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El partidismo objetivo como principio rector de las investigaciones sociales en la cuba revolucionaria
Zaira Rodríguez Ugidos
Rodríguez Ugidos, Zaira. "El partidismo objetivo como principio rector de las investigaciones sociales en la cuba revolucionaria", Revista Cubana de Ciencias Sociales. La Habana. 1983. Nro. 1, 1. págs. ¿?

RESUMEN: se aborda el problema de la relación que se establece entre el conocimiento científico y los valores, entre la ciencia y el compromiso ideológico, en las ciencias sociales. Se hace un análisis del concepto leninista del partidismo objetivo como expresión del nexo dialéctico e interno entre ciencia y valor en las investigaciones sociales marxistas leninistas.


Uno de los problemas centrales del quehacer filosófico de toda época ha sido el concerniente a la relación entre la ciencia y el valor. Esta relación se hace evidente cuando analizamos la función social del conocimiento científico.

Si abordamos el estudio del conocimiento humano desde el punto de vista del papel que desempeña en el funcionamiento y desarrollo de la sociedad, la ciencia deviene un valor. Bajo esta perspectiva, el saber y las ideas humanas pueden ser valoradas y encauzadas por los distintos grupos, clases e instituciones sociales como una fuerza al servicio del hombre y el progreso social, como una amenaza que socava las bases del poder reaccionario y caduco o como una tendencia destructiva y enajenante, capaz de poner en peligro todas las conquistas culturales y hasta la propia vida de la humanidad. Insistiendo sobre esta idea V. I. Lenin escribió en su obra Marxismo y Revisionismo:

Un conocido aforismo dice que si los axiomas geométricos chocasen con los intereses de los hombres, seguramente habría quien los refutase. Las teorías de las ciencias naturales, que chocaban con los viejos prejuicios de la teología, provocaron y siguen provocando hasta hoy día a lucha más rabiosa... [1]

Especial importancia reviste el problema de la relación ciencia-valor en nuestro tiempo, pleno de acontecimientos históricos grandiosos, de transformaciones radicales en la vida de los pueblos, de aportes significativos en el desarrollo de la ciencia y de la técnica, que justifican el que consideremos nuestra época como la más revolucionaria en la historia de la humanidad. Nuestra época se caracteriza por la creciente importancia que cobra el conocimiento científico en la actividad práctica y valorativa de los hombres. La ciencia ha devenido una fuerza productiva directa , una fuerza material indiscutible, que influye de manera inmediata en la dirección y control de los procesos económicos, políticos e ideológicos. De este modo, el alcance de los descubrimientos e investigaciones científicas en cualquier rama del saber humano afectan cada día más de cerca el destino de la humanidad y del individuo. Por esta razón podemos plantear que la relación indisoluble entre ciencia y valor permea todas las direcciones de la actividad humana, y se constituye en problema obligado de reflexión, que no puede dejar indiferentes ni a filósofos, ni a ideólogos, ni a hombre ciencia.

De acuerdo con la filosofía marxista-leninista, la relación activa del hombre con el mundo circundante constituye una relación compleja y multifacética, en la que cabría diferenciar la actividad práctico-material, la actividad teórico-cognoscitiva y la actividad ideológico-valorativa. Estas tres direcciones de la actividad subjetiva se hallan en un creciente proceso de interpenetración y de interdependencia. Sin embargo, la solución dialéctico-materialista al problema fundamental de la filosofía permite a la teoría marxista-leninista abordar científica y consecuentemente el problema del nexo multidimensional del hombre con el mundo, al establecer que la actividad práctico-transformadora de los hombres conforma el núcleo y fundamento de toda la actividad social, y condiciona, de esta manera, tanto la actividad cognoscitiva como la valorativa. En este sentido, la filosofía marxista leninista se enfrenta a algunas tendencias del pensamiento burgués contemporáneo, que al divorciar y oponer ciencia y valor, teoría y práctica, conocimiento objetivo y partidismo, conducen inevitablemente al irracionalismo y al relativismo, a un pretendido neutralismo ideológico, al ideologismo o al cientificismo, propios de algunas filosofías como el pragmatismo, el existencialismo, la filosofía analítica y la filosofía religiosa actual.

Es por eso que el planteamiento correcto y la solución acertada del problema de la relación ciencia-valor, conocimiento objetivo y partidismo, constituyen en la actualidad un requisito previo para el análisis del desarrollo del conocimiento científico y de sus efectos práctico-sociales. No es casual que hoy en día surjan a cada paso ante el filósofo y ante el hombre de ciencia las siguientes interrogantes: ¿qué es el valor?; ¿en qué relación se encuentra el valor con el proceso rigurosamente objetivo del saber científico?; ¿es posible aspirar en el terreno de las ciencias sociales y filosóficas, permeadas indiscutiblemente por las formas valorativas de la conciencia, a un conocimiento objetivo al estilo de las ciencias naturales?; ¿o acaso, el compromiso ideológico empaña en sus propias raíces al conocimiento de los fenómenos sociales, e impiden su cientificidad?

Ahora bien, si el problema de la influencia del valor en la ciencia salta a la vista cuando nos detenemos en el análisis de la función social de la ciencia en general, en el campo de las investigaciones sociales los problemas valorativos del conocimiento científico se hacen sentir desde el mismo momento de la elaboración de las verdades científicas, y no hay que esperar al análisis de sus resultados prácticos o de sus interpretaciones filosóficas. A diferencia de las ciencias naturales, técnicas o matemáticas, en la que los aspectos valorativo-ideológicos sólo afloran una vez obtenido el conocimiento o realizado el descubrimiento, esto es, en el proceso de su interpretación teórico filosófica o de su aplicación práctica; en las ciencias sociales valor y conocimiento van unidos desde el inicio mismo de la investigación, y condiciona de modo determinante la obtención de las verdades científicas. Estos permite afirmar, sin lugar a dudas, que la naturaleza delas verdades científicas y el carácter del proceso de investigación de las ciencias sociales son más complejas que los de las ciencias naturales.

Muchos son los factores que determinan la especificidad y complejidad del conocimiento científico-social. En primer lugar, al abordar el estudio de los fenómenos y procesos sociales es necesario tener en cuenta que son los hombres mismos quienes hacen y crean su historia, y se constituyen a la vez, como diría Marx, en actores y autores de su drama histórico-universal. Esto implica que la naturaleza de las leyes sociales sea más compleja que la de las leyes naturales, si advertimos que el tejido objetivo de las regularidades sociales es el resultado del entrelazamiento de los hilos subjetivos de la actividad humana, que responde a móviles ideológico-clasistas y a motivaciones individuales diversas.

En segundo lugar, el carácter cambiante de los fenómenos sociales influye en su conocimiento, ya que los procesos y acontecimientos analizados se tornan rápidamente en historia, como es sabido, se halla bajo la huella del presente. La teorización sobre el pasado se realiza y se valora a través de la luz del presente. De este modo, el carácter relativo del conocimiento de los fenómenos sociales, responde al carácter temporal histórico-concreto y transitorio de los nexos y efectos sociales, lo que a su vez condiciona su valoración diferente para épocas, clases y naciones diversas. Por esta razón, es necesario eludir en las investigaciones sociales no sólo el esquematismo, sino, también, el relativismo, el nacionalismo y localismo estrechos o el “presentismo”, a veces inherentes a algunas teorías sociológicas burguesas contemporáneas.

En tercer lugar, otra especificidad del conocimiento de los procesos socio-históricos estriba en que el resultado del desarrollo histórico adquiere ante muchos investigadores la simplicidad de una formación natural, y única posible, de la vida social. En El Capital, Carlos Marx, insistía en que el conocimiento científico de ciertas formas sociales toma el camino contrario de su desarrollo social. Este conocimiento comienza post-festum, esto es, comienza por resultados ya dados de un proceso en desarrollo, de ahí el valor que el marxismo otorga al principio del historicismo. Una premisa necesaria para la investigación científica de los fenómenos sociales, como procesos históricos, es la madurez requerida del objeto de investigación. Así, la construcción teórica madura, libre de objetivismo y de utopías, sólo es posible a partir de un determinado nivel de desarrollo del objeto investigado y de la historia de la teoría del objeto. De modo tal, que la historia del objeto determina la historia de la teoría del objeto y éstas, a su vez, constituyen la condición indispensable de una construcción teórica madura.

En cuarto lugar, las limitaciones históricas del conocimiento sobre los fenómenos sociales son mayores y tienen más peso que en el conocimiento de los fenómenos naturales. Las ciencias sociales estudian regiones como la economía, la política, la moral, la religión, el arte, etc., vinculadas estrechamente con los intereses de clase. Las proposiciones de las ciencias sociales llevan ineludiblemente la huella de los juicios valorativos; ya que al conocer el hecho social el científico se pronuncia afirmativa o negativamente, justificativa o críticamente acerca de ciertas estructuras sociales, y ello responde simultáneamente al conocimiento y a la valoración ideológica. De modo tal, que no puede haber ciencia social “sin partido”, independientemente de que ello sea reconocido o no por el investigador. Las posiciones y relaciones de clase en cada época histórica influyen en gran medida en el avance del conocimiento de los fenómenos sociales. De ahí, la importancia del principio del partidismo consciente en las ciencias sociales, como condición, y no como obstáculo del principio del análisis objetivo.

En quinto y último lugar, es necesario destacar que la relación entre lo general y lo singular presenta una mayor complejidad en la esfera de los fenómenos sociales que en la de los fenómenos naturales. Las teorías sociales se refieren a acontecimientos, procesos y situaciones particulares, en ocasiones irrepetibles. Pero su tarea no pude reducirse a describir estos hechos singulares, sino a explicarlos, a interpretarlos, a partir de leyes y regularidades generales, a partir de conceptos teóricos. En ello radica la importancia de establecer diversos niveles de generalidad de las leyes sociales. El valor metodológico de la tipología de las leyes sociales responde además, al hecho de que los acontecimiento y procesos sociales poseen múltiples planos, es decir, son el resultado de causas diversas que actúan no aisladamente sino en sistema. Quiere esto decir que el principio dela objetividad de las investigaciones sociales debe ir aparejado no solo al principio del historicismo y al principio del partidismo consciente, sino, además, al principio del análisis multilateral y sistemático. El análisis marxista de los procesos sociales dista mucho del reduccionismo economista y del esquematismo, y se caracteriza por su dinamismo y creatividad.

La observación de todos estos principios elaborados por la concepción materialista de la historia permitió que las teorías sociales e históricas se elevaran al rango de teorías científicas y con ello, que se superara su carácter especulativo, subjetivista, utópico o apologético, y se garantizase su objetividad rigurosa. Por otra parte, la metodología elaborada por el materialismo histórico constituye un arma crítico-revolucionaria, el fundamento teórico-científico indispensable de la práctica transformadora y revolucionaria. La concepción materialista de la historia permite al investigador superar la tendencia a analizar los motivos y causas ideales de la actividad histórico-social de los hombres, sin adentrarse en el conocimiento de las condiciones y leyes objetivas que determinan esos móviles y motivaciones ideales; eliminar el carácter descriptivo y empírico de las teorías sociales, así como la exclusión de la acción de las masas populares como sujeto de las transformaciones sociales.

Finalmente, es imprescindible insistir en la especificidad del principio del partidismo objetivo proclamado por el marxismo-leninismo, a diferencia de la concepción puramente valorativa de la axiología idealista contemporánea se caracteriza por negar la posibilidad de un conocimiento objetivo sobre los fenómenos sociales y por la apología de los valores ideológico-políticos y culturales de la sociedad burguesa contemporánea. Al establecer la categoría de valor, en el centro de las investigaciones sociales y brindar un análisis teórico-normativo del valor, opuesto al conocimiento científico, la axiología idealista contemporánea no pude ofrecer más que una interpretación idealista de los fenómenos históricos y culturales. Así, la tarea de las investigaciones sociales se centra en definir sus normas y no sus leyes objetivas. Por su parte, el marxismo, al partir del principio monista materialista de la determinación de la conciencia social por el ser social y al reconocer el proceso de concientización social como proceso progresivo de elevación de la conciencia social del nivel pre-científico al científico, presupone la “superación” de las formas valorativas de la conciencia incluso en el pensamiento individual. Sin embargo, esta “superación” no significa en modo alguno la eliminación de los fenómenos valorativos como tales, sino sólo la salida de los límites estrechos de la orientación valorativa exclusiva, tanto en el plano de la práctica social como en el de la teoría social. Esto permite al marxismo descubrir científicamente el contenido histórico social de los valores objetivos y de las representaciones valorativas de la conciencia humana. Al subrayar de esta manera la naturaleza social específica de los valores, la teoría marxista busca detrás de todo valor la actividad práctico-social y práctico-material que lo engendra. El punto de partida de la axiología idealista contemporánea consiste en el divorcio entre el mundo de los valores y el mundo de la ciencia, entre el ser y el deber ser y, por lo tanto, se opone a la posibilidad de un conocimiento científico de los fenómenos sociales y de los procesos normativos y valorativos de la conciencia y por ende, al partidismo objetivo, postulado central de las ciencias sociales marxistas. La fundamentación filosófica de la “imposibilidad” de un partidismo objetivo opera ineludiblemente sobre la ruptura dualista entre objeto y sujeto, necesidad y libertad, lo racional y lo creador, la ciencia y el valor, la actividad social y los valores. Este dualismo, a la vez divide al sujeto en gnoseológico y valorativo, y establece al estilo kantiano una ruptura en la capacidad espiritual del hombre entre la actividad cognoscitiva y la actividad valorativa, como procesos incompatibles entre sí. Todo esto conduce al conformismo, a la aceptación acrítica de las noemas de la sociedad burguesa y limita la investigación social a funciones puramente justificativas. Por lo tanto, la primera condición del partidismo objetivo es el monismo filosófico.

Si la primera condición del partidismo es el monismo filosófico, la segunda consiste en la unidad de la teoría con la práctica. Así, el principio del partidismo marxista se formuló cuando surgió la tarea histórica mundial de la transformación comunista del mundo; y esta tarea sólo pudo haber sido descubierta y llevada a la práctica por vía puramente científica. Pero, el principio del partidismo no significa el reflejo pasivo de una cierta dialéctica fatal, sino que implica, precisamente, el reconocimiento de que las leyes de la historia son leyes de la actividad práctico-material humana. Sólo a condición de reconocer que el hombre social es el creador de la historia de sí mismo, puede fundirse el criticismo de la teoría con el criticismo de la práctica.

Así la teoría será verdadera al explicar el mundo, sólo por el hecho de que abre el camino hacia su transformación revolucionaria. El dogmatismo y el subjetivismo, el ideologismo falso, amenazan a todo pensamiento, hasta tanto éste no tome en calidad de propio presupuesto suyo el proceso de cambio que coincide con la necesidad del cambio de sí mismo. Así, el partidismo marxista no es otra cosa que la dialéctica de acción, dialéctica que no se somete a nada y que por sí misma es crítica y revolucionaria.

Plantear que el partidismo marxista constituye un partidismo objetivo significa, por un lado rechazar la ilusión del neutralismo, del supra-partidismo u objetivismo sin partido –como expresión de la limitación y estrechez ideológico burguesa; y por otro lado, significa el enfrentamiento al partidismo subjetivo. La ilusión del supra-partidismo en las investigaciones sociales tiene su raíz en el hecho de que toda nueva clase, bajo las condiciones de una sociedad clasista, debe representar su interés general y dar a su pensamiento y valores la forma de universalidad. La pretensión y la práctica de un objetivismo neutralista en ciencias sociales conduce indefectiblemente a un partidismo de naturaleza inferior: aun partidismo no científico, esto es, a un “partidismo de la opinión”. Al criticar el objetivismo como la limitación burguesa, Lenin demostró que la teoría marxista realiza una investigación más profunda, que por si misma conduce al partidismo. El marxismo no introduce esquemas ya hechos y tomados fuera de la ciencia, sino que toma sus puntos de vista en la ciencia y dentro de ella los determina.

Es necesario, entonces, distinguir, por su génesis y sus mecanismos de acción, al partidismo subjetivo, combatido por Lenin, del partidismo objetivo. El partidismo subjetivo consiste en incorporar las ciencias sociales desde fuera, presupuestos ideológicos ya elaborados ye que hacen descender la teoría científica a simple instrumento al servicio de fuerzas e instituciones políticas, jurídicas o religiosas. Si el partidismo subjetivo carece de principios e intenta conducir la investigación científica a determinado punto de vista que no emana de la propia ciencia, el partidismo objetivo significa la solución de los problemas científicos a partir del análisis científico mismo. Siguiendo las ideas de Marx y de Engels, Lenin desarrollo el principio del partidismo cuando se enfrenta al subjetivismo y al objetivismo, a las concepciones “sin partido” de la filosofía. Al criticar “el método subjetivo” en la sociología de los populistas, el subjetivismo gnoseológico y el partidismo subjetivista del “materialismo primitivo”, así como la estrechez subjetivista del “proletkult”, Lenin demuestra que el marxismo no une lo revolucionario a lo científico desde fuera, sino que lo funde en la propia teoría desde dentro internamente.

La argumentación de esta relación interna y no externa de ciencia (objetividad) en el marxismo, se encuentra en que la necesidad histórica no se concibe de modo “objetivista” y fatalista, como tendencia inalcanzable, donde la historia es dictadura fatal y el hombre simple instrumento de ella. Por eso es tan importante establecer qué clase determina esa necesidad. Así, la comprensión de la realidad social como resultado de la actividad humana permite unir no de modo ecléctico el objetivismo y el subjetivismo sumando factores, sino que hace posible ofrecer una deducción monista del partidismo. No se trata entonces de ciencia mas partidismo sino de “ ciencia partidista”.

Por esta razón, el principio del partidismo conjuga el principio de la objetividad. La tarea superior es la verdad y ello obliga al marxista a llevar una línea rigurosamente científica hasta en política. Por eso en la tesis del Primer Congreso del PCC “Sobre los estudios del marxismo-leninismo en nuestro país”, se señala que el fin, el propósito y el contenido de trabajo del investigador marxista-leninista consiste entre otras cosas en “adelantar los resultados de su estudio al criterio oficial para servirle de apoyo y base orientadora o presentarlos a posteriori del establecimiento del criterio oficial para ofrecerle sustentación teórica a éste o para aportar juicios, argumentos y conclusiones que pudieran contribuir a modificaciones o rectificaciones necesarias.

El único criterio rector que debe guiar la actividad del investigador marxista-leninista es el de la búsqueda y el encuentro de la verdad objetiva, de la esencia y las leyes del problema objeto de estudio. [2]

El principio del partidismo objetivo es principio del materialismo combativo, que se opone a toda desviación del pensamiento científico, a todo dogmatismo o dogmatización de una u otra tendencia. “No puede haber dogmatismo allí donde el criterio supremo y único de la doctrina es la conformidad de ésta con el proceso real del desarrollo socio-económico”, [3] señala Lenin. Sólo la incansable investigación científica, sólo la solución de nuevos problemas hace que el partidismo coincida con la objetividad. La exigencia correcta de concordar con los principios de la concepción marxista-leninista del mundo, porque se trata de principios verdaderos, el subjetivismo la modifica por un requisito dogmático: exigencia de concordar con estos principios y punto. Así las verdades científicas se mueren y se tornan textos canonizados. De modo que la exigencia del partidismo objetivo es no sólo la fidelidad a los principios sino la fidelidad de los principios. Y los principios son verdaderos sólo cuando se les prueba, rectifica y renueva en el curso o proceso de la transformación crítica y revolucionaria de la realidad.

Por eso, el partidismo marxista es el partidismo de la ciencia materialista, de la razón dialéctica contra toda ideología anticientífica, contra las fuerzas oscuras que amenazan el progreso de a cultura, contra la reacción y la barbarie; contra la enajenación y la explotación; es el partidismo de la paz y de la solidaridad contra los antagonismos y la guerra; es, en fin, el partidismo del futuro comunista de la historia contra su pasado clasista y explotador.


THE PRINCIPLE OF OBJETIVE PARTISANSHIP AS THE LEADING PRINCIPLE FOR SOCIAL RESEARCH IN THE REVOLTIONARY CUBA.
ABSTRACT. This work approaches the problem of the relationship that is established between scientific knowledge and values, between science and ideological compromise, in social sciences. It provides and analysis of the Marxist concept of objective partisanship as an expression of the internal and dialectic link between science and value in Marxist-Leninist social research. presentation which is to characterize the writer’s further works.

REFERENCIAS

[1] LENIN V. I. (1976): Obras escogidas (12 tomos). Edit. Progreso, Moscú t. 3, p. 298

[2] PARTIDO COMUNISTA DE CUBA (1976): Tesis y resoluciones. En Memorias. Primer Congreso del PCC, Ed. DOR-CC del PCC, La Habana, t. 2, p. 283

[3] LENIN, V. I. (1975): Quiénes son los “amigos del pueblo” y cómo luchan contra los socialdemócratas. En Obras escogidas, Edit. Progreso, Moscú, t. 1, p. 182