que la causa del México revolucionario y la causa de la Rusia irredenta, son y representan la causa de la humanidad, el interés supremo de todos los pueblos oprimidos.

Aquí como allá hay grandes señores, inhumanos, codiciosos y crueles que de padres a hijos han venido explotando hasta la tortura, a grandes masas de campesinos. Y aquí como allá, los hombres esclavizados, los hombres de conciencia dormida empiezan a despertar, a sacudirse, a agitarse, a castigar. (Zapata, feb, 1918) [2]

En esta carta se puede apreciar además como Zapata valora la importancia de la labor de difusión y propaganda de las ideas revolucionarias. Argumenta la necesidad de lograr la colaboración de los centros  y agrupaciones obreras del mundo no sólo propaguen en sus respectivos países los ideales del agrarismo; el programa de la revolución mexicana y los triunfos alcanzados, sino además, para que para hacerles comprender  ¨…la imperiosa necesidad de acometer a la vez y de realizar juntamente las dos empresas: educar al obrero para la lucha y formar la conciencia del campesino¨. (Ibídem)

Relación ética-política

En nuestros días adquieren particular importancia el pensar filosófico sobre la ética. Los aspectos morales y éticos de las personalidades históricas, como pautas que regulan la relación entre los que dirigen y los dirigidos: las ideas acerca del dirigente revolucionario al servicio de su pueblo, del cuadro revolucionario cuya vida cotidiana y conducta se caracteriza por una ética del sacrificio y el deber, valores como la ejemplaridad y la responsabilidad de los dirigentes. En este orden pensamos que el pensamiento de Zapata cobra cada vez mayor actualidad, pues ha sido  un referente ético de gran valor para los movimientos revolucionarios e insurgentes de América Latina hasta nuestros días.

Cuando se estudian los documentos y la obra de Zapata se puede constatar la relevancia  que  le concede a la relación ética política y a la concepción del ejercicio de la dirección como servicio social, como cualidad de los líderes revolucionarios: el reconocimiento del dirigente por parte del dirigido solo es fruto del trabajo de aquel. Si bien llama a todos los revolucionarios a la unidad para la obra ¨de patriotismo y concordia¨, si exime de colaborar a ¨…los que pretendan imponer su voluntad sobre la de los demás, los que quieran valerse de la revolución para satisfacer miras personales, o para realizar propósitos de medro, de lucro o de venganza.¨ (Zapata, abril, 1918)

Un ejemplo de sus concepciones en este sentido lo constituye la carta abierta que escribe a Venustiano Carranza el 17 marzo de 1919, donde lo acusa de haber utilizado su ambición de poder para encumbrarse y en beneficio propio y de sus amigos. [3]

Muy significativos resultan los criterios de Zapata  acerca de las características que debían tener los dirigentes revolucionarios. En sus ideario se puede constatar la manera en se fueron configurando tanto las pautas de exigencia personal que aplicaría en su vida y trabajo revolucionario, como los principios e ideas que sobre el liderazgo revolucionario plantea.

Zapata argumenta que el jefe de la Revolución debe tener una ¨una inmaculada reputación como revolucionario y como hombre de principios, condiciones indiscutibles de seriedad, inteligencia y aptitud que sean una garantía para todos¨. Debe contar con experiencia política, talento, sentido o tacto político. Ser preciso, tener prestigio y una ¨ una personalidad ante cuyo mérito se inclinen todos los elementos revolucionarios; desde el humilde campesino, que contribuye con su brazo y con su vida, hasta el jefe o el caudillo regional, que con su habilidad y su pericia, controla una extensa comarca.¨ La honradez, la fidelidad a los principios, y la mesura tendrán que acompañar a aquel que va a lograr la unidad y la acertada dirección al movimiento revolucionario. ( Zapata, feb, 1919)

No será ¨ un atolondrado ni un sectario; a nadie molestará por razón de sus ideas o de sus convicciones, sabrá ser tolerante y justiciero con los hombres que piensen de distinta manera que él, y de ningún modo se convertirá en el sistemático perseguidor de una confesión religiosa o en el enconado adversario de determinada clase social¨. (Ibidem)

Actualidad de las ideas zapatistas

Los problemas que en su tiempo enfrentó Zapata, su ideario revolucionario radical, la posición ética y actitud optimista ante la labor revolucionaria, continúa ofreciendo un modelo de pensar y actuar frente a los actuales retos de lucha de la nación mexicana y su entorno caribeño, latinoamericano y mundial.

En el estudio del ideal político emancipador latinoamericano, en especial  el análisis de la evolución histórica de las problemáticas que en la actualidad contribuyen o dificultan la unidad ideológica y política de todas las fuerzas y sujetos comprometidos con la lucha por la construcción socialista, la impronta y valoración de del pensamiento de Emiliano Zapata ocupan un lugar relevante.

En el presente debate acerca del socialismo en el siglo XXI, se destaca la continuidad de las ideas enarboladas por la revolución mexicana  de los campesinos y pobres del campo dirigidos por Zapata, quien llevó la lucha hasta sus últimas consecuencias. Se habla de revolución mexicano–zapatista y su influjo en la mayoría de los procesos de cambio político, social y económico que son impulsados en los diferentes países de la región en las primeras décadas del siglo XX y en la actualidad.

Hoy cuando se cumple el centenario de la Revolución Mexicana y a 91 años del asesinato del que fuera Jefe supremo del movimiento
revolucionario del sur, el grito de guerra de ¡Tierra y Libertad! ¡ZAPATA VIVE! ¡ LA LUCHA SIGUE!, “ LA TIERRA ES DE QUIEN LA TRABAJA” continúa movilizando a miles de campesinos, pues se plantea que las demandas de democracia, justicia, tierra y libertad, aún no han sido resueltas. El problema agrario no ha sido solucionado a favor de los campesinos en general, mucho menos para los más pobres de estos.

El pensamiento y la acción revolucionaria de este héroe mexicano continúan convocando además a la reivindicación de un programa socialista  que realmente ofrezca alternativas a los trabajadores del campo, pues como explican algunos autores y organizaciones sociales el socialismo es la única alternativa al capitalismo. Zapata es actualizado constantemente por los zapatistas -seguidores de su pensamiento- o a través del EZLN, organización que a partir de la insurrección de los indígenas en Chiapas se identificó con el nombre de este líder  desde el primer momento. Acerca de este prócer, el EZLN escribió en un comunicado emitido el 10 de abril de 1995, fecha aniversario de su asesinato “En nosotros, en nuestras armas, en nuestro rostro cubierto, en nuestra palabra verdadera, Zapata se unió a la sabiduría a la lucha de nuestros más antiguos antepasados.” (Acosta, 2008)

Se destaca ¨ que para la cultura indígena el tiempo tiene otra naturaleza, otra rapidez, donde el pasado se encuentra en una dimensión que sigue coexistiendo con el presente y allí el tiempo es simultáneo, por eso el pasado convive con lo que estamos viviendo ahora, por tanto, la memoria hace que las cosas sigan vivas, pues cuando se habla de Emiliano Zapata, se está hablando de una fuerza que se mantiene viva, y… los zapatistas de 1910 y los de 1994 son los mismos¨. Los zapatistas en ambos momentos históricos cuando ocupan la tierra y la entregan a los campesinos, están haciéndose eco de los  postulados de Zapata: han continuado asegurando que la tierra es para los campesinos e indígenas, los ¨más primeros habitantes¨. (Ibídem) [4]

El ideario de Emiliano Zapata ha sido retomado en el discurso de varios líderes latinoamericanos que hoy gobiernan en sus naciones, como Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa entre otros, que han subrayado como en el presente siglo se ha reiniciado la lucha que quedó pendiente en el siglo XIX para lograr la independencia de nuestros pueblos y fue continuada en el XX en un proceso de continuidad por Zapata, Villa, Sandino y tantos otros líderes hasta Ernesto Guevara y Fidel Castro.

En la inauguración de la exposición “Emiliano Zapata. Tierra y libertad. 1879-1819, por el 89 aniversario de la muerte de Zapata, en Venezuela, el presidente Chávez destacó que “sólo a través de la muerte pudieron frenar el impulso de la revolución” liderada por Zapata. En este evento fue reconocido como ¨continuador de la lucha interrumpida en 1919”, cuando se refirieron a los “cambios sociales, políticos y económicos” que impulsa el venezolano como parte de su llamada revolución bolivariana. (Chávez, 2008)

Hoy queremos recordar las justas palabras contenidas en el manifiesto al pueblo mexicano de 1919 con motivo de su muerte: ¨El caudillo de la Revolución del Sur, el ardoroso apóstol del agrarismo, el abnegado redentor de la raza indígena, el hombre enérgicamente representativo del alma mexicana;… Zapata, ese hombre todo corazón y todo carácter…su herencia… de abnegación, de espíritu de sacrificio, de amor acendrado a la colectividad, de indiferencia ante el peligro, de fe firmísima ante las dificultades y los obstáculos, de constancia y valor indomable para la lucha, de alta nobleza y de supremo desdén para todo lo que sea interés personal, ambición o egoísmo… A nosotros toca seguir sus huellas, honrar con hechos su memoria, proseguir su labor, generosa y buena, providencial y grande, hasta que cristalice en realidades prácticas¨. (Manifiesto, 1919)



Notas

[1] Con la aprobación de la Constitución política de 1857 se legalizaría el régimen liberal, y se recogerían las ideas fundamentales del programa del Partido Liberal. La Constitución  formó parte de la legislación conocida como las Leyes de Reforma, promulgadas por un grupo de liberales del que destacan Benito Juárez, Miguel Lerdo de Tejada y Melchor Ocampo. En la carta magna se establecían libertades democráticas, se derogaban títulos hereditarios y privilegios, se ratificaba la abolición de la esclavitud – decretada en 1829- se suprimía la servidumbre indígena, los impuestos y gravámenes feudales y además se prohibía a la iglesia poseer bienes raíces. En este Manifiesto Zapata planteaba que debía restaurarse ¨con sus adiciones y reformas, tal como regia el 19 de febrero de 1913, en lo que no se oponga a los principios contenidos en este programa, y realizar esos principios, que son los ideales de la Revolución Mexicana, claramente consignados enseguida. Al efecto, se organizará el gobierno civil en todo el país, y en su oportunidad se gestionará la reforma de aquella Constitución, en el sentido de las reivindicaciones revolucionarias¨. Consúltese además: Flores, Imer B: La Constitución de 1857 y sus reformas: a 150 años de su promulgación. http://www.bibliojuridica.org/libros/5/2389/12.pdf

[2] En esta carta se puede apreciar la influencia que tuvo la Revolución mexicana en Cuba: ¨Por ellas (el intercambio postal entre Zapata y Amezcua) veo que ha continuado usted, con actividad y con éxito la ardua labor de propaganda, que la revolución le ha encomendado. Veo también con gusto que en esa tarea es usted eficazmente ayudado por entusiastas e inteligentes colaboradores, que fungen ya como agentes de propaganda.¨

¨Por los recortes que se sirve adjuntarme, quedo impuesto de la benévola acogida que en la prensa de esa capital han tenido las declaraciones hechas por usted, acerca de las finalidades que perseguimos, lo que es indicio cierto de que la intelectualidad cubana se da cuenta de la importancia de este movimiento regenerador y simpatiza con él abiertamente, al reconocer su indudable justicia.¨

¨Verdaderamente, celebro que en ese interesante país hermano del nuestro, repercutan vigorosamente y dejen hondas huellas las reivindicaciones gallardamente sostenidas por el pueblo campesino de esta república de México.

Era de esperarse que así sucediera; era de augurarse esa cordial hospitalidad para nuestros anhelos de reforma y para nuestros empeños de radical renovación, pues lo mismo tienen que pensar y que sentir los pueblos de igual historia que sufren y han sufrido idénticos males; que en su seno sienten agitarse los mismos problemas, y que, es lógico, por lo mismo alienten análogos ideales y vibren con los mismos entusiasmos. ¨ Consúltese: Zapata, Emiliano (febrero, 1918): Carta de Emiliano Zapata a Genaro Amezcua,. Tlaltizapán, Febrero 14, 1918, en: Emiliano Zapata. Cartas. Ediciones Antorcha, México, 1987, p. p.83-86, (Recopilación realizada por Chantal López y Othón Cortés). http://www.bibliotecas.tv/zapata/1918/z14feb18.html.

[3] Esta comunicación pública refleja el mayor enfrentamiento de Zapata contra Carranza a menos de un mes de su asesinato. En ella acusaba públicamente al Presidente de ser la causa de todos los males que sufría el país. El tono agrio y la crítica profunda de este documento exasperaron a Venustiano Carranza, quien reafirmó su decisión de aniquilar al movimiento del sur y a su caudillo. Zapata mantuvo la insurrección en el sur hasta que, víctima de una traición preparada por Pablo González, cayó en una emboscada en la hacienda de San Juan Chinameca, donde el 10 de abril de 1919 fue asesinado. Consúltese: Carta abierta de Emiliano Zapata a Venustiano Carranza, Cuartel General del Ejército Libertador en el Estado de Morelos, Marzo 17, 1919. Fuente: Baltasar Dromundo. Emiliano Zapata. México, Imprenta Mundial, primera edición 1934. p. 178-184. Saúl Chávez Peralta. Emiliano Zapata. Crisol de la Revolución Mexicana. Editorial Renacimiento, S.A. México, 1972, p. 341-350. http://www.bibliotecas.tv/zapata/1919/z17mar19.html

[4] El EZLN convocó en 1996 a la formación del Congreso Nacional Indígena (CNI), el cual constituye un espacio de reflexión en red que honra la memoria de Emiliano Zapata y ha logrado reunir el más amplio espectro del movimiento indígena nacional.

Bibliografía

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Chávez, Hugo (2008): Recuerda Chávez ideales de Zapata, Por: El Universal,  Caracas, Venezuela, 11 de abril de 2008. http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/343930.recuerda-chavez-ideales-de-zapata.html

Chávez, Hugo (2010): Chávez evoca al revolucionario mexicano Emiliano Zapata, Discurso íntegro del Comandante Hugo Chávez en la Cumbre de Unidad, Cancún, México. Venezuela, 25 de febrero de 2010. http://www.revolucionomuerte.org/index.php/discursos/comandante-hugo-chavez/1091-discurso-integro-del-comandante-hugo-chavez-en-la-cumbre-de-unidad-cancun-mexico

 

Correa, Rafael: Discurso de Rafael Correa en Cuba en el 50 aniversario de la revolución, Trabajadores.cu. http://www.viejoblues.com/Bitacora/node/8559

 

Flores, Imer B: La Constitución de 1857 y sus reformas: a 150 años de su promulgación. http://www.bibliojuridica.org/libros/5/2389/12.pdf

Guerra Vilaboy, Sergio (2006): Breve historia de América Latina, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2006.

Guerra Vilaboy, Sergio (1989): Historia y Revolución en América Latina, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1989.

Manifiesto de los jefes zapatistas sobre
la muerte de Emiliano Zapata
(1919)
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Moctezuma Barragán, Pablo(2000). Vida y lucha de Emiliano Zapata. Vigencia histórica del héroe mexicano, Editorial Grijalbo, México, 2000.

Zapata, Emiliano (1912): Acta de la conferencia de Emiliano Zapata con un comisionado de Francisco I. Madero. Campamento revolucionario, julio 19, 1912, en: Valdiosera, Ramón (1982): Zapata. 3,000 días de lucha. Editorial universo, México, 1982, p. 72-75. http://www.bibliotecas.tv/zapata/1912/z19jul12.html

Zapata, Emiliano (1914): A los habitantes de la ciudad de México, Yautepec, junio 24, 1914. Fuente: AGN, fondo Genovevo de la O, caja 19, exp. 8, f. 24¨. http://www.bibliotecas.tv/zapata/1914/z24jun14.html

Zapata, Emiliano (marzo, 1918): A los obreros de la República. Tlaltizapán, Morelos, Marzo 15, 1918, en: Instituto Nacional de Estudios Políticos, A.C. (INEP) http://www.inep.org/Recopilado por Doralicia Carmona, historiadora. http://www.bibliotecas.tv/zapata/1918/z15mar18a.html

Zapata, Emiliano (febrero, 1918): Carta de Emiliano Zapata a Genaro Amezcua,. Tlaltizapán, Febrero 14, 1918, en: Emiliano Zapata. Cartas. Ediciones Antorcha, México, 1987, p. p.83-86, (Recopilación realizada por Chantal López y Othón Cortés). http://www.bibliotecas.tv/zapata/1918/z14feb18.html.

Zapata, Emiliano (abril, 1918): Manifiesto al pueblo mexicano, Tlaltizapán, Morelos, Abril 23, 1918, Instituto Nacional de Estudios Políticos, A.C. (INEP),http://www.inep.org/ Recopilado por Doralicia Carmona, historiadora. http://www.bibliotecas.tv/zapata/1918/z23abr18.html

Zapata, Emiliano (febrero, 1919): Manifiesto de Emiliano Zapata para postular a
Francisco Vázquez Gómez como
jefe de la revolución mexicana
Cuartel General en el Estado de Morelos, Febrero 10, 1919, República Mexicana. Ejército Libertador.
Cuartel General. Laura Espejel, Alicia Olivera y Salvador Rueda. Emiliano Zapata. Antología. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana (INEHRM),
México, 1988. P. 438-445. Fuente: AGC, Fondo Genovevo de la O, Caja 19, Exp. 9, f. 2-3) http://www.bibliotecas.tv/zapata/1919/z10feb19.html

 Womack, John jr (1971): Zapata y la Revolución  Mexicana, Instituto Cubano del libro, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1971