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La Valoración en Cuba de la herencia filosófica cubana y latinoamericana
Pablo Guadarrama González
Guadarrama González, Pablo. "La Valoración en Cuba de la herencia filosófica cubana y latinoamericana", Utopia y praxis latinoamericana. Revista Internacional de filosofía Iberoamericana y teoría social.. Maracaibo. 2000. Nro. 11, 5. págs. 9-38

La  filosofía en Cuba, al igual que en el resto de los países latinoamericanos,   se cultivó desde la época colonial, en el reducido espacio  que la Iglesia católica le permitía. Aunque es cierto que a partir del siglo XIX aparecen otras instituciones y posibilidades para el cultivo de la filosofía, aún en esa época  el control ideológico del catolicismo es férreo en las últimas colonias españolas.

La escolástica no constituía la mejor vía para que la reflexión filosófica  alcanzara el vuelo teórico más elevado e independiente.

 Ya desde el siglo XVI en el seno de algunos colegios religiosos de las primeras villas,  además de Santiago de Cuba y La Habana ,  el cultivo de la filosofía alcanzó cierto desarrollo(1).

 Posteriormente,  en especial a partir de mediados del siglo XVIII,  la filosofía en la Isla    intentó acoplarse gradualmente al espíritu  del pensamiento moderno (2). Sin  embargo, en la Universidad de La Habana el conservadurismo frenó estas intenciones  hasta  avanzado el siglo XIX.

 Los tres principales pilares de la filosofía de la ilustración en Cuba, José Agustín Caballero, Félix Varela y José de la Luz   y Caballero, se convirtieron de forma diferenciada  en los emancipadores de la rémora escolástica. Ellos hicieron posible que la producción filosófica cubana alcanzara su mayoría de edad y lograra prestigio en otros países latinoamericanos.

 El grado de reconocimiento intelectual de estos pensadores cubanos, a quienes ya desde temprano se les consideró verdaderos filósofos, como lo revela el discurso pronunciado por José Manuel Mestre en 1861, De la filosofía en la Habana   (3), no se limitó al ámbito nacional. Este hecho se apreció especialmente en el eco que encontró fuera del país la polémica de José de la Luz y Caballero con los defensores en Cuba del eclecticismo de Cousin.

 También Enrique José Varona trascendió a otros países por sus Conferencias filosóficas que sobre lógica, ética y psicología pronunció y publicó en la  década del ochenta. Una mayor trascendencia por su profundidad y carácter versátil encontró desde temprano la amplia obra de José Martí.

El hecho indiscutible de la reputación filosófica de estos pensadores cubanos del siglo XIX, al igual que Andrés Bello, Juan Montalvo,  Eugenio María de Hostos, José Domingo Sarmiento, etc. , ponen en duda la comúnmente aceptada afirmación  de que  como  patriarcas(4) de la filosofía latinoamericana  sean solamente considerados los pensadores integrantes de la primera generación que aflora con el nacimiento del siglo XX  , entre ellos, José Vasconcelos, Antonio Caso, Carlos Vaz Ferreira, Alejandro Korn, Alejandro Deústua, Enrique Molina, etc. 

Este criterio tan estrecho injustamente  subestima los aportes a  la vida filosófica de aquellos pensadores  latinoamericanos anteriores a dicha  generación.

La preocupación  por destacar la herencia filosófica cubana  estuvo    presente desde mediados del siglo  pasado no solo en José Manuel Mestre. También en Enrique José Varona, Antonio Bachiller y Morales, Manuel Sanguily y especialmente en  José Martí.

Sin embargo, ninguno de ellos se planteó la cuestión en el sentido y con la intención   con que Alberdi demandó la  conformación de una filosofía americana o latinoamericana.

 Los pensadores cubanos tenían clara conciencia de que la formulación de sus ideas filosóficas no se producía de manera descontextualizada. En todo momento insistieron en la necesidad  de que la vida intelectual de los países latinoamericanos , y en particular de Cuba, -que aun no había logrado su independencia de España-, tuviese un grado de compromiso político social en correspondencia con las aspiraciones emancipatorias y desalienadoras propias de  ciudadanos de estados modernos y  soberanos.

Martí, convencido de la necesidad de profundizar en el conocimiento de la historia y la cultura de “nuestra América”,  sostuvo el criterio de que   “La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América desde los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria” (5).

 La actitud  martiana revalorizadora  de la  cultura latinoamericana no desdeñaba de ningún modo los valores de la cultura europea o norteamericana, de las cuales era un profundo admirador el héroe nacional cubano. Pero su interés radicaba en acentuar la  importancia  científica e ideológica,   de que se estudiara la historia  y la “cultura” de nuestra América, a fin de contrarrestar aquella excesiva admiración por el mundo anglosajón  que el positivismo predominante  había estimulado y  actitud esta que  Rodó calificó como nordomanía.

El incremento de la penetración cultural de los Estados Unidos de América  a partir de su intervención militar en la guerra hispano-cubana  y su permanente ingerencia a través de los gobiernos nacionales corruptos, dieron lugar a que durante las dos primeras décadas se descuidase la atención sobre los temas vinculados a la tradición filosófica nacional. En esta época hasta el propio Varona, a tono con su distanciamiento de la actividad filosófica más fecunda de fines del siglo XIX, disminuyó considerablemente sus expresiones valorativas respecto a  los pensadores  nacionales.

Solo esporádicos  intentos como los de Medardo Vitier, quien en 1911 publica Martí, su obra política y literaria, y  Sergio Cuevas Zequeira con sus libros El Dr. Enrique José Varona (1917) y El padre Varela, contribución a la historia de la filosofía en Cuba (1923) se destacaron en esa recuperación de la herencia filosófica nacional algo antes que la generación intelectual  de la década  década crítica.

 En esta época  se destacó el Grupo Minorista - integrado entre otros por Alejo Carpentier, Jorge Mañach, Juan Marinello, Raúl Roa, Emilio Roig de Leuchsering, etc.-  el cual  se caracterizó por  insistir en la reivindicación de la cultura cubana y en particular en la obra de José Martí como arma de lucha antimperialista.  Este hecho se puso de manifiesto en el interés  del marxista Julio Antonio Mella por  que se profundizase en el pensamiento de Martí.

Medardo Vitier se  convirtió   en uno de los más importantes estudiosos de la herencia filosófica nacional. En sus libros sobre Varona escritos en los años veinte y treinta, pero en especial en sus significativas  obras para el tema en cuestión  Las ideas en Cuba  (1938) y La filosofía en Cuba (1948) insistía en la necesidad de estudiar la especificidad (6) de la evolución intelectual de los países latinoamericanos. A la tarea de diferenciación y valoración de la producción filosófica cubana  dedicó la mayor parte de su vida.

Por  los años cuarenta Jorge Mañach reclamaba que para lograr  una filosofía cubana había que lograr “un esfuerzo por pensar con cabeza propia y no limitarse a exponer glosar el pensamiento” (7). Aquellas preocupaciones por intentar que la filosofía en los países latinoamericanos  consolidase el necesario prestigio intelectual en el ámbito internacional y  dejase de ser considerada  una simple mímesis de la filosofía europea se incrementó considerablemente por esa época en todo el continente. Ese espíritu se puso de manifiesto con   el nacimiento de las sociedades nacionales de filosofía y numerosos congresos dedicados al tema.

Los años que aproximan al siglo XX a su mitad coinciden en Cuba con el incremento considerable en la actividad filosófica. Este hecho se confirma con la aparición de la Revista Cubana de Filosofía   (1946), la fundación de la Sociedad Cubana de Filosofía  (1948) y luego del Instituto de Filosofía (1950), así como la publicación de libros de carácter filosófico y la celebración de congresos, conferencias, etc., de esa índole.

La  mayor parte de las principales corrientes filosóficas que circulaban en la esfera internacional durante la primera mitad del siglo XX tuvieron algún espacio en Cuba en diferente grado en esa época . Tanto la filosofía de la vida, la fenomenología, el existencialismo, el neotomismo y  el marxismo  así como  en menor medida la filosofía de la ciencia encontraron cultivadores en la Isla.

El marxismo, aunque no encontraba espacios muy favorables en aquellas instituciones   filosóficas, buscaba sus vías propias a través de las publicaciones y actividades del partido comunista, así como en la vida política en general.

En las tres universidades  existentes  a mediados de los cincuenta ( la Universidad de la Habana ,  la  Universidad Central de las Villas en  Santa Clara,  y Universidad de Oriente en  Santiago de Cuba) eran muy escasos los profesores que expresaban  abiertamente alguna simpatía por el marxismo.

El ambiente de la postguerra significó a escala internacional  una confrontación ideológica con la “guerra fría” de la que la vida filosófica no podía escapar. Un agudo espíritu anticomunista influyó en la poca recepción de la filosofía marxista en los predios académicos.

La oleada antipositivista  que se había producido en toda Latinoamérica desde principios de siglo también repercutió  en la vida filosófica cubana. Este hecho tuvo que ver con la poca recepción de la filosofía analítica en Cuba  en la época en que esta gozaba de auge en Europa y Norteamérica y comenzaba a encontrar cultivadores latinoamericanos.

La década del cincuenta se había iniciado en el ambiente filosófico cubano    con grandes pretensiones de articular la vida filosófica nacional con los temas y corrientes principales en circulación  en la esfera internacional, pero a la vez con la recuperación de la memoria histórico-filosófica.

Tanto el centenario del nacimiento de Varona en 1949 como el de Martí en 1953, constituyeron justificado motivo para congresos y publicaciones especiales  en los que se abordaron las ideas de ambos pensadores,  así como el tema  ¿ es posible una filosofía americana?.  Esta preocupación afloró con mayor frecuencia por esos años, pues no existía consenso de que se hubiese llegado a la elaboración de una filosofía propiamente americana.

Esto se aprecia en el siguiente  cuestionamiento de  Fausto Masó, quien  en 1956 planteaba: “Es lógico suponer que el americano hará filosofía. A la larga todas las creencias sucumben, y si el hombre, -el americano-  es sincero y acepta la vida, la vida en todas sus posibilidades, tendrá que dar razón de ella y reconocer en la razón -la cultura, la filosofía- una de las formas de vida más alta posible; pero cada forma de vida  tiene su hora y su sentido; adelantarla es falsificarla, negarla. ¿Habrá llegado la hora de filosofar en América? ¿Será esa la tarea de nuestro momento?”(8) De tal modo daba muestras de su inseguridad al respecto.

Frente a esa posición se levantaba una corriente  mucho más segura de la existencia de la misma al evaluar los resultados del V Congreso Interamericano de Filosofía, efectuado en Washington en 1957, que sostenía : “... a los así escépticos  hay que responderles  que la filosofía americana existe de hecho  en cuanto se manifiesta en diferentes formas de su actividad  como son la docencia, el libro, las revistas y estas periódicas reuniones donde los hombres que han nacido y se desenvuelven espiritualmente en el continente americano llevan a cabo una labor intelectual que tiene sus matices propios, como inevitable resultado de estar hecha por quienes, en cuanto sujetos pensantes, poseen una idiosincrasia que les viene impuesta por esa misteriosa e indefinible complejidad que es a todas luces el medio ambiente. [...] Los congresos filosóficos americanos son, pues, la mejor desmentida al escepticismo de quienes entienden  que no hay filosofía en América. No solo la tenemos, porque estamos constantemente dando pruebas de que podemos hacerla, sino que ya estamos dando cierto preciso perfil propio a nuestras concepciones filosóficas”(9). Esta era la posición que contaba con mayores defensores.

La tesis de que no era prudente continuar debatiendo el asunto de la existencia o no de la filosofía americana o latinoamericana, porque esta era un hecho evidente e indiscutible,  fermentó  también por esos años  en Cuba.

El interés por caracterizar los rasgos de la filosofía latinoamericana se apreció, entre otros, en Rafael García Bárcena,  quien  se opuso a aquellos criterios que sostenían la falta de rigurosidad de la producción filosófica latinoamericana debido a sus tintes literarios o políticos. El filósofo cubano, por el contrario, destacaba el aspecto positivo (10) que significaban tales particularidades esteticistas y emocionales del pensamiento filosófico latinoamericano.

Un cultivador fecundo  de mediados de este siglo  de los estudios del pensamiento filosófico cubano fue Roberto Agramonte. Además de sus libros sobre Enrique José..Varona y  José .Agustín  Caballero, impulsó la edición de la Biblioteca de Autores Cubanos,  - la Universidad de la Habana   publicó gran parte en esta colección de las principales obras filosóficas cubanas del siglo XIX -, y  dedicó múltiples análisis a estudiar  la etapa de la filosofía cubana que le había tocado participar.

 Al hacer un balance de la misma apuntaba: “Nuestra generación  ha entrado en el vórtice de esta fase. Ha presenciado dos guerras mundiales en el mundo político. En lo filosófico se muestra una preferencia por los problemas de la filosofía de la vida, por la doctrina de los valores muy asible para reenquiciar una época de crisis como la nuestra, al menos en la órbita inasible del pensamiento; por un mayor calado en los temas de la filosofía humanista, al considerar el hombre como la instancia suprema de todo meditar; y un interés marcado por la cuestión de la filosofía de y para América, de y para Cuba.  También en el tapete filosófico se han colocado y meditado los problemas del pragmatismo, la fenomenología y el existencialismo”(11) .

Indudablemente la cuestión de la filosofía latinoamericana ocupó un lugar especial  en el debate teórico cubano de los años cincuenta coincidiendo con similares preocupaciones manifestadas en México, Perú, Argentina y otros países latinoamericanos.

Uno de los rasgos reconocido y estimulado  por los mejores representantes del pensamiento cubano fue el grado de compromiso político de sus representantes  más destacados.  García Bárcena al elogiar a Varona  indicaba que ” Lo más significativo de la tradición filosófica cubana es que ninguno de sus próceres se dedicó al puro filosofar, dando la espalda a las urgencias vitales de la nación”(12).

Nadie mejor que García Bárcena para sostener y ratificar con su ejemplo este criterio, pues su prestigio intelectual que le llevó a dirigir la Revista Cubana de Filosofía, a presidir la Sociedad Cubana de Filosofía,  a obtener el Premio Nacional de Filosofía en 1950 y que uno de sus libros fuese prologado por Francisco Romero, se conjugó armónicamente con su repudio activo a la dictadura de Batista. Por su intento de organizar un ataque al cuartel militar principal del ejército fue encarcelado hasta el triunfo de la Revolución de enero de 1959. En la cárcel siguió escribiendo libros de filosofía  y tras el triunfo murió  con el cargo de  embajador del gobierno revolucionario cubano en Brasil.

Sin embargo, no fue esa la actitud más común a aquella prestigiosa generación  filosófica cubana  de los años cincuenta. Una  parte significativa de ella  se distanció de las urgencias nacionales. Asumió una postura indiferente  ante la dictadura de Batista. Posteriormente  su hostilidad  al proceso revolucionario  por  su carácter socialista les condujo al exilio.

Múltiples habían sido  los factores que incidieron en la reanimación filosófica  cubana de mediados del siglo XX.  A juicio de uno de sus principales gestores, Humberto Piñera Llera” En la restauración de la filosofía en Cuba intervienen por lo menos tres factores, los cuales son: 1) una generación  inequívocamente atraída por el saber principal; 2) el ambiente propicio, tanto en América como en Europa: 3) el desplazamiento ya señalado de considerable  número de pensadores europeos, que contribuye  al robustecimiento de la filosofía en nuestro continente.”(13). Efectivamente estos tres factores estuvieron presentes de algún modo en este fenómeno de reactivación, pero no se valoran adecuadamente las nuevas condiciones histórico nacionales de cierta estabilidad democrática en Cuba durante  ese período  desde fines de la década del treinta hasta inicios de la del cincuenta.

En la obra filosófica de Piñera Llera se conjugaron los temas gnoseológicos y axiológicos del más alto nivel de reflexión en su perspectiva existencialista con su preocupación por la investigación sobre el desarrollo de la filosofía en Cuba.  Su mejor muestra fue su libro Panorama de la filosofía cubana (Washington 1960) en el que efectuó un balance de los estudios sobre el devenir filosófico cubano y entre ellos, además de los más conocidos como los de Vitier y Agramonte,  destaca los de Antonio Hernández Travieso, Rosario Rechach, Rosaura y Mercedes García Tudurí, Máximo Castro Turbiano y, con razón, su propia labor.

Es indudable que la huella en Cuba y en otros países latinoamericanos  de prestigiosos intelectuales españoles a la caída de la República Española fue también significativa en ese impulso que se observó en la filosofía de esos años, aunque tampoco debe hiperbolizarse esa influencia. Pues si encontraron recepción  muchas de las ideas de estos pensadores transterrados -como se autodenominó Gaos-, es porque existía una intelectualidad filosófica  formada, y en algunos casos ya con suficiente prestigio, en  esos países que pudieron constituirse en adecuados interlocutores de los nuevos maestros.

La labor  de María Zambrano en Cuba en el estudio de las ideas de Ortega y Gasset , así como la presencia de José Ferrater Mora y las visitas a la Isla de Eduardo Nicol y otros filósofos españoles, así como de varios prestigiosos latinoamericanos  como Risieri Frondizi, Leopoldo Zea, Francisco Miró Quesada , etc.,  enriquecieron también la vida  filosófica nacional.

La insistencia  de Gaos en la profundización del estudio del pensamiento en lengua española, y la acogida por parte de Zea de esta convocatoria, así como por parte de un conjunto de intelectuales latinoamericanos -a fin de profundizar y divulgar la historia de las ideas en América Latina-, también encontró cultivadores en Cuba.

Entre ellos Pedro Vicente Aja, quien proclamó  “la necesidad  de profundizar en nuestra evolución interna -vale decir: en el tramado ideológico- de escribir la historia de nuestra cultura” (14), por lo que le dedicó atención a las ideas filosóficas de Rafael Montoro.

Así se hizo común que la mayor parte de las publicaciones  filosóficas de la década  del cincuenta   le dedicara algún espacio a la herencia filosófica nacional y a su articulación con la de otras latitudes, como hizo Rosaura García Tudurí respecto a la influencia de Descartes en Varela. (15).

Los temas frecuentados por  los filósofos cubanos en  esa época eran muy variados. Problemas epistemológicos y axiológicos  ocuparon un lugar importante, así como temas de filosofía de la  cultura, la democracia, la educación y la paz que fueron auspiciados para su publicación por la oficina cubana de la UNESCO y  por el Instituto Nacional de Cultura, creado por Batista con el objetivo de manipulación ideológica de la intelectualidad.

La participación de cubanos en los congresos internacionales de filosofía  en el extranjero así como el incremento de eventos y  publicaciones  en el país constituyen un testimonio de la prolífica vida filosófica nacional de esos años.

La enseñanza de la filosofía no se limitaba a las universidades, pues tanto en  colegios privados,  seminarios religiosos,  como en los institutos de bachillerato esta disciplina ocupaba un lugar significativo en la preparación de los alumnos. 

Era frecuente la utilización de textos de autores españoles como Julián Marías o Manuel García  Morente, pero también de autores  cubanos como Ignacio Lasaga, Humberto Piñera Llera y Mercedes y Rosaura García Tudurí, entre otros.  Algunos de estos manuales de filosofía se continuarían utilizando durante  algunos años en la enseñanza de bachillerato en otros países latinoamericanos hasta fecha reciente.

En la actividad  filosófica incursionaban con frecuencia  prestigiosos  intelectuales que cultivaban otras disciplinas humanísticas y  científicas. En esos círculos fueron reconocidos Raúl Roa, profesor de historia de las ideas políticas, quien llegó a ser miembro de honor de la Sociedad Cubana de Filosofía; Juan Marinello, ensayista y estudioso de la obra martiana; Carlos Rafael Rodríguez, economista; José Antonio Portuondo, profesor de estética y crítico literario, entre los principales.

El triunfo de la Revolución Cubana en enero de 1959,  además de un significativo  acontecimiento político, tuvo de inmediato una extraordinaria trascendencia cultural. Una de sus bases fundamentales fue  una masiva campaña de alfabetización y el incremento considerable de la edición de libros.

La desaparición de las universidades privadas y colegios privados con la nacionalización de la enseñanza, unidos al incremento paulatino de los estudios del marxismo a tono con la declaración del rumbo socialista del país, condujeron a que la definición ideológica se hiciera más clara  en el seno de la actividad filosófica cubana.

La mayor parte de los miembros de la Sociedad Cubana de Filosofía marcharon al exilio por su desacuerdo con el carácter de la Revolución y desde allí continuaron su labor filosófica hasta sus últimos días. Otra parte permaneció en el país  e independientemente de que coincidieran o no con el marxismo, como es el caso de Justo Nicola, Antonio Sánchez de Bustamante y Montoro, Gustavo Torroella entre otros,   su identificación con el proceso revolucionario les hizo continuar su labor docente e investigativa y contribuir a la formación de nuevas generaciones filosóficas.

La revolución, desde sus primeras manifestaciones, había revelado sus profundas raíces martianas, es decir, antimperialistas, antiracistas, latinoamericanistas, democráticas y humanistas. Era lógico que en las nuevas circunstancias se estimulara mucho más el estudio de la versátil obra martiana y se tratase de justipreciar su magnitud filosófica. En 1960 la Universidad Central de las Villas publicó la obra La filosofía de José Martí del dominicano,  J. I. Jimenes-Grullón, quien en  esa época ejercía como profesor en Cuba.

Otros estudiosos cubanos de la obra martiana profundizaron en el valor de sus ideas filosóficas en las nuevas circunstancias. Juan Marinello concluía   en 1962 que :” No arrancaba Martí  de las concepciones materialistas que hoy empujan nuestra Revolución , pero en un sentido general, en su último desideratum, pugnaba por la realidad social que estamos construyendo” (16).

Roberto Fernández Retamar  puntualizaba también por aquellos años que  “Martí no fue un filósofo, en el sentido estricto del término, pero sí sin la menor duda , un pensador, uno de los más altos del tercer mundo. Además hay en su obra constantes barruntos plenamente filosóficos, los cuales dejó abiertos, esbozados”(17). Más que la determinación estricta de la filiación filosófica martiana lo que interesaba era la validez de sus ideas para la construcción de la nueva sociedad cubana. Por eso a continuación acentuaba “ El pensamiento de Martí es la conciencia de sus actos, como en todo pensador verdadero” (18).

La Revolución ha contado con un arsenal de ideas muy valioso en el pensamiento martiano.  Este hecho ha sido debidamente  aquilatado desde un inicio y por tal motivo se ha estimulado el estudio y divulgación de su obra.

A inicios de los sesenta la Revolución Cubana orientó cada vez más su rumbo hacia el socialismo. Si se aspiraba a cumplir realmente el programa inicial que la había inspirado, no había otra alternativa. El capitalismo dependiente y la ingerencia de los gobiernos estadounidense no iban  a posibilitar  que se produjesen tales cambios revolucionarios sin serios conflictos. La historia de estas últimas cuatro décadas del siglo XX de bloqueo y hostilidad de los gobernantes norteamericanos contra el pueblo cubano lo han demostrado.

El necesario acercamiento ideológico y político-económico al entonces campo socialista, encabezado por la Unión Soviética , tenía  que reflejarse en el devenir de la filosofía en Cuba.  Si con anterioridad  había sido contraproducente que los filósofos asumieran una postura indiferente ante las transformaciones políticas del país, mucho menos podrían dejar de expresar su compromiso o desacuerdo en la nueva época de efervescencia revolucionaria. En los momentos de grandes definiciones ideológicas se comprende mucho menos el pretendido torremarfilismo de algunos filósofos.

La nueva sociedad que se deseaba forjar demandaba una nueva generación filosófica y emprendió esa misión con los éxitos  y desaciertos que siempre acompañan  a los gestadores de grandes empresas.

Era plenamente comprensible que existiendo un referente tan atractivo  como el entonces existente campo socialista -coincidente en muchos de sus logros con los objetivos de la Revolución Cubana , aunque no en todos-, y fundamentado en la filosofía denominada marxista-leninista, se emprendieran intentos de reproducir aquellos esquemas  de desarrollo socioeconómico proclamados como única expresión del socialismo real  que se consideraban exitosos, así como concepciones y métodos de pensamiento que aceptados como absolutamente científicos, exclusivamente verdaderos, etc.

También era comprensible  que se demandara una nueva interpretación de la historia de Cuba desde la perspectiva de la concepción materialista de la historia, que con anterioridad había sido cultivada  esporádicamente por algunos estudios, como expresaba José Antonio Portuondo en 1963, “mostrando a la luz del marxismo-leninismo, la acción recíproca entre las bases económicas de nuestra historia y el proceso de superestructura cultural de la nación. Así se entenderá mejor la significación de las figuras señeras del pensamiento cubano -Arango, el P. Caballero, Varela, Saco, Luz, Delmonte, Pozos Dulces, Martí, Sanguily, Varona-, en función dialéctica de sus propias circunstancias históricas” (19).  Y para esa labor no bastaban los intelectuales marxistas de la época anterior. Era imprescindible crear una nueva generación formada en esa concepción.

La intención  de construir una nueva generación filosófica marxista que pudiese emprender esa tarea la  expresaba el propio  Portuondo - profesor de estética, conocedor  de la obra martiana y participante por esos años en varios congresos internacionales de filosofía-, cuando sostenía: “La revolución por su parte, está elaborando con ayuda de los países socialistas, sus propios filósofos orgánicos, forjados en el marxismo-leninismo”(20).

El proceso de implantación marxismo-leninismo  como filosofía oficial  y por tanto predominante  en el ambiente académico cubano fue gradual y no dejó de encontrar algunas resistencias. En primer lugar tuvo que superar el arraigado obstáculo del anticomunismo, tan enraizado  en  Cuba como en otras partes. A la vez  ese proceso significó una confrontación ideológica con las ideas religiosas y en especial con la Iglesia Católica , que lógicamente se oponían a la enseñanza de ideas materialistas y ateístas.

En la evolución de las ideas marxistas  a escala internacional se habían  producido varias crisis producidas por la aparición de discípulos heterodoxos que, sin abandonar las tesis fundamentales de esta filosofía,  se oponían a las interpretaciones dogmáticas que aparecían en manuales provenientes de la URSS o reproducciones al calco de autores cubanos.

Los nombres de Trotsky,   Lukacs, Gramsci, Sartre, Althusser, Marcuse, etc. - la mayor parte de ellos excomulgados por la intelectualidad soviética-, junto a los de Marx, Engels y Lenin, se hicieron comunes en el mundo intelectual cubano de los sesenta. En esos momentos  también comenzaba a valorarse la dimensión teórica de las ideas de algunos de los líderes de la propia Revolución.

La publicación de las obras de estos y otros autores se debió al esfuerzo del Instituto del Libro creado por la Revolución para revolucionar  la vida editorial del país. A esa labor se vincularon básicamente las revistas Casa de las Américas, Pensamiento Crítico, Revolución y Cultura que desempeñaron un significativo rol en la diversificación de las fuentes y promoción de temas teóricos novedosos. Por otra parte las revistas universitarias Universidad de La Habana , Islas, de la Universidad Central de las Villas  y  Santiago de la Universidad de Oriente desempeñaron una fecunda labor en la promoción del estudio del pensamiento cubano y latinoamericano, además de otros temas teóricos generales de las ciencias sociales y las humanidades.

Algunos debates que se produjeron en los sesenta al respecto  contribuían a estimular el espíritu creativo y antidogmático en el seno del marxismo. A la vez  tomaban  fuerza los manuales soviéticos de materialismo dialéctico e histórico,  economía política y socialismo científico que propugnaban una interpretación simplificada de la realidad, con el pretexto de ser escritos algunos de ellos para la comprensión de las grandes masas,  aunque en realidad se desvirtuaba el contenido científico y de alto vuelo intelectual que ha caracterizado a los más altos representantes de esa concepción del mundo.

Investigaciones venideras deberán demostrar si es acertado o no considerar que durante las décadas del sesenta y el setenta en Cuba los estudios sobre el pensamiento filosófico cubano y latinoamericano, propiamente,  -con la excepción del martiano- menguaron en comparación  con época anteriores y posteriores, como parece ser, aunque no se manifestase esa tendencia en otras expresiones del pensamiento cubano (político, histórico, literario, científico, etc.) los cuales   incluso se incrementaron considerablemente.

Esto no significa que se hubiesen abandonado totalmente las investigaciones sobre la filosofía en Cuba y Latinoamérica,  pero tampoco ocupaban el nivel de atención que se había apreciado  durante las décadas del cuarenta y el cincuenta, ni el que alcanzaría a partir de los años ochenta hasta nuestros días.

El rasgo eurocéntrico que hasta el momento había evidenciado la tradición marxista  no  propiciaba que se estimularan las investigaciones sobre la tradición filosófica cubana o latinoamericana.

Generalmente la intelectualidad marxista a nivel mundial  ha acentuado el origen y desarrollo por parte de europeos  de esa  teoría, subestimando los aportes a la misma de pensadores de otras latitudes.

No era este el caso del discurso político prevaleciente en esa etapa de la Revolución Cubana que se caracterizaba por su profunda vocación latinoamericanista y tercermundista. Pero ese no es el objeto del presente análisis  el cual se circunscribe fundamentalmente a la producción filosófica en el ambiente académico. Un análisis más  multilateral del devenir del marxismo en estos años de Revolución en Cuba  demandan una investigación más amplia que ya se emprende y muestra algunos de sus resultados (21).

La empresa revolucionaria que el pueblo cubano iniciaba en esa paradigmática, a nivel mundial,  década de los sesenta, exigía recuperar  lo mejor de la memoria cultural y política  de la tradición cubana. Cualquier aporte académico en ese sentido era extraordinariamente valioso, como fue la continuación  de la publicación en los sesenta de la Biblioteca de Autores Cubanos por la Universidad de La Habana , las  obras de autores cubanos contemporáneos que en esa década publicó la entonces existente Editora de la Universidad Central de Las Villas., la aparición en los setenta de  la colección Palabra de Cuba,  de la Editorial Ciencias Sociales y en los ochenta de Letras. Cultura en Cuba de la Editora Pueblo y Educación La toma de conciencia  de la necesidad de impulsar las investigaciones sobre el pensamiento cubano  se expresaba en 1965  en el prólogo de Loló de la Torriente a la edición de las obras de Mestre  en el que afirmaba: “Esta nueva obra del Dr. José Manuel Mestre viene a ampliar y robustecer el puente establecido entre el siglo XIX y el momento presente, es decir entre la tradición cultural cubana y el esfuerzo de nuestros escritores y artistas en la construcción de una cultura que responda tanto a nuestra formación histórica como a la realidad revolucionaria que está viviendo Cuba”(22).

Lo mejor de la intelectualidad cubana identificada con el proceso revolucionario  se dio a la tarea estimular el estudio de la herencia cultural nacional, aunque consciente de que “La obra de los pensadores y artistas del siglo XIX - nuestro siglo clásico, en cierto modo- , inspira como antecedente fecundo lo que ahora se realiza; pero los grandes hechos de la hora presente ofrecen magnitudes y trascendencia que no pudieron imaginar los maestros de ayer” (23). Esto significaba que la nueva época debía gestar sus propios pensadores cuyo grado de autenticidad les hiciese corresponder con las exigencias de la nueva época, aunque se inspirasen en las paradigmáticas figuras del pasado.

El liderazgo de ese programa de recuperación de la memoria histórica  no se encontraba propiamente en los círculos filosóficos. Y este hecho obedece a varias razones.

Con la Reforma de la enseñanza universitaria emprendida en 1961  desaparecieron las facultades de filosofía y letras de las tres universidades entonces existentes. Se mantuvieron las escuelas de letras, pero no las de filosofía. Estas últimas tendrían que esperar a los años setenta para su restablecimiento. La razón principal de tal espera fue la consideración de que no existían  profesores idóneos preparados para esa labor (24) y estos debían formarse básicamente en la URSS , pues aunque algunos llegaron a realizar estudios de filosofía en otros países del entonces campo socialista, esto  no fue lo usual dada  el recelo de que recibieran una formación que no se correspondiese con la orientación ideológica deseada que se correspondía a la orientación predominante en la Unión Soviética.

Se mantuvieron los departamentos de filosofía en cada universidad - que en algunos casos fueron denominados de filosofía marxista-leninista-,  y se generalizó en todas las carreras universitarias la enseñanza del materialismo dialéctico e histórico, así como la economía política y la teoría del socialismo o el comunismo científico, en correspondencia con las asumidas tres partes integrantes del marxismo.

En la actividad investigativa del Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de Cuba, creado también por esa época, no tuvieron inicialmente un grado de prioridad  los estudios sobre el devenir filosófico cubano y latinoamericano. Esa situación fue cambiando durante la década del setenta, a inicios de los ochenta hasta nuestros días, en que se convertiría en una de sus tareas principales.

La acelerada formación de licenciados y doctores en filosofía a partir de los años setenta en la Unión Soviética , daba como frutos un egresado conocedor adecuado al nivel correspondiente de la historia de la filosofía anterior a Marx, y una mayor profundidad en las ideas de este pensador así como en las de Engels y Lenin, pero no de otros marxistas.

En tanto, el estudio de la filosofía contemporánea, por lo regular, se efectuaba sobre la base de interpretaciones- de las traducciones al ruso de sus versiones- efectuadas por autores soviéticos. A la vez  el desconocimiento de muchos de los representantes del llamado marxismo occidental  era significativo.

En los estudios de historia de la filosofía se le prestaba generalmente mucha más atención a los pensadores de los pueblos que conformaban la Unión Soviética , que  a los latinoamericanos y cuando se le dedicaba alguna atención a estos últimos, en muchas ocasiones se trasladaban esquemas de análisis que no permitían una adecuada comprensión de la especificidad del pensamiento filosófico latinoamericano.

Lógicamente, los licenciados en estos estudios que regresaban a Cuba e iniciaban su labor docente e investigativa  se caracterizaban por su limitado conocimiento de la producción filosófica nacional y continental, que fueron superándose significativamente al percatarse de tal insuficiencia en su formación intelectual. Algunos de estos han llegado incluso a destacarse por sus investigaciones  sobre determinados aspectos de la filosofía latinoamericana, aunque otros mantienen esa insuficiencia en su formación intelectual..

Otro de los factores que pudo haber incidido en la relativa desatención en los estudios sobre  la filosofía cubana anterior fue el triunfalismo materialista que predominaba en la época , según el cual todo idealismo, además de erróneo se encontraba en franca retirada del escenario filosófico mundial.

Dado que era común caracterizar a los filósofos cubanos decimonónicos y de la etapa prerevolucionaria, así como a los latinoamericanos en sentido general como idealistas, muchos pensaban que no se justificaba  dedicar esfuerzos a estudiar “filosofías  moribundas”, en tanto que otros se dedicaron a “descubrir” materialistas por doquier.

Era común en esa época el siguiente criterio: “El pensamiento marxista-leninista (...) avanza y triunfalmente gana posiciones , aliado con los resultados de la ciencia. (...) El pensamiento idealista se ve a la defensiva, en una retirada que pretende conservar sus posiciones básicas”. (25). La filosofía idealista era caracterizada muchas veces de forma simple como agnóstica, decadente y reaccionaria.

La historia hoy se repite, pero en sentido inverso. Con la crisis del socialismo real y el marxismo, el auge del nihilismo, el escepticismo y el idealismo filosófico a escala internacional en general, muchos ilusos piensan que el materialismo y con él, el marxismo ya no tienen futuro ni razón de ser. La historia  también se encarga en su momento de revelar cualquier tipo de hiperbolización. Anteriormente fue la del triunfalismo materialista y del socialismo, ahora es la del  idealismo  subjetivista y empirista y el neoliberalismo. Este es un fenómeno internacional y en Cuba aunque se mantiene el predominio del marxismo respecto a otras posturas filosóficas, tampoco es absolutamente inmune a los vientos postmodernos.

A esto se añade el hecho que en determinados círculos académicos cubanos continuaba pesando el criterio que la filosofía había que estudiarla exclusivamente a partir de pensadores de algunos países europeos o norteamericanos, a los que en aquellos momentos  se le podía añadir los de la URSS ,  y por lo tanto no había que mirar mucho hacia el pensamiento nacional  ni hacia el contorno latinoamericano para encontrar la filosofía de verdad.

Estos, entre otros , fueron algunos de los factores que incidieron en que los estudios sobre el pensamiento filosófico cubano y latinoamericano no alcanzasen un mayor reconocimiento en el ambiente académico del país durante las décadas del sesenta y el setenta.

En la evolución de la filosofía cubana parece dibujarse una especie de tendencia pendulante entre posiciones materialistas e idealistas. Si la segunda mitad del siglo XIX prevaleció el positivismo sui generis, del que Varona  fue su máximo exponente, conjugado con formas del materialismo científico natural,  al iniciarse el siglo XX la oleada antipositivista  estimula el idealismo junto al irracionalismo y el fideísmo,  que fueron predominantes hasta mediados de este siglo.

Con la orientación socialista que tomó la Revolución Cubana y el  correspondiente arraigo del marxismo, lógicamente se inclinó más el péndulo de la difusión y cultivo filosófico  hacia el materialismo, en este caso  en su expresión dialéctica. Este metafórico movimiento pendulante  debe entenderse en sentido  de predominio de una corriente sobre la otra, lo cual no significa la desaparición de la contraria.

 En la última década de este siglo, acompañando a la crisis del “socialismo real” y el grado de afectación del prestigio del marxismo, algunos piensan que nuevas formas de idealismo, escepticismo, nihilismo, fideísmo, e irracionalismo con tintes posmodernistas, toman posiciones también en el ambiente intelectual cubano del mismo modo que se aprecia  tal tendencia a escala internacional.

En realidad en los noventa  el  marxismo trata de recuperarse y desvincularse de las interpretaciones dogmáticas que durante varios años fueron comunes en el ambiente filosófico cubano. Sin renunciar al contenido dialéctico, materialista, revolucionario y humanista  que forman parte de su posible  núcleo duro (26),  en articulación con las ideas económicas, sociológicas, políticas, etc., de esta teoría, una parte considerable de la intelectualidad en el país  en los momentos actuales trata  de ponerse a tono con los avances de las ciencias y el pensamiento del mundo contemporáneo, así como  continuar fundamentando la praxis revolucionaria cubana.

A pesar de estos factores adversos, siempre hubo espacios  en los que se mantuvo vivo el interés por estos temas. La Universidad Central de Las Villas  a inicios de los sesenta publicó  póstumamente Valoraciones,  de Medardo Vitier, obra en la  que reafirmaba la idea que: “Cuba puede enorgullecerse de su tradición filosófica, que llena todo el siglo XIX. Junto a los economistas y a los pensadores políticos, junto a los educadores y los revolucionarios, cerrando el armónico horizonte vemos lucir a distancia a nuestros filósofos. Los que  nos enseñaron a pensar, preparaban así la conciencia  para que solo quisiera y buscara lo digno y lo grande”(27).

La conmemoración del inicio los Cien años de lucha del pueblo cubano, -pues en 1868 se iniciaron las guerras por la independencia del país-, motivó que en 1968 se le dedicara atención a algunos de los destacados pensadores cubanos. Isabel Monal,  profesora del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana , publicó en ese año “Tres filósofos del centenario” dedicados a analizar el pensamiento de J.A. Caballero, F. Varela , J de la Luz y  su “Breve bosquejo de la filosofía en Cuba hasta el advenimiento de la República ”, en los que analiza la radicalización del pensamiento filosófico cubano en su transición hacia la modernidad y la articulación entre las ideas filosóficas y las transformaciones ideológicas que se produjeron en las distintas actitudes de las diferentes clases sociales expresadas en el positivismo varoniano, el ideario martiano y el pensamiento socialista a fines del siglo XIX. (28).

A ella se deben también valiosos estudios  de periodización y caracterización de las corrientes del pensamiento filosófico latinoamericano. En especial sus investigaciones sobre la escolástica en esta región le condujeron a considerar como reformismo electivo  las transformaciones paulatinas que se produjeron en el siglo XVIII con la articulación al pensamiento moderno y arriba a la conclusión que “es pues quizás con aquellos ponderados reformistas que se puede comenzar  a hablar de un pensamiento propiamente latinoamericano...”(29). En los últimos tiempos además de sus trabajos sobre el desarrollo del marxismo en general,  Isabel Monal ha prestado especial atención al devenir de esta teoría en el espacio intelectual cubano.

Las  raíces y particularidades del pensamiento filosófico cubano y latinoamericano  han sido objeto de reflexión en estos años de la época revolucionaria por intelectuales que desde distintas perspectivas y disciplinas han tratado de encontrar, y han  podido hacerlo, un tesoro de ideas humanistas que inspiran las nuevas transformaciones que aun hoy exigen los pueblos de nuestra América.

Alejo Carpentier declaraba en 1961 que “ Más aun, no podemos sino contemplar con alguna nostalgia la solidez de un humanismo latinoamericano (El subrayado es nuestro P.G.), que, en años a menudo terribles  por la proliferación de dictadores , el encubrimiento de los caudillos bárbaros, y la frecuencia de las asonadas militares, propiciaba los más fecundos y generosos intercambios  de hombres valiosos, nacidos en vecinos países del continente, a los cuales se confiaban las más altas responsabilidades culturales.”(30). Ese humanismo práctico es el que se puede apreciar en Bolívar o en Martí,(31) , así como en otros destacados   pensadores de estas fecundas tierras.

Así “el hallazgo  de un hilo conductor que marca el camino progresista del pensamiento cubano: Varela, Mestre, Luz, Martí, Varona, “ha sido una de las preocupaciones de Carlos Rafael Rodríguez (32), quien ha dedicado análisis específico a cada una de ellas.

La dimensión ética  del pensamiento cubano ha sido motivo de reflexión en Cintio Vitier  como se aprecia en su libro Ese sol del mundo moral,  en el que aun cuando no haya pretendido una “indagación filosófica”(33), ni tampoco histórica se confirma para bien la idea que no siempre los deseos de los autores se realizan en los resultados de sus obras.    También Julio Le Liverend ha profundizado en la articulación entre eticidad y pensamiento político cubano (34).

Armando Hart (35) coincidente con dicha articulación ha insistido en la forma en que se ha enlazado la tradición democrática y el socialismo en el proceso histórico cubano.

Desde los primeros momentos en que se apreció la orientación socialista de la revolución hubo marcado interés por estudiar los antecedentes del pensamiento socialista en Cuba. Eso lo atestiguan algunos estudios panorámicos sobre el anarquismo (36) y el socialismo utópico  como los de Rivero Muñíz (37), y otros estudios  más específicos sobre algunas de sus  figuras más representativas como los de Carlos del Toro sobre el socialista utópico Diego Vicente Tejera  (38). Las investigaciones sobre representantes del marxismo como  Carlos Baliño, han sido desarrolladas por Carmen Gómez  en Baliño, primer pensador marxista cubano  (1985), tesis que ha sido cuestionada por Jorge García Angulo al presentar a Ricardo García Garófalo en esa pionera condición(39).

A mediados de los setenta se conformaron en el país algunos grupos de investigación filosófica interesados por especializarse en el pensamiento cubano y latinoamericano.

En esa década  el autor del presente trabajo realizó una investigación sobre las particularidades  del positivismo en Cuba,(40) en especial en la obra de E.J. Varona junto a otras figuras de la cultura cubana   en la que acentuaba el carácter progresista y sui géneris de esta corriente filosófica en el contexto nacional. El análisis de las ideas ateístas, éticas, políticas y sociológicas de Varona permitieron diferenciar el carácter de sus ideas socialdarwinistas de las posiciones racistas usualmente vinculadas a esta concepción.   Las concepciones gnoseológicas de Varona fueron objeto de estudio de  Edel Tussel, quien reveló la forma en que el pensador cubano superó el subjetivismo y el agnosticismo propios de esta corriente de pensamiento. Un momento de avance en tales investigaciones lo constituyó la creación a fines de esa década  en la Universidad Central de Las Villas, en  Santa Clara, -en colaboración con los Institutos Superiores Pedagógicos “Juan Marinello”  de Matanzas y “Félix Varela”, Filial Cienfuegos-, de un equipo de investigación, que emprendió la tarea de estudiar el desarrollo  de El pensamiento filosófico en Cuba en el siglo XX. (1900-1960).  Este libro fue editado en 1995 por la Universidad Autónoma del Estado de México y en 1998 por la Editorial “Félix Varela” de Cuba.

 Los principales resultados de este trabajo   consisten en una caracterización de las ideas de los principales intelectuales que de distinto modo cultivaron el saber filosófico en el país durante ese período y la determinación de las etapas fundamentales, líneas ideológicas, corrientes filosóficas, temas y problemas de investigación, así obras y publicaciones periódicas más significativas de la vida filosófica nacional de ese período.

Por esa misma época surgen en el Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de Cuba, con la participación de algunos profesores de la Universidad de La Habana y el Instituto Superior Pedagógico “Enrique José Varona” un grupo  de investigación sobre historia de la filosofía  en América Latina.

También en la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba, algunos profesores impulsaron las   investigaciones sobre pensadores cubanos, especialmente las ideas filosóficas de José Martí, desarrolladas por José Antonio Escalona, como tesis doctoral. Posteriormente algunos investigadores de ese grupo se articularon a  los temas conjuntos de investigación sobre la autenticidad del pensamiento marxista en América Latina con la la Universidad Central de las Villas.

A fines de los setenta produjeron las primeras graduaciones de licenciados en filosofía  formados se supone de acuerdo a  la concepción marxista-leninista. . Resulta muy significativo que entre los temas de un grupo de  las tesis aparezcan al menos algunos relacionados con algunos pensadores cubanos como Luz y Caballero, Martí, y Varona.

A inicios de los ochenta se logró la coordinación de todos los grupos existentes en el país para la elaboración de dos obras de colectivos de autores: una historia de la filosofía en Cuba y una historia de la filosofía en América Latina.

El desarrollo de estas investigaciones coincidió con los intereses del Instituto de Filosofía de  la Academia de Ciencias de la URSS de elaborar una nueva Historia Universal de la Filosofía , en la que participaran autores de  diferentes países sobre sus respectivas áreas de estudio.

Con esos objetivos se sistematizaron e intensificaron las discusiones de resultados parciales de investigación, algunos de los cuales comenzaron a publicarse en la  Revista Cubana de Ciencias Sociales,   creada en 1983 y dedicada básicamente a temas filosóficos, así como en las  revistas universitarias ya existentes. Lamentablemente no se logró  la publicación final e integral de ambas obras que aspiraban ofrecer un análisis del desarrollo de la filosofía en América Latina, desde la perspectiva marxista con un carácter más objetivo y documentado que los hasta ese momento se conocían.

En esa labor desempeñó un liderazgo significativo Zayra Rodríguez Ugidos, quien anteriormente se había dedicado a estudios sobre filosofía clásica alemana y lógica dialéctica, así como a otros temas sobre la naturaleza de la filosofía marxista. Posteriormente orientó también su interés hacia  temas como el althuserianismo en México, como se aprecia   en su obra Filosofía, Ciencia y Valor  (1985) y algunos problemas gnoseológicos en José de la Luz y Caballero,  en el que llega  a la conclusión  que “las ideas de la ilustración y el enciclopedismo no ejercen en América Latina una influencia uniforme”(41).

Lamentablemente su muerte accidental, junto a la de Ileana Rojas Requena, quien también orientaba su interés junto a Daysi Rivero por Justo Sierra y la filosofía positivista en México (1987) produjeron una sensible pérdida en la vida filosófica cubana de los últimos tiempos. De este último trabajo junto  a otros estudios de Lourdes Rensoli, sobre El positivismo en Argentina,  publicado por la Universidad de la Habana en 1988 en la introducción a una antología sobre el tema, de Marisela Fleites sobre el positivismo en Brasil y    del que suscribe sobre el positivismo en Centroamérica y las Antillas  se elaboraron una conclusiones conjuntas, en las que se sostienen algunas  tesis caracterizadoras del positivismo y el materialismo científico natural en América  Latina (42).

Múltiples fueron los resultados  de aquel intento no concluido de escribir una historia de la filosofía en América  Latina. La cantidad fue tal que la Revista Cubana de Ciencias Sociales  dedicó una  sección en varios números  sobre investigaciones histórico-filosóficas en América Latina. También las revistas Islas  y Universidad de La Habana , entre otras publicaciones dieron a conocer  muchos de ellos. Las revistas Casa de Las Américas, La Gaceta de Cuba, Temas, Contracorriente y Revolución y Cultura han dado a conocer también  algunos de estos resultados.

 Entre esos trabajos  se encuentran los de Rigoberto Pupo sobre las ideas filosóficas de Antonio Caso, Eli de Gortari, Adolfo Sánchez Vázquez. Posteriormente Pupo ha publicado otros estudios sobre las ideas filosóficas de Martí. Marta Martínez Llantada abordó el pensamiento de José Vasconcelos  y otros autores se dedicaban a otros pensadores  y temas latinoamericanos. Es apreciable  que en los ochenta se incrementa el número de libros  relacionados con el desarrollo del pensamiento  latinoamericano y cubano.

En 1984 aparece La filosofía clásica alemana en Cuba (1841-1898) de Antonio Sánchez de Bustamante y Montoro, en el que además de analizar la distinta recepción de Kant en Varela, Luz y Perojo, así como de Hegel en Montoro y otros cubanos ilustres se detiene en los intentos de penetración del krausismo en este país.

Se publica también en 1984, Félix Varela. Su pensamiento político y su época de Olivia Miranda, quien se ha destacado por varias investigaciones sobre el desarrollo de la filosofía en Cuba. En tal sentido es muy meritoria  su labor en la obra colectiva del Instituto de Literatura y Lingüística: Perfil Histórico de las letras cubanas desde los orígenes hasta 1898 , publicado en 1983.  Especial atención le ha otorgado a Ecos de la Revolución Francesa en Cuba (1989) y últimamente al  estudio de la trayectoria del pensamiento marxista y leninista en este país.

 Un balance de los estudios sobre el pensamiento cubano y la filosofía latinoamericana alcanzados en los últimos  años en Cuba  debe  tomar  en consideración  también los alcanzados por el grupo de la Universidad de las Villas. Desde mediados de los años ochenta este desarrolló  investigaciones sobre la ruptura y continuidad en la herencia filosofía cubana, en los trabajos  de Miguel Rojas  que concluyó con su tesis doctoral. La mayor parte del equipo se incorporó desde mediados de los ochenta a la determinación del Humanismo en la filosofía latinoamericana de la liberación, investigación  que publicó integralmente Islas n. 99 en 1990 y posteriormente en 1993 la  editorial El Buho en Colombia.

En esta obra colectiva se llegó a la conclusión que :” La filosofía de la liberación   tiene una dimensión básicamente antropológica y humanista. Aun cuando en los momentos ontológicos, epistemológicos y axiológicos  afloran con necesaria frecuencia en los discursos de sus representantes, esto sólo se hace en función de contribuir  a una mejor comprensión de las particularidades  de la esencia humana  expresada de modo concreto a través  de las condiciones de  existencia  del hombre latinoamericano contemporáneo, para de ese modo establecer las vías efectivas de liberación social. Lógicamente tal análisis se efectúa con la utilización del aparato categorial de otras filosofías, como ya se observó al determinar  sus fuentes teóricas y el instrumentario existencialista, fenomenológico, marxista, historicista, etcétera, es utilizado indistintamente en los análisis, pero el móvil principal de sus reflexiones  es cómo alcanzar un status  superior  para el hombre de estas tierras marginadas, y no tanto el problema de su esencia. Indudablemente  la filosofía de la liberación ha desempeñado  un papel concientizador  al denunciar a todas las calamidades que subhumanizan al hombre latinoamericano”(43 ). Además se elaboró una clasificación de algunas de las principales  posiciones de las distintas tendencias que se aprecian en el seno de esta corriente  actual de la filosofía latinoamericana.

Los estudios sobre la filosofía de la liberación obligaron a profundizar el conocimiento sobre las características de la evolución del pensamiento marxista latinoamericano. También la  confrontación del marxismo con otras corrientes motivó algunos intereses específicos para profundizar en la cuestión. Con ese objetivo surgieron los libros de Pablo Guadarrama Marxismo y antimarxismo en América Latina ( 1990 ) , América Latina: Marxismo y posmodernidad.(1994) y Humanismo y autenticidad en el pensamiento latinoamericano. (1997).

Entre 1991 y 1995 el grupo desarrolló la investigación Autenticidad del pensamiento marxista en América Latina, aun en fase de edición, aunque algunos de sus resultados han sido parcialmente publicados. (44) Este trabajo  condujo al  grupo a analizar el impacto de la crisis del socialismo real y del marxismo en el tratamiento de algunos problemas teóricos por parte algunos representantes de la intelectualidad de izquierda en esta región.

 En la actualidad ese grupo  emprende la tarea de dar continuidad a los estudios sobre el pensamiento filosófico cubano, especialmente del marxista,  durante las últimas décadas del  siglo XX.

La animación del interés por el tema de la filosofía latinoamericana a partir de los ochenta se expresó en la realización en 1986 de un congreso nacional  dedicado al tema en el Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de Cuba.

A continuación en  1987 se desarrolló  en la Universidad Central de Las Villas el I  Simposio Internacional sobre Pensamiento Filosófico Latinoamericano. Este congreso se ha sistematizado y se han desarrollado en 1989, 1992, 1994, 1996 y 1998  Sus memorias  han sido  publicadas en  la revista Islas  de esa universidad(45).

También en dicha universidad en  noviembre de 1994 se organizó el I Taller de Pensamiento Cubano . Este evento  reunió a especialistas de diversas disciplinas que debatieron sobre las líneas ideológicas del pensamiento cubano en el contexto latinoamericano, las principales etapas y representantes del pensamiento cubano, el pensamiento marxista en nuestra identidad nacional y otros temas (46). En noviembre de 1995 se efectuó el segundo y en el se abordaron las cuestiones referidas a conciencia histórica y compromiso social en el pensamiento cubano, ruptura y continuidad en la evolución de las ideas en Cuba, así como el lugar del marxismo en el humanismo y la autenticidad del pensamiento latinoamericano. Y en enero de 1998 se desarrolló el III Taller dedicado al centenario  de la guerra hispano-cubano-norteamericana  del 1898 y su significación  en el pensamiento cubano, así como la articulación entre conciencia histórica y praxis social en esta centuria de la vida político social y cultural cubana.

Durante los años setenta e inicios de los ochenta era frecuente la presencia cubana en congresos de filosofía que se efectuaban en la URSS y en otros  países socialistas. Sin embargo, en ese período los contactos con filósofos latinoamericanos, aunque nunca desaparecieron del todo, tampoco eran muy usuales.

A partir de los años ochenta se  incrementó considerablemente la participación de profesores e investigadores de universidades y otras instituciones cubanas en congresos filosóficos en América Latina y en Europa Occidental.

A la vez paulatinamente se incrementó la visita  de filósofos latinoamericanos que se han destacado por sus trabajos referidos a la filosofía latinoamericana , entre ellos Leopoldo Zea, Arturo Andrés Roig, Enrique Dussel,  Gabriel Vargas Lozano, Horacio Cerutti, Ricaurte Soler, León Olivé, Mario Bunge, Alejandro Serrano Caldera, Hugo Biagini, Rubén Jaramillo, José Rafael Nuñez Tenorio, entre otros . Las intervenciones de estos investigadores en congresos, conferencias, etc. han contribuido significativamente a la motivación del ambiente intelectual cubano por este tipo de estudios.

La  participación de investigadores cubanos y extranjeros dedicados a estos temas han motivado el creciente intercambio con colegas de otros países. A la vez no se debe ignorar los estudios que sobre la filosofía en Cuba en estos años han desarrollados investigadores extranjeros como el Oleg Ternevoi, cuyo libro La filosofía en Cuba (1790-1878),  publicado en este país en 1981 constituye una obra de necesaria referencia.

 Otros investigadores de la ilustración cubana como Adalbert Dessau, Birgit Gerstenberg, así como los numerosos estudiosos del pensamiento martiano  que harían  extensa  su simple mención.  Evidentemente la dedicación de estos investigadores a tales estudios constituyen  otro aval de la riqueza intelectual del pensamiento  filosófico cubano.

Resultaría muy extenso hacer referencia a   todos los congresos, conferencias, libros y artículos que en las dos  últimas  décadas han abordado  en Cuba  la historia  de las ideas filosóficas  en “Nuestra América”. Pero sí resulta  imprescindible en el  presente análisis precisar algunos de los rasgos de  este tipo de investigación durante  las  últimas décadas de este siglo.

La mayor parte de estos estudios en un inicio han pretendido ser una adecuada aplicación  de la teoría marxista leninista  a las circunstancias históricas latinoamericanas. Tal criterio  ha partido del supuesto que el marxismo-leninismo  descubrió las leyes generales a través de las cuales discurren  básicamente las ideas filosóficas en su historia, - entre otras, la  lucha entre el materialismo y el idealismo, entre concepciones dialécticas y metafísicas  y entre las posturas reaccionarias y progresistas en el desarrollo social-,  por tanto solo se trataba de  apreciar como se han revelado estas leyes en el contexto latinoamericano.

El hecho de que objetivamente existan tales regularidades, junto a muchas otras,  en la evolución histórica de las ideas filosóficas no justifica que hayan sido frecuentes algunos enfoques simplificadores de la cuestión que han desfigurado algunas formas específicas  de la filosofía latinoamericana en su desarrollo histórico.

Durante algún tiempo se extendió el criterio de que al considerarse la filosofía marxista-leninista  el nivel superior de toda la historia universal de la filosofía, que contenía en sí una exclusiva  científica  respuesta para todas y cada una de las cuestiones medulares del saber filosófico, entonces la validez de las ideas de los restantes filósofos estaría en dependencia del mayor o menor grado de aproximación a esta filosofía.

En algunos casos se ha tratado de insistir en los elementos materialistas, ateos, anticlericales, dialécticos, revolucionarios, progresistas, etc.,  de  algunos pensadores cubanos que  puedan ser considerados antecedentes de la concepción marxista y de la ideología de la Revolución Cubana. . Cuando se ha planteado existencia de limitaciones o insuficiencias de estos pensadores, se ha hecho tomando como referencia, el marxismo-leninismo, o al menos lo que algunos consideran como tal, ya que en el seno de esta filosofía, existen, por supuesto, también posiciones contradictorias sobre un mismo problema..

Aunque en algunos pensadores latinoamericanos  realmente existen  elementos avanzados en el plano ontológico, epistemológico, axiológico, ideológico, etc. no es menos cierto que en ocasiones  interpretaciones forzadas han atentado contra la objetividad de los análisis.

La constante búsqueda de contradicciones en el pensamiento de algunos de los representantes de la filosofía latinoamericana no ha sido más que el producto de la imposición de determinados esquemas  de análisis. Cuando los autores en cuestión no se han correspondido con dichos enfoques preelaborados  ha sido considerados contradictorios, insuficientes, etc.

Pudiera apreciarse que durante un tiempo prevaleció un criterio teleológico  en cuanto al estudio de  la evolución de la filosofía latinoamericana.

A partir de la falsa idea de que todos los caminos conducen a Roma, se pensaba que todos los pensadores en la historia universal de la filosofía desde la antigüedad hasta nuestros días debían ser evaluados por su proximidad o distancia de las ideas de los clásicos del marxismo-leninismo, aun cuando no siempre estos se pronunciaron sobre todas y cada una de las cuestiones abordadas por el resto de los filósofos.

Este enfoque  comparativo basado en el  principi autoritatis forzaba a continuamente hacer referencia a frecuentes  citas de dichos clásicos, o en su defecto algún filosofo soviético reconocido que dejara marcado los puntos de referencias que indicaban los límites de la verdad y la falsedad.

El enfoque maniqueísta que prevaleció en esa época llevaba a considerar que a los filósofos latinoamericanos, al igual que a los del resto del mundo, había que encuadrarlos en dos bandos: materialistas o idealistas, dialécticos o metafísicos, progresistas o reaccionarios, etc.

La mayoría de los pensadores latinoamericanos, -con la excepción de los de ideas socialistas que siempre han sido  menos-,  eran considerados dentro de la tradición del pensamiento burgués.  Tal enfoque dicotómico implicaba observarlos con alguna  prevención  e insistir en sus limitaciones ideológicas además de su distancia de la única concepción verdaderamente científica del mundo. Indudablemente estos criterios afectaron parcialmente la comprensión de la especificidad y el valor de las ideas de algunos representantes de la filosofía en Cuba y Latinoamérica.

Afortunadamente este tipo de enfoque  aunque predominó bastante, y aun no ha desaparecido del todo, fue gradualmente superado en la misma medida en que se profundizó en el conocimiento de las particularidades del pensamiento filosófico latinoamericano.

Una vez que comenzó a apreciarse que el desarrollo de la filosofía  en cualquier parte del mundo  no puede limitarse a diferenciar  lo blanco de lo negro y que existen diversas tonalidades de grises, la valoración de la herencia filosófica cubana y latinoamericana  se ha hecho mucho mejor  pues ha contado  con mayores elementos de objetividad.

Ha sido común caracterizar  a los pensadores latinoamericanos como cultivadores de un humanismo abstracto  que en cierto modo descalifica sus ideas. No siempre se ha tenido presente de forma adecuada los diversos grados de concreción que en circunstancias distintas han sido propias de  estos hombres,  quienes  se han enfrentado a diversas formas de alienación en las diferentes épocas que les ha correspondido vivir.

Las investigaciones en el terreno de la ética en el país aunque tomaron auge como se expresa en múltiples publicaciones no le dedicaron inicialmente un capítulo  aparte como luego se podría observar en algunos estudios sobre las ideas  éticas de algunos pensadores  latinoamericanos.

No ha sucedido lo mismo con el estudio de las ideas estéticas en Latinoamérica. El hecho de contar América Latina con una riqueza extraordinaria en su producción literaria y artística ha incidido en que su análisis estético haya proliferado en Cuba, aunque no siempre realizado por los filósofos de profesión. Han sido  con mayor frecuencia por profesores de literatura y arte latinoamericanos quienes han aportado valiosos estudios sobre el tema. Los análisis de la identidad cultural latinoamericana  han motivado reflexiones filosóficas  en Roberto Fernández Retamar, Armando Hart, Enrique Ubieta, entre otros. Este último además de su libro  Ensayos de identidad (1993), se ha dedicado al estudio de otras personalidades  y problemas del pensamiento cuban, y especialmente a la obra de José Martí. El tema de la identidad cultural latinoamericana  ha sido cada vez más frecuente motivo de  análisis filosófico como puede apreciarse en el libro La polémica sobre la identidad (1997) de Georgina Alfonso, Emilio Ichikawa. Miguel Rojas y Sergio Valdés.

El estudio de los problemas axiológicos en el pensamiento latinoamericano no ocuparon la mayor atención  hasta fines de los setenta. A partir de entonces,  el hecho que en el seno de la propia filosofía marxista   este tema tomara cierto interés incidió favorablemente en que se orientara también la mirada hacia el ámbito latinoamericano, como se observó en los últimos trabajos de Zayra Rodríguez, y posteriormente en los de  José Ramón Fabelo,  en su libro Práctica, conocimiento y valoración  (1989)  y América Pérez, quienes se han dedicado  a la revalorización del pensamiento axiológico latinoamericano, especialmente de Risieri Frondizi, Eduardo García Maynez, etc..

Algo similar sucedió con las investigaciones  sobre el desarrollo de la filosofía de la ciencia en América Latina. Con la constitución en la Universidad de La Habana   de un grupo dedicado al estudio de los problemas filosóficos del desarrollo de la ciencia y la tecnología en América Latina, dirigido por Jorge Nunez Jover, se suplió esta ausencia. Muchos de los resultados de este equipo han encontrado eco académico tanto en el país como en el extranjero.

En el caso de la filosofía analítica  no ha encontrado en Cuba  una significativa recepción  por múltiples factores que demandan un estudio especial.

Las investigaciones sobre la influencia de algunas corrientes del pensamiento norteamericano en Cuba, como es el caso del pragmatismo, han sido también atendidas,  en proporción a la  limitada magnitud que estas ideas tuvieron en la primera mitad del siglo XX cubano.

Sin embargo los estudios sobre la huella de la fenomenología y el existencialismo en Cuba o en América Latina han sido escasos, del mismo modo que sobre los   cultivadores de otras corrientes de la filosofía contemporánea, como el  historicismo, el vitalismo, el neokantismo, etc.

El  análisis sobre los problemas metodológicos que implican las investigaciones sobre la historia de la filosofía en América Latina no ha constituido una preocupación de amplia magnitud, aunque existen algunos análisis dedicados al tema, especialmente a la cuestión de las periodizaciones 47)Sin embargo, las cuestiones relacionadas con su originalidad y autenticidad (48)  - que tanto han preocupado a investigadores de otros países de la región no ha sido tan común en Cuba.

Tal vez aquel criterio según el cual  el marxismo-leninismo poseía su instrumentario metodológico tan correctamente elaborado por lo que solo se trataba de una adecuada aplicación  al pensamiento latinoamericano, incidió en que no se le dedicara mayor  atención al asunto. Otros factores, que requerirán investigación aparte, también pudieron  haber incidido en esa relativo descuido de los estudios sobre el pensamiento filosófico cubano y latinoamericano

El tema del pensamiento religioso cubano y  latinoamericano durante la década del sesenta y el setenta tampoco ocupó el lugar que posteriormente alcanzaría entre los investigadores de este país. La conflictiva relación inicial de la iglesia católica, con el rumbo de la Revolución Cubana   incidió de algún modo en tal desatención. Esta situación se ha modificado sustancialmente en los últimos años como pudo apreciarse con la visita del Papa Juan Pablo II a la Isla.

 En esa labor de investigación sobre las ideas religiosas se destaca Jorge Ramírez Calzadilla y el Departamento de Estudios Socioreligiosos del Ministerio de Ciencia , Tecnología y Medio Ambiente  en lo que a la problemática filosófica, psicológica y sociológica se refiere. Los estudios de carácter histórico  han encontrado cultivadores en Enrique López Oliva y otros investigadores.

El auge de la  teología de la liberación en América Latina incidió favorablemente en el auge de estos estudios en Cuba .

 A partir de los ochenta tanto en las universidades y tras instituciones científicas y docentes  como en algunos seminarios religiosos se ha evidenciado mayor interés por la herencia filosófica nacional  y latinoamericana. Esto puede apreciarse en los trabajos  de Rafael Cepeda, quien ha estudiado el pensamiento de Manuel Sanguily y Lo ético cristiano en la obra de José Martí (1992);  Reinerio Arce, en su libro Religión: poesía del mundo venidero. Implicaciones teol[ogicas en la obra de José Martí (1996):  Adolfo Ham, quien ha investigado sobre las ideas filosóficas y teológicas de José de la Luz y Caballero  y otros representantes   del pensamiento filosófico cubano, especialmente sobre  Jose Martí.

Un lugar especial han ocupado en los últimos años las tesis doctorales sobre las ideas filosóficas de José Martí, entre ellas se encuentran las de Adalberto Ronda, José Antonio Escalona, Ordenel Heredia y otros investigadores.

No es posible tampoco ignorar los valiosos estudios que sobre el pensamiento político cubano y latinoamericano han desarrollado numerosos historiadores cubanos, cuyas investigaciones por lo regular trascienden su disciplina y se adentran en múltiples problemas de raíz filosófica. Este es el caso de los trabajos de Sergio Aguirre sobre las actitudes ideológicas de la burguesía cubana, Alberto Prieto sobre Bolívar y otros próceres latinoamericanos , y Eduardo Torres-Cuevas  sobre La polémica de la esclavitud José Antonio Saco. (1984), Antonio Maceo, las ideas que sostiene el arma (1995), Félix Varela, los orígenes de la ciencia y la con-ciencia cubanas (1995), así como los de Jorge Ibarra, Sergio Guerra, Pedro Pablo Rodríguez, Oscar Loyola y otros historiadores sobre José Martí y otros pensadores latinoamericanos. Gabino de la Rosa se ha destacado por sus investigaciones sobre el librepensamiento y el ateísmo en Cuba, las ideas de Varona, Antonio Mestre y otros momentos de la filosofía cubana. Del mismo modo los investigadores sobre la historia de la ciencia en Cuba han ofrecido sustanciales aportes a estos estudios como los de Pedro M Pruna Goodgall sobre Los jesuitas en Cuba hasta 1767. (1991) y otros trabajos.

En la actualidad los estudios académicos en Cuba sobre el pensamiento filosófico cubano y en especial  su significado en la  filosofía latinoamericana  se han incrementado considerablemente. Además de los proyectos de investigación que ejecutan los grupos constituidos,  se desarrollan cursos de maestrías y estudios de doctorados en la Universidad Central de las Villas y en la Universidad de La Habana sobre estos temas. Entre varias de las tesis doctorales que en los últimos años se han sustentado en Cuba sobre estos temas se encuentran las de Carlos Delgado sobre el pensamiento ético  de Ernesto Che Guevara;Mirta Casaña  sobre la recepción del marxismo en la obra de Leopoldo Zea; Héctor Pupo sobre la cuestión del sujeto en José de la Luz y Caballero; Miguel Rojas sobre la continuidad y ruptura de la filosofía en Cuba en la primera mitad del siglo XX:  Ileana Capote sobre el pensamiento político de Raúl Roa; Carmen Barandella sobre el positivismo de José Ingenieros; Jorge González sobre las ideas filosóficas de José Enrique Rodó, Rafael Plá, sobre la cuestión de lo universal el la filosofía  de la liberación; María Teresa Vila Bormey  sobre la conciencia histórica y la praxis en la filosofía de la liberación. Los temas de tesis de maestría y de licenciatura  referidos a este asunto  son significativamente considerables.

En otros centros de educación superior del país  como los institutos superiores pedagógicos de La Habana , Matanzas, Santa Clara, Camagüey y Santiago de Cuba,  así como algunos institutos superiores de ciencias médicas de estas ciudades, también se ha hecho algo más común encontrar investigadores de estos temas. Resultó muy estimulante para los investigadores de esta esfera que desde mediados de los ochenta el  gobierno cubano haya insistido en la necesidad de profundizar en el conocimiento de la historia de América  Latina y en especial en las raíces y valores del pensamiento de esta región y con ese objetivo ha propiciado encuentros y publicaciones referidas al tema en cuestión.

Objeto de especial análisis ha sido el pensamiento de Ernesto Che Guevara,  en sus múltiples aspectos económico,  político,  ético, etc. labor esta que se intensificó  durante 1997  con motivo del treinta aniversario de su muerte (49). De la misma forma en etapa más reciente también el pensamiento de Fidel Castro, Carlos Rafael Rodríguez, Raúl Roa, y otras personalidades de la  cultura y la vida política nacional de actualidad son  objeto de varias  investigaciones en esos y otros planos.

La toma de conciencia de la significación especial de mantener el cultivo de las ideas marxistas y leninistas en condiciones internacionales tan adversas para el socialismo, en la actualidad ha motivado  un incremento en las reflexiones sobre las particularidades del marxismo en Cuba. Los nuevos textos docentes para las asignaturas de filosofía han incorporado (50) referencias específicas a pensadores cubanos y latinoamericanos, lo que no era tan común en la etapa anterior.

Algunas personalidades del pensamiento marxista en América Latina,  como José Carlos Mariátegui, especialmente con motivo del centenario de su nacimiento,  han dado lugar a congresos y publicaciones sobre este tema en los que otros investigadores cubanos como Joaquín Santana., quien dedicó una investigación al pensador peruano,  Jorge Luis Acanda , -quien escribió su tesis doctoral sobre la obra de Adolfo Sánchez Vázquez- Xiomara García que anteriormente estudió las ideas filosóficas de Medardo Vitier y posteriormente la filosofía de la praxis en Sánchez Vázquez,  también  participaron en estos eventos dedicados al Amauta.

La cuestión de la crisis del marxismo  -que durante algún tiempo encontró cierta resistencia a su admisión en determinados círculos- se ha convertido en objeto frecuente  de reflexión  con la profundidad y amplitud que merece el problema.

La oxigenación en los debates sobre la crisis teórica de la filosofía marxista han contribuido de algún modo a una mejor comprensión de las actitudes  de algunos marxistas en América Latina -como en otras partes del mundo-, durante la época del “socialismo real” que no eran tan apreciados entonces  debido a sus posturas heterodoxas respecto al pensamiento filosófico soviético.

Existe plena conciencia del papel de la intelectualidad cubana en las circunstancias actuales respecto a esta conflictiva cuestión.  Indudablemente, también en el seno de esta se han producido desafecciones y renegados del marxismo,  pero en ningún caso con la magnitud que se ha apreciado en otras  latitudes, especialmente en los otrora países socialistas. A la vez se ha estado muy al tanto de los debates que sobre este asunto se han desarrollado últimamente en el resto de los países latinoamericanos y en otras partes del mundo.

Finalmente, se puede llegar a la conclusión de que en el estudio en Cuba del pensamiento filosófico cubano y latinoamericano en esta segunda mitad del siglo XX se han alcanzado  logros significativos.

Se ha llegado a la comprensión de que la filosofía en los países de “nuestra América” no ha consistido en una  simple copia del pensamiento europeo. La mayoría de los  auténticos pensadores latinoamericanos se han situado en su circunstancia nutriéndose de lo mejor de la herencia filosófica universal  y la han enriquecido con reflexiones propias  que se han correspondido con las exigencias epistémicas, axiológicas e ideológicas de su época  específica.

Los investigadores cubanos de la filosofía latinoamericana no han emprendido su misión con la intención premeditada de descubrir a algún pensador de estas tierras que revolucione y supere todas las concepciones filosóficas de su momento. Sus puntos de partida no han sido complejos de superioridad, pero tampoco de inferioridad intelectual. Solo han aspirado, y en cierto modo lo han logrado, determinar algunos de los rasgos que permiten considerar a nuestros filósofos, activos participantes de la cultura occidental y por tanto de toda la cultura humana, que han  sabido plantear los problemas a tono con los conocimientos científicos y filosóficos de su época y en función de cumplir  misiones desalienadoras y humanistas, lo más concretas y prácticas de acuerdo a sus posibilidades históricas.

Por tal motivo se ha llegado a la conclusión de que la filosofía en América Latina ha sido y tendrá que ser, como la concibieron Alberdi y tantos otros pensadores auténticos, eminentemente política y social, porque de otro modo no se explicaría que haya desplegado en ciertas ocasiones el papel de fermentadora ideológica de múltiples transformaciones necesarias.

Eso no significa que todos los filósofos latinoamericanos hayan desempeñado ese rol. También en su repertorio se inscriben personalidades de no menor talla intelectual, pero que no pusieron su pensamiento en función de tales objetivos.

Algunos han pensado de forma equivocada que la misión de la filosofía concluye en el umbral de la cátedra o en las páginas de un libro, por lo que consideran que su máxima y exclusiva misión es formar a nuevos filósofos para que sigan reproduciendo la labor eminentemente hermenéutica  de  sus maestros.

 Otros, algo más realistas, pero no por eso menos equivocados  honestamente han pensado y tratado por todos los medios de argumentar que la salida de los pueblos latinoamericanos ha consistido en  reproducir al dedillo los modelos de organización sociopolítica y económica de los países capitalistas desarrollados, así como los sistemas de pensamiento que los han fundamentado, sin percatarse de la imposibilidad histórica de tales procedimientos.

La  diferenciación de actitudes y concepciones ha permitido precisar cuales se inscriben en la mejor expresión de la herencia filosófica y cultural latinoamericana. Esto ha posibilitado delimitar líneas  y corrientes de pensamiento, a la vez que determinar la forma en que  nuestros pensadores han roto con esquemas de clasificación usuales propias de otros contextos.

Se ha arribado a la conclusión de que la producción filosófica latinoamericana no se caracteriza por la elaboración de grandes sistemas  integrales  y compendiadores,  como acostumbran otras tradiciones de pensamiento, especialmente el alemán, lo que  ha dado lugar incorrectamente a que sea considerado el modo de filosofar por excelencia.

Pero el hecho de que las ideas de los filósofos latinoamericanos no se expresen a través de elaborados sistemas armónicos no significa que esté ausente en ellos el imprescindible enfoque sistémico que es inherente a todo saber filosófico. Del mismo modo, la utilización del ensayo  como una de las vías fundamentales de elaboración del discurso filosófico, no demerita en nada el valor de la riqueza intelectual de la filosofía latinoamericana y a la vez le concede el valor estético que presupone este tipo de expresión discursiva.

Por tal razón, la búsqueda de la producción filosófica latinoamericana no se ha reducido ni se puede limitar a aquellos que profesionalmente son considerados filósofos, por sus estudios realizados o por la labor docente o investigativa desarrollada. El criterio de determinación de la existencia de saber filosófico ha tenido y tendrá que ser siempre mucho más amplio y tendrá que ser hurgado entre múltiples profesiones y manifestaciones de la cultura latinoamericana.

Se ha verificado que Cuba ha contando con una honorable  trayectoria en su pensamiento filosófico dentro del concierto latinoamericano. Sin embargo, la misma ha tenido momentos de gran producción  y otros de relativo decaimiento. Esos ascensos y descensos han guardado relación con el desarrollo universal de la filosofía, pero en especial con la vida filosófica latinoamericana , de la cual Cuba, en última instancia, también forma parte. A pesar de los intentos por aislar a este pueblo de su comunidad cultural natural , - a la cual se plegaron inicialmente algunos gobiernos de la región - esto no pudo lograrse.

Toda época revolucionaria  produce necesarias aceleraciones en la vida social  del país que la vive, pero también justificados e injustificados retrocesos. Ninguna revolución puede impulsar de manera uniforme todas las ideas y objetivos que la inspiran. Las prioridades de la vida política, ideológica, económica, etc.  siempre dejan sentir su efecto  en el ambiente académico y cultural. Cualquier proceso revolucionario como el sol tiene manchas y hay quienes lamentablemente sólo se detiene a precisar el contorno y la dimensión de las mismas, aun cuando les distorsione la mirada el poderoso efecto de la luz.

Los estudios en Cuba sobre el pensamiento cubano y la filosofía latinoamericana durante esta segunda mitad del siglo XX,  etapa de la cultura cubana marcada básicamente por su Revolución, no solo dieron continuidad a los valiosas investigaciones de generaciones anteriores, sino que se han elevado a un nivel superior.

La justa valoración de tal proceso de superación le corresponderá a los nuevos investigadores del siglo XXI. Pero los actuales tienen el deber inexcusable de emitir su juicio, aun cuando siempre serán criticados, en este caso por la incómoda postura de ser obligatoriamente  juez y parte, con la necesaria cuota de subjetivismo que siempre imponen tales circunstancias. Sin embargo, las investigaciones futuras agradecerán mucho más el pronunciamiento culpable que el silencio cómplice.

Un revolucionario pensador del siglo XIX - cuyo espectro no descansó en el XX y no parece dispuesto a descansar en los próximos- consideraba con razón que “así como no se juzga a un individuo por la idea que el tenga de sí mismo, tampoco se puede juzgar tal época de revolución por la conciencia de sí misma” (51). Pero  este siglo de revoluciones, unas fracasadas y otras victoriosas, también con no menos razón enseña que la objetividad en la valoración, lo mismo de un individuo que de una revolución, no puede lograrse considerando solamente lo que piensan los demás, e ignorando  lo que piensan de sí mismos.

La filosofía en Cuba hace mucho tiempo que llegó a su plena madurez porque admitió el ejercicio de la crítica - en tanto   filosofía, y no teología- , como la premisa indispensable de todo saber filosófico. Cualquier intento por penetrar en este reino del saber presupone asumir los riesgos comunes a todo conquistador.


 

Referencias bibliográficas:

1.                 Véase: Arce, L.  “La enseñanza filosófica en  el siglo XVIII en la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo” en Universidad de la Habana. N. 179. 1966. P. 50-55.

2.                 Véase: Guadarrama, P,  “La filosofía en Las Antillas bajo la dominación española” en Marquínez Argote, G.  y Beuchot, M  (Editores). La filosofía en la América colonial. Editorial El Buho.  Bogotá.  1996. P. 101-139.

3.                  Después de formular algunas de las principales ideas de José de la Luz y Caballero, Mestre plantea: “ Y decidme ahora si el hombre que ha pensado y formulado tales principios no es un verdadero filósofo. D. José de la Luz lo es indudablemente.” Mestre, J. M. Obras. Biblioteca de Autores Cubanos. Universidad de la Habana . La Habana. 1965. P. 209.

4.                 Miró Quesada, F. Despertar y proyecto del filosofar latinoamericano. FCE. México. 1974. P. 13.

5.                 Martí, J. “Nuestra América”. Obras Completas.  Edit. Ciencias Sociales. 1975.. T.II. P. 18.

6.                 .“La historia de la cultura en nuestros países -que ya se viene haciendo- ha de escribirse a la luz de tres realidades: los rasgos diferenciales de cada país, las condiciones de conjunto  en la formación de Hispano América y las corrientes sucesivas y distintas de las ideas de Europa.” Vitier, M. Las ideas y la filosofía en Cuba. Editorial Ciencias Sociales.La Habana. 1970. P. 21.

7.                 Mañach, J. “El problema de los valores”:Bohemia. La Habana. Año 38. no. 29. Julio 21 de 1946. P. 27.

8.                 Masó Fernández, F. “Ortega y la filosofía americana”. Revista Cubana de Filosofía. La Habana , Vol. IV. No. 14. Julio. Septiembre de 1956. p. 28.

9.                 “El  Congreso Interamericano de Filosofía”, Revista Cubana de Filosofía. La Habana. Vol. IV. N. 16. Julio-septiembre. 1957.p 10-11.

10.              “No podemos desdeñar que la filosofía romántica del siglo XIX  buscó la conexión más con el arte  y con la religión que con la ciencia mecanicista y matematizante. Y aunque no puede convertirse en paradigma de sana filosofía, una filosofía meramente literaria, ni tomar los elementos de romanticismo del pasado siglo como fundamentos definitivos  para una nueva concepción de la existencia, hemos de destacar debidamente la significación positiva que puede implicar para las nuevas corrientes de pensamiento esa tendencia esteticista y emocional de nuestros pueblos”, García Bárcena, R. “Coyuntura histórica para una filosofía latinoamericana”. Revista Cubana de Filosofía.   La Habana.   Junio-julio 1946, no.1. p. 34

11.              .Agramonte, R. “Prefacio a la filosofía cubana” .Revista Cubana de Filosofía.   La Habana. Enero- diciembre de 1948. Vol. I. n. 3. p. 11.

12.              García Bárcena. R. “Homenaje al maestro”. Revista Cubana de Filosofía.   La Habana , V.I.n 4. Enero-junio 1949. P.3.

13.              Piñera, H. “Sobre la  filosofía y la primera mitad del siglo XX”. Revista Cubana de Filosofía. La Habana ,  V. II. N. 7.  Enero-marzo. 1951. p. 16.

14.              Aja, P.V. “Montoro en la tradición filosófica cubana”. Revista Cubana de Filosofía. La Habana , V,II, n. 10. p.33.

15.              García Tudurí, R.  “Influencia de Descartes en Varela”. Revista Cubana de Filosofía. La Habana. Vol.III.   No. 11.enero abril de 1995. p. 28-35.

16.               Marinello, J. “El pensamiento de Martí y nuestra Revolución Socialista”  Cuba Socialista. La Habana. Año II. 5. Enero 1962. P. 37.

17.              Fernández Retamar, R. “ Martí en su (tercer) mundo”. Cuba Socialista. La Habana Año V. N. 41. Enero de 1965. 54.

18.              Idem. P. 58.

19.              Portuondo, J.A.  “Hacia una nueva historia de Cuba”.  Cuba Socialista. Año III. N. 24. Agosto. 1963. p. 36.

20.              Portuondo, J. A. Crítica de la época y otros ensayos. Universidad Central de Las Villas. Santa Clara. 1965. P. 127.

21.              En los últimos años han aparecido numerosos trabajos que demuestran el interés por profundizar en la cuestión de las particularidades del pensamiento marxista cubano de la etapa revolucionaria. Véase entre otros: Monal, I. “La huella y la fragua: el marxismo, Cuba y el fin de siglo”; Martínez, F. “Izquierda y marxismo en Cuba”; “Santana,J. “Algunos problemas de la filosofía marxista y su enseñanza”; Alonso,A. “Marxismo y espacio de debate en la Revolución Cubana ”; Miranda, O. “El marxismo en el ideal emancipador cubano durante la república neocolonial; Ravelo, P. “Posmodernismo y marxismo en Cuba”; Temas. La Habana. N. 3 Julio-septiembre 1995.; Guadarrama, P. “Cuba: marxismo soviético o marxismo occidental” en América Latina: marxismo y posmodernidad. Universidad INCCA de Colombia. Bogotá. 1994; Acanda, J..L. “Cinco puntos para pensar el tema cultura nacional y marxismo”; Harnecker,M. “El marxismo y la cultura nacional”; Ichikawa, E. “El marxismo y la cultura nacional”; Ubieta, E. “Apuntes  sobre el marxismo y la cultura nacional”; Martínez, H. “Marxismo y cultura nacional”. Contracorriente. Año I. N. 1. Julio septiembre. 1995. P. 101.116.

22.              Torriente, L, de la. Introducción . Obras.José Manuel Mestre. Biblioteca de Autores Cubanos.  Universidad de la Habana. 1965. P. X.

23.               Marinello,J. “Cuba: Pueblo y cultura”. (1963).Obras.Cuba; Cultura. Letras Cubanas. La Habana. 1989. P. 131.

24.              “En Cuba  no existe todavía una Escuela o Facultad de Filosofía. Es muy reciente el proceso de tránsito de la sociedad semicolonial a la sociedad socialista en desarrollo, y fueron muy limitados  los cuadros intelectuales cubanos con formación marxista durante la etapa de lucha. Una Escuela o Facultad de Filosofía no se puede improvisar, ni sus cuadros pueden ser trasladados de otros países al nuestro.” García Galló, G.J.  “La formación de cuadros científicos  y técnicos en Cuba”. Islas. Revista de la Universidad Central de las Villas. Santa Clara. N. 19. Octubre -diciembre de 1965. p. 53.

25.              Rodríguez  Solveira, M. “Breve reseña del XIII Congreso Internacional de Filosofía” Cuba Socialista. Año III. N. 27. Nov. 1963. p.131.

26.               “En el marxismo, cuatro parecen ser los pilares  fundamentales que sostienen el resto de su complejo andamiaje: 1) el materialismo filosófico sustentado en la perspectiva histórico-social; 2) la comprensión dialéctica del mundo; 3)el humanismo en su pretensión concreta de realización del ideal comunista y 4) el carácter práctico-revolucionario de sus proyecciones en todos los planos de la vida social. Cada una de estas columnas no se sostienen a su vez por sí mismas, sino que exigen de un permanente apuntalamiento por parte de los complejos arquitrabes que, al igual que el núcleo duro en general , no pueden ser esbozados de una vez y por todas.” Guadarrama, P. “El núcleo du ro de la teoría marxista y su afectación por la crisis del socialismo”. Colectivo de autores. El derrumbe del modelo eurosoviético. Una visión desde Cuba. Editorial Félix Varela. La Habana. 1994. Segunda edición. 34.

27.              Vitier, M. Valoraciones. Universidad Central de Las Villas. Santa Clara. 1961.t. II. p. 16.

28.              Véase: Monal, I. “Tres filósofos del centenario”. Revista Universidad de la Habana.  1968; “Breve bosquejo de la filosofía en Cuba hasta el advenimiento de la República. Lecturas de Filosofía. Estudios. La Habana. 1968. ” . p. 117-119.

29.              Monal, I. Las Ideas en América Latina.  Casa de las Américas. La Habana ,.1985.  T. I. P. 180.

30.               Carpentier,A.  “Informe al congreso” Casa de Las Américas.  Año II. N. 9. Septiembre-octubre 1961. p.18.

31.              Véase: Guadarrama,P. “Humanismo práctico y deslienación en José Martí” en José Martí 1895-1995. Literatura, política, Filosofía, Estética. Lateinamerika Studien. Universitat Erlangen-Nurnberg. N. 10. 1994.

32.              Rodríguez, C.R. Letra con filo. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 1983.p. XIV.

33.              Vitier, C. Ese sol del mundo moral. Ediciones UNION. La Habana. 1995. P.7.

34.              “Quizás un estudio de la evolución de las ideas éticas en Cuba desde el P. José A. Caballero nos daría más de un argumento para ver, si no una total continuidad, por lo menos un cierto énfasis común en algunas cuestiones; énfases que va adquiriendo precisión y hondura con el cambio de la realidad colonial. En este sentido, e independientemente del hecho de que, por su inserción social, Martí es portador de sentimientos y pensamientos más penetrantes que todos los cubanos precedentes”. Le Riverend, J. “Martí: ética y acción revolucionaria”. En Anuario Martiano.   Biblioteca Nacional de Cuba. La Habana. 1970. P. 125.

35.              Hart, A. Perfiles. Figuras Cubanas.  Ediciones CREART. La Habana. 1994.

36.              Véase: Mendoza, R. “El anarquismo en Cuba” Tesis Doctoral. Universidad Central de Las Villas. Santa Clara. 1987.

37.              Véase: Rivero Muñiz, J. “Los prolegómenos del socialismo en Cuba”. Cuba Socialista. n. 7. La Habana. Mayo 1962. P. 77-90.

38.              “El, como otros revolucionarios demócratas de su época no alcanzó  a interpretar el socialismo científico de Carlos Marx (1818-1883), mientras que sí intento conjugar su ideología socialista con el pensamiento martiano, al realzar la participación del pueblo trabajador en la guerra anticolonial y en los fines de conseguir un sistema social más justo en la joven república” Toro, C, del. “Diego Vicente Tejera: vida y obra” en Tejera, D.V. Textos escogidos.  Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 1981. p. LIV..

39.              Véase: García Angulo.J. “Ricardo García Garófalo? Primer marxista de Cuba? .Vanguardia  Santa Clara. 10 de agosto de 1989.p. 2.

40.              Véase: Guadarrama, P: “El positivismo comtiano de Andrés  Poey"  en Islas. #72. l982. p.61-84; "El positivismo de  Enrique  José  Varona".en Islas. Revista de la UCLV. no.54. 1976. p 3-26; " La influencia del  positivismo  en  Emilio Bobadilla" (Coautor Omar George), en  Islas. #68. l981.p.117-136;  "La  huella del positivismo en  la  obra  de Fernando Ortíz", en Islas. #70.l981.p.37-70; "El ateísmo y el anticlericalismo de  Enrique José Varona", en Islas. #59.1978.p.164-182;"Die philosophische  Aufassung  Enrique  José Varonas  uber die gesellschafltiche Entwicklung", en    Referateblatt Philosophie. Reihe E. Berlín. 17 (1981) 2, Bl.15 (204). Guadarrama, P y Tussel, E. El pensamiento  filosófico de  Enrique José Varona. Editorial Ciencias Sociales. La  Habana. 1986; Guadarrama,  P.  "El positivismo  de  Manuel  Sanguily",  en Islas.#64.l979.p.155- 184;"Las ideas éticas de Varona".  Islas.no.54-55;"El papel de Enrique Piñeiro en la  introducción del positivismo en Cuba", en Islas. #65. l980. p.157-170; "Las  ideas  sociopolíticas  de  Varona",  en Islas.# 57.1977.p.51-110;"Significación  de la obra  de  Enrique  José Varona  en la filosofía cubana", en Siglo XIX. Revista de  Historia. Universidad Autónoma de Nuevo León. Monterrey-México. Año I. # 2. julio -diciembre 1986. p. 39-68.

41.              Rodríguez Ugidos, Z. Obras. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 1988. P. 133

42.              Véase: Rivero,D;. Rojas,I; Rensoli,L; Fleites,M y Guadarrama,P. “El positivismo y el materialismo científico natural en Latinoamérica”. En La filosofía México Siglo XX. I. Aproximaciones. Universidad Autónoma de Tlaxcala. 1988. P. 25-28.   

43.              Colectivo de autores dirigido por P. Guadarrama. “La filosofía latinoamericana de la liberación” en La filosofía en América Latina. Editorial El buho.Bogotá. 1993. P. 317.

44.              Véase: Guadarrama,P. “Humanismo y socialismo en la óptica del pensamiento marxista latinoamericano” Contracorriente. La Habana. Marzo. 1966. N. 3. P. 90-97.: “Cuatro actitudes de la izquierda latinoamericana ante la crisis del socialismo” en Alternativas de izquierda al neoliberalismo. H. Dilla, M. Monereo, J. Valdés Paz.(coordinadores). Fundación de Investigaciones Marxistas. Madrid. 1996.p. 57-70.

45.              Las memorias  de estos simposios han sido  publicadas en  la revista Islas, de la Universidad Central de las Villas.  Números 90, 92,96, 108 y 115.

46.              Véase: Memorias del Taller de Pensamiento Cubano. Historia y destino.  Universidad central de las Villas. 9-11 noviembre de 1994. Ediciones CREART. La Habana .1995.

47.              Entre algunas de las periodizaciones del pensamiento cubano y latinoamericano se encuentran: Gómez, C. Y Rodríguez,R. “Algunas consideraciones acerca de la periodización de la historia de la filosofía en Cuba”, Revista Cubana de Ciencias Sociales. La Habana., n. 13, enero-abril de 1887. P. 5-16: Monal, I. Las ideas en América Latina.. edición citada y Fung, T. y Guadarrama, P. “E l desarrollo del pensamiento filosófico en Cuba”.Islas. n. 87. . 1987. P. 34-47.

48.              Véase: Colectivo de autores. Pensar al Che. Centros de Estudios sobre América,. Editorial José Martí. La Habana . 1989.

49.              “En la historia universal  una filosofía ha sido original y auténtica cuando no ha planteado simplemente  ideas nueva, sino cuando estas se han correspondido con las exigencias históricas de su momento en los diferentes planos, esto es, sociopolítico, económico, ideológico, científico” Guadarrama. P. Valoraciones sobre el pensamiento filosófico cubano y latinoamericano. La Habana. Editora Política. 1985.

50.              Véase: Colectivo de Autores: Lecciones de filosofía marxista-leninista.  Editorial Félix Varela. La Habana. 1991.

51.              Marx,C. Contribución a la crítica de la economía política. .  Editora Política. La Habana. 1966. P. 13.

Pablo Guadarrama González (1949)

Académico Titular de la Academia de Ciencias de Cuba.

Doctor en Ciencias (Cuba) y Doctor en Filosofía (Leipzig). Profesor Titular  de la Cátedra de Pensamiento Latinoamericano de la Universidad Central de Las Villas. Santa Clara. Cuba. Autor de varios libros sobre teoría de la cultura y el pensamiento filosófico latinoamericano, así como numerosos artículos publicados en Cuba y en otros países. Ha dirigido varios proyectos de investigación y tesis doctorales en su país y en el exterior. Ponente en múltiples congresos internacionales. Ha impartido cursos de postgrado y conferencias en varias universidades latinoamericanas, de España, Estados Unidos, Rusia y Alemania. Ha obtenido varios premios y distinciones por su labor intelectual.